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viernes, 10 de abril de 2026

La nota completa de Joaquín Morales Solá que enloqueció a Milei



✍️| *Joaquín Morales Solá*

Nunca hubo presidente, como sucede con *Javier Milei, arropado por un grupo numeroso de periodistas muy cercanos a él y tan diseminados en varios medios*. Cristina Kirchner tenía sus fanáticos en la prensa (y fue la creadora intelectual de la grieta dentro del periodismo), pero estaban encapsulados en dos o tres empresas periodísticas. *Nunca hubo un presidente tan agresivo verbalmente con la prensa como lo es Milei*. Néstor y Cristina Kirchner fueron también alegres guerreros contra el periodismo, pero lo hacían de otra manera −tal vez peor−: *usaban los servicios de inteligencia para cambiar la historia de los medios, los editores y los periodistas que no les agradaban*, siempre en nombre, claro está, de los derechos humanos. En los últimos días, el actual presidente se regodeó insultando a periodistas que habían escrito o dicho algo que le cayó mal. Según una investigación del periodista Martín Rodríguez Yebra publicada en LA NACION, el Presidente y sus satélites en las redes despacharon cerca de 1000 mensajes cargados de agravios y ofensas contra el periodismo en general o contra periodistas en particular durante los días de Semana Santa.

Es contradictorio que Milei se presente como un hombre religioso cuando usa unos de los días más importantes del cristianismo para agredir, denigrar y ofender a un grupo humano. Ningún Evangelio lo autoriza a cometer semejante sacrilegio. La nueva estación de su combate perpetuo contra la prensa sucedió contemporáneamente con la publicación del periodista Hugo Alconada Mon en LA NACION sobre una información encontrada por un consorcio internacional de periodistas de investigación. Esa investigación daba cuenta de la existencia de una red de agentes rusos, llamada “La Compañía”, que promovía en la Argentina *una campaña de desinformación y de descrédito del gobierno de Milei*. El representante argentino de ese consorcio es el periodista Santiago O’Donnell, que es editor del diario Página 12, un medio que no simpatiza con el gobierno libertario.

El propio Alconada Mon reveló también que el entonces vocero presidencial, *Manuel Adorni*, actual jefe de Gabinete, *ya había informado públicamente en junio de 2025 que la SIDE detectó a ese grupo de agentes rusos*; Adorni lo llamó por su nombre: La Compañía. En *septiembre de ese mismo año*, la entonces ministra de Seguridad, *Patricia Bullrich, denunció que existían en el país espías rusos que trabajaban contra Milei*; las declaraciones de la actual senadora provocaron que el autoritario gobierno de Putin llamara al embajador argentino en Moscú para protestar formalmente.

Putin es Putin, y nada que venga de su lado puede sorprender. Que su servicio de inteligencia opera en el exterior es una de las certezas más difundida en el mundo. Llegó a extremos inéditos en el escenario internacional. La justicia norteamericana investigó si *Putin lo ayudó a Donald Trump a ganar su primera elección presidencial*, en noviembre de 2016, y también lo acusaron de haber influido en el resultado del referéndum británico para que se concretara lo que se conoció como el *Brexit*, la salida de Gran Bretaña de la Unión Europea. Putin atravesó otras líneas: ordenó el asesinato en el extranjero (también en el interior de Rusia) de disidentes, según reiteradas denuncias de organizaciones no gubernamentales que se ocupan de defender los derechos humanos del maltratado pueblo ruso.

Es probable que el dictador ruso haya pataleado en Moscú por la adhesión incondicional de Milei a Trump y por la decisión acertada del presidente argentino de colocarse al lado de Ucrania en la guerra inconclusa entre este país y Rusia. Pero nada de todo eso autoriza a Milei a zamarrear otra vez al periodismo argentino en general. *Resulta imposible imaginar a un liberal (él se define como un liberal-libertario) desconociendo la importancia que la prensa libre tiene en un sistema democrático*. ¿Qué significa el eslogan “Viva la libertad, carajo” cuando no se respeta la libertad del periodismo? *Solo un eslogan, presuntuoso y vacío. Nada más*.

Junto con la información sobre esa red de espionaje extranjero se conoció la lista de medios que habrían publicado artículos pagados desde Moscú. Ninguno es relevante ni tampoco figuran en tal listado los grandes medios argentinos: LA NACION, Clarín y Perfil, por ejemplo. Milei ordenó al día siguiente que le prohibieran la entrada a la Casa de Gobierno a los periodistas acreditados de los medios que están en la lista rusa; castigó al voleo, aunque cayeran también los inocentes. De hecho, no se conocen hasta ahora los nombres de los periodistas de esos medios que habrían servido a la campaña de Putin. Las investigaciones llegaron solo a los nombres supuestos de algunos firmantes de artículos, que eran meros seudónimos.

*En medio de tantas relatividades, el jefe del Estado dedicó el fin de semana largo a vapulear a medios y periodistas que ni siquiera trabajan en las empresas que constan, presuntamente, en el inventario del espionaje*. Una de ellas fue la periodista de LN+ Laura Di Marco, a la que Milei llamó “roñosa operadora”. ¿Dónde están las organizaciones que defienden al feminismo cuando el Presidente ofende tan groseramente a una mujer? No se trata solo de una mujer ofendida. ¿*Dónde están ahora Patricia Bullrich, Silvana Giudici o Alejandro Fargosi, actuales mileístas que decían estar dispuestos a entregar al vida para defender al periodismo cuando este era agredido por el kirchnerismo*? ¿O acaso llegaron al disparate de pensar que estaba muy mal que los Kirchner maltrataran al periodismo y que está muy bien que Milei ataque a ese mismo periodismo? ¿O en aquella época tenían unos principios y ahora tienen otros, porque los de entonces no le gustan a Milei? Inmortal Groucho Marx.

*Milei es consciente de sus derechos, pero no de sus obligaciones*. Ha publicado sus artículos en LA NACION y en Clarín, por ejemplo, pero no hizo excepciones con esos diarios cuando trató de la peor forma al periodismo. Todos están en deuda con él. ¿*O se trata de otro caso de resentimiento en el penacho del poder*? Si fuera así, deberíamos concluir que es la sociedad argentina la que prefiere a los resentidos. Por otro lado, es común escuchar que el jefe del Estado no hace más que ejercer su libertad de expresión cuando aporrea al periodismo, la misma libertad, dicen, que tiene este. No es así, lamentablemente para él. El mundo *civilizado llegó hace mucho a la conclusión de que un funcionario público no tiene los mismos derechos que un ciudadano común*. Tampoco un funcionario del Estado, mucho más el presidente de la Nación, cuenta con el mismo margen de libertad de expresión que el que tiene la gente común, y el periodismo −por qué no−.

Un periodista escribe o habla en el medio que trabaja y la repercusión de lo que dice se encierra entre los lectores o en la audiencia audiovisual del medio donde se desempeña, salvo, desde ya, que haya revelado un monumental escándalo, no farandulero desde ya. En cambio, la palabra del Presidente (también sus tuit) tiene una profunda y amplia repercusión en todos los medios periodísticos. *Ese intenso eco puede amedrentar y provocar la autocensura del periodismo y de los ciudadanos*. En síntesis, los excesos en el uso de la libertad de expresión por parte del Presidente pueden terminar lesionando la libertad de expresión. ¿*Querrá Milei pasar a la historia como el Presidente que en nombre de la libertad de sus ideas dañó la libertad de los argentinos*?

Es fácil advertir otra rareza. *Milei se remite a los resultados de las investigaciones judiciales cuando las denuncian asedian a sus funcionarios más cercanos, pero no duda en llamar delincuentes, ensobrados o pauteros a cualquier periodista que no integre su séquito periodístico*. Es hora también de pedirles a los periodistas que militan en la causa del Presidente o que son sus amigos que le pregunten −y le repregunten− sobre sus ofensas al periodismo cuando lo entrevistan. Ellos son los únicos que acceden a la palabra presidencial.

Existe corrupción en el periodismo, como existió siempre. Desmentir eso sería ignorar lo que sucede al lado de cualquier periodista, bueno o malo; significaría también inclinarse hacia una defensa corporativa que nos igualaría a todos en el mismo nivel. *Pero no es el jefe del Estado, cercado él mismo por denuncias de corrupción contra sus funcionarios más allegados (y algunas contra el propio Presidente) quien debe señalar cuáles periodistas son deshonestos y cuáles son honestos*. *Estamos, además, ante la extraña casualidad de que siempre los deshonestos son los periodistas independientes, y los honestos son los que lo frecuentan a él*. De igual forma, el periodismo argentino independiente ha contribuido notablemente a investigar y esclarecer la corrupción de los políticos en la conducción del Estado. Es el periodismo que el país y la democracia necesitan.

Ya Daniel Santoro reveló en Clarín en los años 90 el contrabando de armas a Ecuador y Croacia, que terminó con el expresidente Carlos Menem en prisión. Alconada Mon puso un haz de luz sobre el lavado de dinero de los Kirchner en sus hoteles de Santa Cruz, que extrañamente no llego hasta ahora al juicio oral y público. Siempre está por empezar. El mismo Alconada Mon descubrió que los empresarios Cristóbal López y Fabián De Souza defraudaron al Estado cuando se quedaron con la recaudación de los impuestos a los combustibles en sus estaciones de servicio. Los periodistas Diego Cabot, Alconada Mon, de LA NACION, y Nicolás Wiñazky, de Clarín, investigaron y revelaron mucha información sobre los manejos corruptos de los recursos de Vialidad, que tienen hoy presa en su casa a Cristina Kirchner. Cabot realizó la enorme pesquisa sobre los cuadernos del chofer Oscar Centeno, que dejaron constancia del permanente trasiego de sobornos en la cima del poder en la época del kirchnerismo. Y el prematuramente fallecido Jorge Lanata lideró investigaciones periodísticas desde el Swiftgate en la época de Menem hasta el lavado de dinero de los Kirchner en la llamada causa de “La ruta del dinero K” y las corruptas artimañas de Leonardo Fariña también con el dinero de los Kirchner. Alconada Mon destapó hace poco el escándalo de la criptomoneda $LIBRA, que complica a los hermanos Milei, tanto al Presidente como a su no menos poderosa hermana. Ningún gobierno se salvó, como es fácil advertir, de la curiosidad del periodismo honesto, que constituye la mayoría del periodismo.

“No odiamos lo suficiente a los periodistas” es una frase repetida y extraña, porque *Milei es un producto de dos factores: del fracaso de todo lo anterior y del periodismo, sobre todo del audiovisual, que lo convirtió en una figura popular cuando no era nadie*. Odiar es una emoción que no puede albergar ninguna persona con cierta sensibilidad política y moral. *Se puede estar en desacuerdo o se puede sentir antipatía por una persona o por un grupo de personas, pero odiar a una comunidad humana solo por lo que es significa el triunfo del fanatismo y el delirio.*

https://www.lanacion.com.ar/politica/el-intenso-odio-de-milei-al-periodismo-nid07042026/

jueves, 12 de marzo de 2026

Joaquín Morales Solá en La Nación: "Milei confunde el afuera con el adentro"

 

✍️| *Joaquín Morales Solá*

La contradicción es lo único previsible en el gobierno de Javier Milei. *Ningún organismo de la administración pudo precisar cuánto dinero del Estado se gastó en la organización de la Argentina Week en Nueva York*, con el objetivo explícito de seducir a los inversores extranjeros. Pero hubo gastos, aunque más no fuere para pagar el traslado de la delegación argentina a la capital financiera de los Estados Unidos, encabezada por el Presidente. Fue una *buena idea del embajador argentino en Washington, Alec Oxenford*, pero otra vez perdieron la oportunidad.

*Milei volvió a insultar y maltratar a dos empresarios argentinos*, sobre todo al industrial más importante del país: el CEO de Techint, *Paolo Rocca*. También lo hizo con el exdueño de Fate, *Javier Madanes*, quien cerró hace poco su fábrica de neumáticos, pero este es un caso aparte. Calificó a los dos de “empresarios prebendarios”. ¿Con qué pruebas? ¿Qué información respaldaba ese manoseo público a destacados hombres de negocios argentinos delante de empinados banqueros internacionales? ¿Por qué lo hizo cuando su *intención era seducir, no espantar*? El propio gobernador de Mendoza, el radical Alfredo Cornejo, separó a Rocca de Madanes cuando contó que los mendocinos van a Chile a comprar neumáticos porque les resultan mucho más baratos que aquí.


Cornejo está en Nueva York y fue testigo de todo lo que pasó. De cualquier *forma, no era el lugar ni el momento para aporrear a empresarios*; el evento se realizaba en la sede central de uno de los bancos más importantes del mundo: el J.P. Morgan, genéticamente respetuoso de los empresarios, sus clientes. ¿Cómo seducir a inversores extranjeros al mismo tiempo que se ofende al principal empresario argentino, Rocca, quien ya repitió varias veces que invirtió miles de millones de dólares en el país en los últimos años? ¿*Cómo, si el mismo día la revista Forbes informó que Rocca es el hombre más rico de la Argentina, el que más capacidad tiene, por lo tanto, de invertir*?

En caso de desacuerdo con un hombre de negocios de ese porte, cualquier gobierno sensato hubiera llamado al empresario para establecer en reserva cómo resolver el diferendo. Un banquero importante, que estaba en Nueva York, hizo la mejor síntesis de lo que sucedió ayer en esa ciudad para estupor de muchos: “*Fue un discurso 100 % local; hubiera pensado algo más para afuera que para adentro*”. Es decir: fue un discurso en el habitual estilo demagógico de Milei, quien suele buscar el aplauso inmediato antes de exponer, de una buena vez, cuál es su proyecto de país a más largo plazo.

Pero Rocca es un empresario (su compañía es una multinacional con más de 70.000 empleados en todo el mundo) que cuenta con la adhesión de la mayoría del empresariado nacional. Las principales organizaciones empresariales salieron en días recientes a reprocharle a Milei sus ataques a Rocca. Debe reconocerse también que, a pesar de todo, Milei cuenta con la simpatía incondicional de algunos empresarios, diga lo que diga. Uno de ellos es Martín Varsavsky, un argentino que vive hace muchos años en España y que ayer estuvo elogiándolo en Nueva York. Varsavsky no hizo ninguna referencia a los agravios que Milei le dedicó a Rocca.

Más allá de las iridiscencias neoyorquinas, la evaluación de la economía comienza a ser un problema serio para un mayoría de los argentinos. El economista Enrique Szewach resume la realidad actual de esta manera: “Es probable que se haya frenado la caída de la economía, pero la recuperación será lenta y módica. Es lo que tenemos. No esperemos más”, dice. ¿*Alcanza cuando se hace política y cuando se está pensando en renovar el mandato presidencial el próximo año*? ¿Alcanza, cuando Milei habla de ganar una batalla cultural, que es más amplia y profunda que una política?


No todo tiene que ver con todo, al revés de lo que asegura la encartada de San José 1111. Pero no puede ser casual que semejantes atropellos sucedan cuando *las encuestas empiezan a detectar una caída en la percepción de la economía por parte de una mayoría social.* Una medición reciente de D’Alessio-Berensztein informó que, según su última encuesta, la buena opinión sobre la situación económica cayó cinco puntos en el último mes y que un 61% de los argentinos considera que la situación está peor que el año pasado. Los nuevos decepcionados incluyen hasta votantes de La Libertad Avanza, porque hubo un declive del 6 % en el optimismo de los que votaron a Milei. También decrecieron las expectativas sobre el próximo año: un 55 por ciento de la sociedad cree que la economía estará peor en 2027. *Hay algo más comprobable para los encuestados: un 65 % de los encuestados considera que su economía personal está peor que el año pasado. La opinión sobre el gobierno de Milei cayó un 3 por ciento en el último mes: un 42 % lo evalúa positivamente frente a un 56 que tiene una opinión negativa*.

En síntesis, casi todos los números del Presidente volvieron a estar como estaban en octubre del año pasado, antes de las elecciones legislativas que ganó el último domingo de ese mes, y después de la derrota en la provincia de Buenos Aires a manos del peronismo un mes antes, en septiembre. Cuatro de los principales temas de preocupación de la gente común pasan por cuestiones económicas (incertidumbre por la situación económica, sin propuesta para el crecimiento, inflación y los ajustes que está haciendo el gobierno) y solo uno, la inseguridad, que ocupa el segundo lugar, no tiene relación con la economía. Patricia Bullrich es la figura política mejor evaluada por la sociedad, pero solo con el 41 % de opiniones positivas; la sigue el propio Milei, con un 40 %. *No son números para pavonearse en el espacio político cuando el Gobierno no tiene a nadie enfrente*. *Una novedad de esta encuesta es que Mauricio Macri registró una recuperación de la valorización social*: tiene un 35 % de imagen positiva, a solo seis puntos de quien tiene la más alta, y se ubicó entre los cinco dirigentes políticos con mejor imagen.


Otra encuesta, *la del Observatorio Social de la Universidad Católica concluyó en los últimos días que seis de cada diez trabajadores en blanco (¡cómo será los que están en negro!) deben saltear una comida por día por problemas económicos*. Las mujeres y los jóvenes son los más afectados. Este informe señala que no solo bajó la cantidad de comida consumida por día para ese 60 % de argentinos, sino también la calidad de los alimentos, porque compran “menos capacidad nutritiva”. Es una comida más barata, desde ya. *El cuadro se completa con un informe de la propia ARCA*(antes la Afip) *que hizo pública una caída por séptimo mes consecutivo de la recaudación impositiva*. Solo en el último mes de febrero cayó un 9,7 por ciento. Significa una caída de la actividad económica. Esa noticia hubiera provocado un terremoto económico y político en cualquier economía desarrollada del mundo. Los argentinos estamos, en cambio, acostumbrados a respirar bajo el agua.

El problema fundamental del país es que los gobiernos que toman decisiones correctas cometen errores, y después los argentinos vuelven a probar una receta del más rancio populismo. *Macri se arrepintió luego del “gradualismo” que eligió para aplicar un ajuste necesario en la economía cuando asumió en 2015*. Es cierto que entonces la sociedad tampoco estaba preparada para un fuerte ajuste de la cuentas públicas, como lo hizo Milei ocho años después. ¿*Se arrepentirá más tarde Milei de sus desmanes verbales de ahora, dentro y fuera del país? ¿No será tarde entonces? Milei es un economista profesional que, a veces, desconoce la ley de la gravedad en la praxis política*. Cuando una mayoría de sus conciudadanos está pasando un mal momento, entonces es la hora en que estos deben verlo al jefe del Estado preocupado por resolver los problemas comunes, pero esenciales de la sociedad. Difícilmente a esa mayoría de argentinos le importe sus peleas con Rocca y Madanes o la guerra civil declarada dentro del gobierno por su hermana Karina.

*Tampoco conoce las sutilezas de las palabras en la política exterior. “Vamos a ganar*” la guerra, dijo el lunes en una universidad de Nueva York, cuando aludió al grave conflicto bélico descerrajado por Estados Unidos e Israel contra el Irán de los fanáticos ayatollahs. Una cosa es comprender las razones de una guerra; en este caso, la necesidad universal de terminar con el potencial poder nuclear de una nación conducida por una teocracia que financió e ideó atentados terroristas en el mundo, dos de ellos, de enorme magnitud criminal, en la Argentina. De hecho, el diplomático argentino *Rafael Grossi*, la máxima autoridad de la Organización Internacional de Energía Atómica, acaba de asegurar que Irán tiene todavía uranio para fabricar diez armas nucleares. Grossi advirtió que ese poder sigue intacto, a pesar de los intensos ataques de los últimos días por parte de Estados Unidos e Israel. Se trata de comprender un problema; otra cosa es participar de una guerra, y el “*vamos a ganar*” *señala una participación activa en el conflicto bélico. Ningún argentino fue notificado previamente de que su país estaba en guerra.* (La Nación)


miércoles, 24 de diciembre de 2025

Las 💩💩💩💩💩💩 de Milei

 



Cristina Kirchner no es una presa política, pero Javier Milei le dio argumentos espurios para que pueda declararse en adelante como una prisionera del orden político que, según ella, la detesta. En un reciente reportaje que le concedió al periodista Luis Majul, y ante una pregunta de este por las versiones que le atribuyen a Milei un acuerdo con el kirchnerismo por la integración de la Auditoría General de la Nación, el Presidente respondió de la siguiente forma: “Varios periodistas vienen mintiendo, endosándome nexos con el kirchnerismo. Sin embargo, Cristina Kirchner terminó presa con este gobierno”. El periodismo, cuándo no, pero eso ya es una costumbre.

En primer lugar, su acuerdo −o el de sus colaboradores− con el kirchnerismo está fuera de cualquier duda: el mileísmo incumplió un compromiso con Pro para nombrar en esa agencia de control del Gobierno al representante del partido macrista, el exministro Jorge Triaca. En lugar del extitular de Trabajo, el mileísmo eligió a Juan Ignacio Forlón, un amigo desde la adolescencia de Máximo Kirchner, y a Pamela Caletti, que supuestamente representa a los gobernadores, pero en realidad es una aliada incondicional del gobernador massista de Salta, Gustavo Sáenz. Sergio Massa y Máximo Kirchner son aliados desde que conformaron juntos la coalición Fuerza Patria. Los nuevos auditores nacionales juraron en la trasnoche de un largo día de sesiones en Diputados y, encima, se hicieron cargo de sus funciones el lunes, en una ceremonia oscura y fugaz. A Milei podrán gustarle o no esas compañías, pero la realidad es más elocuente que el parloteo.

De todos modos, lo más grave no fue la negación de lo evidente, sino haberle dado argumentos a Cristina Kirchner para seguir considerándose una presa política. La expresidenta está presa en su casa por orden de la Justicia, no por una decisión del gobierno de Milei. La causa por asociación ilícita en la adjudicación de la obra pública en Santa Cruz en beneficio de Lázaro Báez, un amigo de los Kirchner que brincó de la condición de monotributista a la de un mega empresario en los años del auge kirchnerista, fue iniciada en 2008 por Elisa Carrió y otros dirigentes de su partido político. La denuncia cayó en el despacho del juez Julián Ercolini, quien le pidió repetidamente información a la Dirección de Vialidad en tiempos de Cristina Kirchner como presidenta. Nunca le contestaron. Solo en 2016, ya con Mauricio Macri en la oficina de los presidentes, el entonces jefe de Vialidad, Javier Iguacel, le entregó a la Justicia la información sobre los manejos kirchneristas con la obra pública en complicidad con Lázaro Báez. Dos fiscales, Gerardo Pollicita e Ignacio Mahiques, investigaron el caso y terminaron escribiendo un dictamen demoledor sobre la corrupción del matrimonio Kirchner en el manejo de los recursos públicos.

El juez Ercolini dispuso entonces el procesamiento de Cristina Kirchner (su marido ya había muerto) y envió el caso a juicio oral y público. Funcionarios de tribunales escucharon a Ercolini asegurar que no le quedó otra alternativa después de leer el informe de Mahiques y Pollicita. La decisión del juez fue varias veces apelada por los abogados de la expresidenta y de Lázaro Báez, pero tanto la Cámara Federal como la Cámara de Casación, la más alta instancia penal del país, confirmaron que debía realizarse el juicio oral. Ese juicio público comenzó en 2019, pero debió interrumpirse en 2020 por la pandemia del Covid. Se reanudó en 2021 y en agosto de 2022 se transmitió por zoom el célebre alegato final del fiscal Diego Luciani, que concluyó con la frase: “Es corrupción o justicia”. Antes, el fiscal había recordado que el entonces presidente de la Nación, Alberto Fernández, declaró públicamente que renunció como jefe de Gabinete, durante el gobierno de Cristina Kirchner, por los manejos que vio de la obra pública vinculados con Lázaro Báez.

En diciembre de 2022 (todavía le quedaba un año de gobierno a Alberto Fernández) el tribunal oral dictó sentencia y la condenó a Cristina Kirchner a seis años de prisión y la inhabilitó para siempre para ejercer cargos públicos. El fiscal Luciani había pedido 12 años de prisión. En noviembre de 2024, la Cámara de Casación confirmó la condena del tribunal oral, y en junio de 2025 la Corte Suprema, con la firma de sus actuales tres jueces (Horacio Rosatti, Carlos Rosenkrantz y Ricardo Lorenzetti), dejó definitivamente firme la condena. La viuda de Kirchner cumple prisión desde entonces en su departamento del barrio de Constitución.

Felizmente, no hubo ninguna participación, directa o indirecta, del gobierno de Milei en la situación de presa de la expresidenta por actos corruptos durante su gestión; su conducta como jefa del Estado fue investigada y analizada por no menos de 14 jueces y varios fiscales. Todos terminaron coincidiendo en que es culpable y en que debía ir a la cárcel, aunque fuera una cárcel domiciliaria. Si Milei tenía necesidad de tomar distancia de sus acuerdos con el kirchnerismo por la integración del directorio de la AGN, podría haber buscado otros argumentos en lugar de darle una razón falsa a Cristina Kirchner para que se siga proclamando como una presa política. No lo es.

La Justicia no siempre es encomiable. El tribunal oral que está juzgando el caso de los Cuadernos de las Coimas, que refiere a un sistema de sobornos mucho más amplio que la causa de Vialidad, tendrá el próximo martes su última sesión del año y volverá a reunirse recién en febrero, después de la feria judicial de enero. Los jueces del tribunal oral (Enrique Méndez Signori, Fernando Canero y Germán Castelli) decidieron no tomar en cuenta el pedido de todos los presidentes de las salas de la Cámara de Casación, que están por encima de ellos, y que les habían solicitado por lo menos tres reuniones públicas por semana y que sesionaran en enero.

Según le anticipó este lunes Méndez Signori, presidente del tribunal, a la tenaz fiscal Fabiana León, las reuniones públicas del tribunal oral volverán dos veces por semana, martes y jueves, a partir de febrero. Incluso, Méndez Signori no le pudo contestar con claridad y precisión a la fiscal si habrá sesión pública el jueves 19 de febrero; el lunes y martes de esa semana de febrero serán feriados por carnaval y, al parecer, los funcionarios judiciales quieren que toda la semana sea no laborable. “Es una vergüenza”, concluyó uno de los magistrados más conocidos del fuero penal. Ese tribunal viene siendo cuestionado desde hace rato por la parsimonia con que lleva el juicio sobre la corrupción más importante que se haya realizado hasta ahora. No están dispuestos a cambiar nada.

En el otro extremo de la Justicia, se supo este lunes que la Corte Suprema batió todos los récords de sentencias y resoluciones de causas durante el año que termina. La Corte se pronunció sobre 15.700 sentencias y sobre 28.900 causas en 2025. Tales números muestran a una Corte que está activa, pero, al mismo tiempo, exhiben la excesiva judicialización de los conflictos y de la cantidad de expedientes que llegan a la última instancia. La Corte es una instancia excepcional (un recurso extraordinario, según los manuales de Derecho), no una cuarta instancia, como suponen muchos. De hecho, la Corte Suprema de los Estados Unidos, por ejemplo, acepta solo entre 80 y 100 casos por año, a pesar de que recurren a ella no menos de 7000 u 8000 expedientes anuales. Resulta injusto, por eso, señalar que todo el Poder Judicial argentino es remolón e incompetente.

Más allá de los avatares judiciales, Milei está en esos momentos en los que puede darse varios lujos. Según la última medición de Poliarquía, los índices de aceptación social del Presidente subieron por tercer mes consecutivo, quizás como consecuencia de su abrumador triunfo electoral del 26 de octubre pasado. En esa encuesta, resulta significativo observar cómo la inflación bajó a un cuarto lugar entre las preocupaciones sociales por primera vez en diez años. Las principales preocupaciones de la gente común son ahora la corrupción, la inseguridad, el desempleo y los bajos salarios. Milei conserva una imagen positiva del 54 por ciento. Tiene 10 puntos más que a principios de año, el mismo aumento que había registrado Mauricio Macri al final de su segundo año. Alberto Fernández, en cambio, terminó su segundo año con 20 puntos menos.

Seguramente Milei tiene sus propios méritos para escalar en las mediciones sociales, pero hay que consignar también que el peronismo lo ayuda a crecer más que cualquier aliado. Basta observar lo que está sucediendo en la provincia de Buenos Aires entre el diputado cristinista Juan Grabois y los caudillos de La Cámpora de Lanús, Julián Álvarez, y de Quilmes, Mayra Mendoza; esta fue intendente de Quilmes hasta el 10 de diciembre pasado, cuando asumió como diputada provincial. Sigue siendo la lideresa de Quilmes.

Grabois y dirigentes aliados se entreveraron en una dura lucha pública con esos dos camporistas por el ordenamiento de los “trapitos” o cuidacoches en Quilmes y el pago a los cooperativistas que limpian las calles en Lanús. Se trata de una guerra interna dentro de una interna más vasta y cruel entre Cristina Kirchner y el gobernador Axel Kicillof. Tanto Grabois como Álvarez y Mendoza reportan directamente a la expresidenta. Pero, aseguran fuentes seguras, Grabois nunca digirió a La Cámpora ni a sus dirigentes ni a Máximo Kirchner. Tiene, además, un pleito personal con Sergio Massa, el nuevo mejor amigo de Máximo Kirchner. ¿Por qué? “Juan se cree Dios y detrás de él están solo los apóstoles. Ninguno es de La Cámpora”, responde un caudillo bonaerense que no lo detesta al revoltoso líder piquetero. Grabois es una de las figuras más impopulares del país, según la unanimidad de las encuestas de opinión pública. Si él está en el primer plano, y se obstina en estarlo, una mayoría social corre en brazos de Milei. Por eso, el actual margen político del Presidente le permite, inclusive, hasta el error de confundir una condena judicial con una prisión política.

miércoles, 10 de septiembre de 2025

De lectura obligatoria: "El peligro de otra derrota", por Joaquín Morales Solá

 


Existe un problema de gestión del que nadie se hace cargo: la economía del día a día fue una razón esencial del traspié bonaerense 

Dicen que el Presidente llegó el lunes a la Casa de Gobierno cansado, como quien ha pasado una noche sin dormir, pero decidido a implementar cambios inmediatos en su equipo político. Antes, había hecho trascender que la derrota no se debía a su plan económico, sino a la política. ¿Equivocada? ¿Mal ejecutada? Nadie precisó por qué el daño de esa enorme magnitud fue de la política. Según tales fuentes seguras, Javier Milei estaba convencido de que el subsecretario Eduardo “Lule” Menem y el armador político de La Libertad Avanza en la provincia de Buenos Aires, Sebastián Pareja, debían abandonar el Gobierno cuanto antes. También había decidido que Martín Menem tenía que anunciar que su actual mandato como presidente de la Cámara de Diputados, que vence el 10 de diciembre próximo, sería el último, porque renunciaría a una eventual reelección al frente de una de las cámaras del Poder Legislativo. La Cámara de Diputados elige en el mes de diciembre a las autoridades que la conducirán durante el año siguiente. 

Martín Menem ya había pasado un momento desagradable en público cuando el domingo Milei lo saludó solo con la mano y sin mirarlo, a pesar de que venía dándoles abrazos a todos los que lo rodeaban en el acto de La Plata, donde él reconoció la dura derrota frente al peronismo con un discurso llamativamente moderado y autocrítico. Milei no suele ser moderado ni autocrítico. En la mañana del lunes, poco después de que ingresara al despacho de los presidentes, el jefe del Estado se reunió a solas con su hermana Karina, la lideresa de ese equipo formado por los primos Menem y Pareja. Una hora más tarde, la secretaria general de la Presidencia abandonó la oficina de su hermano y este anunció que confirmaba a todos en sus cargos. Karina Milei había logrado convencerlo a su hermano de que la salida de su equipo más cercano de colaboradores significaría un gesto que la hundiría en la debilidad política.

“El Jefe”, como Milei llama a su hermana (algo o mucho de machismo le impide usar el femenino para referirse a una mujer, aunque sea su invalorable hermana), no es solo, por lo que parece, una metáfora; Karina Milei es realmente la jefa de la administración pública, salvo el manejo técnico de la economía que está en manos de Milei y del ministro Luis Caputo. Por eso, era imposible que el Presidente imaginara siquiera lo que muchos proponían: que Karina Milei abandonara su cargo actual, se convirtiera en jefa de los asesores del Presidente, y que tanto los Menem como Pareja se dedicaran a otra cosa. Que Carlos Menem haya tenido talento político, con sus luces y sus muchas sombras, no significa que sus genes han sido heredados por los sobrinos. Pero tales ideas ni le llegaron ni se le ocurrieron a Milei. Jamás habrá un Gobierno de Javier Milei sin la presencia eminente y decisoria de su hermana.

Milei y los clavos en el cajón equivocado

La única modificación que se les ocurrió a la diarquía que gobierna es la creación de una mesa política con los mismos protagonistas que ya estaban y que, al final del día, actuaban como asesores políticos de la perdidosa administración. Solo cambiaron el lugar de las sillas. Punto. Nada más para ofrecerles a los argentinos que esperaban ver cómo se salva o cómo derrapa un Gobierno de apenas 21 meses. Si bien se mira esa mesa, solo hay dos personas con experiencia política como para aportar algo nuevo ante la crisis que se abrió: el jefe de Gabinete, Guillermo Francos, y la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich. Pero Francos necesita tener, por lo que se observa a la distancia, más poder en el valor de su palabra frente a los aliados y a los adversarios. Y dejar de conducir la ambulancia del SAME político para andar curando las heridas que provocan Milei y los mileístas.

Al Presidente se le ocurrió también convocar a los gobernadores a una reunión, pero Milei cree que la gente se olvida fácilmente de los agravios y de los ninguneos. Los gobernadores aseguran que el superávit de las cuentas nacionales se alcanzó gracias a que les deben a ellos los recursos que les corresponden. Muchos mandatarios provinciales debieron, al mismo tiempo, hacerse cargo de obras públicas, como la conservación de rutas nacionales, disponiendo de dineros provinciales y ante la fuerte protesta de una sociedad que no suele distinguir quién es el responsable de cuidar su calidad de vida.

Los gobernadores no están en condiciones de aceptar fácilmente una reunión con el Gobierno nacional después de que este cayó abatido electoralmente por el peronismo en un distrito clave. En rigor, el Gobierno federal maltrató a los gobernadores aliados y también a los adversarios, o los trató de igual manera a los dos. Fue la primera reacción de los mandatarios ante las consultas de funcionarios nacionales. Además, seis de ellos formaron un frente político distinto del mileísmo y del kirchnerismo.

Según versiones creíbles, Francos les propuso a los gobernadores reunirse con cada uno de ellos en reuniones separadas porque reconoce que los problemas no son los mismos. “Qué tiene que ver la situación de Tierra del Fuego con la de Córdoba”, explican cerca de los gobernadores. También es cierto que siempre resultará mejor el diálogo cara a cara con cada gobernador que hablar frente a una asamblea de 24 mandatarios juntos.

El caso de Bullrich es distinto. Hay algunos funcionarios de Milei que proponen conservar en su actual cargo a la ministra de Seguridad y sacarla de la boleta electoral de octubre como candidata a senadora nacional por la Capital. “Ella estará criticando al Gobierno desde el Senado no más allá de enero”, pronostican, porque saben que a Bullrich nunca le gustó la candidatura senatorial. Siempre se imaginó reemplazando a Francos en la jefatura de Gabinete, aunque esa vacante sea ahora más improbable que nunca, o compartiendo con Milei la fórmula presidencial en 2027 cuando la reelección del Presidente se parecía a un paseo. La política nunca es un paseo, mucho más cuando se están escalando esas cimas.

En verdad, fue Karina Milei la autora intelectual de la candidatura a senadora de Patricia Bullrich. “Se la quería sacar de encima y encontró una forma elegante de hacerlo. Patricia se irá del Gobierno en diciembre”, dicen los funcionarios que conocen las costuras de la política oficialista. Dan por descontado, con razón, que la ministra de Seguridad tendrá una banca de senadora, ya sea por la mayoría o por la minoría. Es mucho más probable que sea por la mayoría, según la conformación del electorado capitalino.

Existe también un problema de gestión, del que nadie se hace cargo. Guillermo Francos lo dijo con claridad cuando, al hacer una evaluación pública de la derrota, señaló que los logros de la macroeconomía no habían llegado a la microeconomía, que es la que ve y toca la gente común. La economía del día a día fue una razón esencial de la derrota. Nadie intentó en los meses pasados, que fueron los meses de la luna de miel, las imprescindibles reformas previsional, laboral e impositiva. Los esfuerzos de la sociedad podrían ser recompensados con una baja de impuestos y con una mejor gestión de los recursos públicos. Resulta que algunos políticos aliados llevaron esos problemas a la Casa de Gobierno y la respuesta de los funcionarios (sobre todo de Santiago Caputo) fue que esos consejeros querían llevarse “las cajas” del Estado. Se trata de organismos y empresas públicas que administran los principales recursos públicos. “Santiago, se trata de administrar bien, no de llevarse nada”, le respondió uno de esos interlocutores. Varios aliados quedaron con la fatal percepción de que prominentes funcionarios mileístas estaban más preocupados por “las cajas” que por la buena gestión de ellas. Todo eso sucedió antes de que estallaran los escándalos de la criptomoneda $LIBRA y de los audios del exdirector de la Agencia Nacional de Discapacidad Diego Spagnuolo, que exhibieron una presunta trama de corrupción en la compra de medicamentos por parte del Estado.

Ahora puede ser tarde. Tal vez un buen termómetro del malestar político deba buscarse entre los dirigentes de Pro, donde les empiezan a pasar duras facturas políticas a los que llaman “los apresurados” (en aliarse con Milei) y a reivindicar a dirigentes que tomaron distancia a tiempo del mileísmo, como María Eugenia Vidal o Silvia Lospennato. Otros dirigentes de ese partido contraargumentan que la soledad de Pro en las elecciones pasadas lo hubiera dejado en un lugar muy pobre en los resultados del domingo, y que, encima, el Gobierno habría tenido el pretexto de culparlo de la derrota. “Pagamos el precio de acercarnos, es cierto, pero ahora el Gobierno está obligado a mirarse en el espejo si quiere encontrar el culpable”, señala, socarrón, un alto dirigente de Pro. El silencio de Mauricio Macri es también un síntoma de su incomodidad. “Le dio todo su apoyo al Presidente cuando el país vacilaba entre caer en manos de Sergio Massa o de Javier Milei, y el Gobierno le contestó con el destrato, la indiferencia o el agravio”, cuentan los que frecuentan al expresidente. Ni siquiera, aseguran, aceptaron un solo consejo de los muchos que les dio el macrismo. La soledad es también una construcción propia.

Milei corre el riesgo de perder en octubre todos los votos que Pro le dio en la segunda vuelta de las presidenciales de 2023. Hasta el sábado, la política y los encuestadores aseguraban que el Gobierno perdería las elecciones bonaerenses del domingo (nunca imaginaron que sería por semejante diferencia) y que ganaría las elecciones nacionales de octubre. Después del descalabro de Buenos Aires, ninguna certeza está vigente. Para peor, al frente lo tiene al peronismo. Un dirigente que viene del peronismo, aunque ya no milita en esa corriente, describe así el momento actual: “Cuando el peronismo huele la derrota se vuelve trotskista y practica el cuanto peor, mejor”. Se escucha a algunos dirigentes peronistas, y no a los más radicalizados, decir que “es necesario que Juan Schiaretti esté en la Cámara de Diputados”. ¿Por qué? Porque la le ley de acefalía señala que, ante el alejamiento definitivo del presidente y vicepresidente de la Nación, la Asamblea Legislativa elegirá un presidente provisional para cumplir el mandato en curso entre funcionarios elegidos: gobernadores, senadores o diputados nacionales. Schiaretti es candidato a diputado nacional por Córdoba para los comicios de octubre. Lo primero que debe señalarse es que Milei debe llegar a las elecciones de octubre (también eso se pone en duda) y que debe cumplir con su actual mandato, que concluirá el 10 de diciembre de 2027. La caída apresurada de un presidente conlleva demasiado sufrimiento social, como se vio cuando cayó Fernando de la Rúa. Lo segundo que debe advertirse es que existe una vicepresidenta de la Nación, Victoria Villarruel, que Milei se encargó de alejar de sus logros y, felizmente para ella, de sus fracasos. Y que la Constitución señala que es el vicepresidente quien debe concluir el mandato en caso de acefalía en la Presidencia. El Gobierno le debe a la sociedad decisiones más amplias y generosas después de todo lo que pasó y cuando, además, tiene enfrente a semejantes adversarios urdiendo una emboscada.

Joaquín Morales Solá 
Ilustración: Alfredo Sábat

viernes, 29 de agosto de 2025

VIDEO COMPLETO: Ña Escapularia con Joaquín Morales Solá... ♪ ♫ "En el mismo lodo todos manoseaos" ♫ ♪

"Ha visto mucha pornografía infantil", asevera refiriéndose al mandatario

VIDEO COMPLETO:
Elisa Carrió con Joaquín Morales Solá en LN+ 28/8/2025










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Raúl Alfonsín lapidando a Carrió







Escapularia contra Macri


Pero parece que todas esas opiniones se le borraron cuando lo tuvo cerca y SE MEABA POR ÉL... 😁😂😜