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sábado, 12 de septiembre de 2026

La sutileza de La Nación con una columna de Fernando Iglesias 😁😂

 Don Ferchu...


LOS TIEMPOS CAMBIAN


LA COLUMNA



Por Fernando IglesiasPARA LA NACION
La columna que se publica a continuación fue enviada a LA NACION por el actual embajador argentino ante la Unión Europea, designado por el presidente Javier Milei.
* * * * *
Allá por los años sesenta se publicó póstumamente Cómo hacer cosas con las palabras, libro en el que el filósofo y lingüista John L. Austin enunció su teoría de los “actos de habla”. Según Austin, hablar es una forma de la acción con consecuencias directas sobre la realidad. En los círculos académicos se lo denomina “carácter performativo del lenguaje” y es una teoría bonita que la realidad suele desmentir: si la capacidad de las palabras para modificar la realidad fuera cierta, nuestro país sería el reino de la justicia social, la producción nacional y el trabajo de los argentinos. No están solos. Los wokistas de todo el mundo son, también, deudores de Austin que, por décadas, han sostenido ideas ridículas como la de que terminar las palabras en la letra “e” acabaría con el patriarcado o la de que quitar la opción hombre-mujer de los pasaportes sería un punto final para la biología.
He denominado betisarlismo a la variante argentina del austinismo internacional en homenaje a su más talentosa representante, una brillante analista del discurso que empezó su experiencia política apoyando a Isabel Perón desde el Partido Comunista Revolucionario y cuyos discípulos terminaron llamando a votar a Massa en 2023 “en defensa de la democracia”. El betisarlista, austinista local, se caracteriza por realizar exhaustivos análisis de la situación sin mencionar jamás una cifra, un dato, un elemento objetivo de la realidad, un hecho. El betisarlista es de pedigree académico pero no está solo: la mayor parte de nuestra fauna comunicativa también cree, como Nietzsche, que no hay hechos sino interpretaciones. La variante vulgar de esta forma de entender el mundo es el panelismo argento: “Fulanito salió a declarar que…”, “Menganito lo cruzó” y “Zutanito analizó sus descargos en un programa de chismes de la tarde”. Discurso sobre discurso sobre discurso. ¿La realidad? Bien, gracias. Ampliaremos.
No es casualidad que para todas estas personas, con enorme influencia en el establecimiento del consenso ideológico nacional, Milei sea un populista de derecha. No puede haber dudas. Su discurso exalta al hombre común y enfrenta a la casta. Su estilo apela a las emociones más que al razonamiento. Se dirige directamente al pueblo y detesta la mediación de los periodistas y los políticos. Etcétera y etcétera. Pueden seguir así por horas. Pero la materia con que está hecha la realidad no es solamente la de los discursos y los sueños, y apenas se repasa la historia de los liderazgos populistas una serie de elementos no discursivos se revelan como centrales.
Por ejemplo, los líderes populistas de todas las tendencias -todos, siempre- han tenido como característica común el disfrute del poder, y con ello, la expansión de su poder personal a favor de su ejercicio sin límites y la intención convertida en acto de que sea eterno. Milei no responde a estas características. No disfruta del poder sino que lo usa para modificar el mundo en el sentido que considera correcto. Es más un profeta que un rey, como señaló con acierto Carlos Pagni. Lejos de concentrar el poder en su persona, se dedica obsesivamente a los dos ejes que domina: la economía y la comunicación, y delega todas las tareas específicamente ligadas a la adquisición, administración y conservación del poder en un equipo cuya cabeza visible es su hermana, a la que denomina significativamente “el Jefe”. ¿Eternización alla Perón, alla Kirchner, alla Menem, que llegaron sin reelección a la vista y no se querían ir después de dos mandatos? Cualquiera que haya hablado con él sabe que su intención es retirarse definitivamente de la política una vez cumplidos los dos mandatos que considera, con acierto, necesarios para impulsar el cambio en la Argentina.
Tampoco cumple Milei con una característica básica de todo líder populista directamente ligada con la ambición ilimitada de poder: la destrucción de las instituciones. Podrán citarse con razón muchas medidas del Gobierno que están al borde de la ley, pero es imposible demostrar que ese límite haya sido sobrepasado con continuidad como política. Como decía el General, dentro de la ley, todo. Además, ¿qué otro gobierno tiene derecho a jugar al fleje más que el de Milei, al que le dejaron un país destruido para que se hiciera cargo sin contar con un solo gobernador, intendente o juez designado por él o su partido, y con 6 % de los senadores y 15 % de los diputados?
¿Autoritarismo? Existen tres instituciones limitativas del poder del Ejecutivo: el Poder Judicial, el Poder Legislativo y el cuarto poder: el periodismo. Y bien, podrá opinarse lo que se quiera sobre las diatribas presidenciales, pero es de ciegos no ver que todos estos poderes funcionan. Y no solo funcionan, sino que lo hacen mucho mejor que bajo los gobiernos del peronismo, supuesto garante de la democracia para algunos. Veamos.
La justicia argentina, que tardó 10 años desde la primera denuncia contra Cristina y el primer allanamiento, demoró pocos días en abrir investigaciones y procesos contra el Presidente, la hermana del Presidente y el exjefe de Gabinete. Procesos que siguen en curso. ¿El Legislativo? Durante todo el año electoral de 2025 nuestro Congreso se dedicó a sancionar leyes que erosionaban el equilibrio fiscal y la lucha contra la inflación, principal logro del Gobierno, que se defendió dentro de la ley. Con vetos, argucias e instrumentos que no provocarán la alegría del purismo republicano, pero dentro de la ley. ¿La prensa? No se ha visto campaña mediática tan unánime como la que hoy soporta el gobierno de Milei sin expropiaciones como las de Perón ni ley de medios como la kirchnerista. Notable es que los betisarlistas y austinistas locales varios que ayer llamaron a votar a Massa “para defender la democracia” y hoy saturan el espacio discursivo con sus críticas a los discursos del Presidente no registren las barrabasadas efectivamente cometidas en la historia por el peronismo. No las palabras sino los hechos: violencia terrorista y represiva, destitución de cortes supremas y reemplazo por cortes adictas, persecuciones y asesinatos de los opositores, expropiaciones de medios de prensa, conversión del Congreso en escribanía, etcétera.
¿Es Milei un populista de derecha? Otras características intrínsecas del populismo son el nacionalismo, el aumento del poder del Estado en detrimento del de los individuos y la alianza con sectores corporativos. Tampoco responde el Presidente a esta fotografía. No es nacionalista, al menos, no en términos del nacionalismo berreta que impulsa el proteccionismo económico y el aislamiento mientras utiliza los sentimientos nacionales para ponérselos de escarapela y sacarse fotos tomando mate mientras incrementa el poder del Estado nacional. Por el contrario, su programa y sus acciones llevan a la disminución del poder estatal y al aumento de las libertades individuales, y van en contra del control de la vida de los ciudadanos por parte del Estado. Difícil de instalar sería, en este marco, cualquier autoritarismo. Y lo mismo sucede con las corporaciones políticas y económicas. Se puede discutir el punto en el que se encuentra el proceso, pero es claro que el conglomerado de corporaciones económicas que vivían del proteccionismo, los subsidios y la caza en el zoológico siguen perdiendo influencia. Y lo mismo puede decirse de corporaciones políticas como la sindical y la piquetera, ayer capaces de parar el país y de tener bloqueada a su capital durante años, y que ahora deben conformarse con métodos civiles de protesta.
Finalmente, si algo ha caracterizado al populismo en todo el mundo -y muy especialmente, al peronismo- son los programas económicos en los cuales se sacrifica el futuro al presente. El Plan Platita de Massa ha sido solo la última expresión de una práctica política comenzada en 1946, con los pasillos del Banco Central repletos de oro, los precios más altos de la producción agropecuaria, un país y una industria que llevaban 12 años consecutivos de crecimiento, una inflación anual del 2%, y que en cuatro años de “días más felices” llevó al default, a una inflación del 50%, y a la veda de carne y el pan negro.
¿Derecha? ¿Izquierda? Rifar el futuro para garantizarse los votos y el poder presentes, pagar el costo en términos de pobreza y privilegiar los intereses de grupos concentrados en perjuicio de las grandes mayorías no son políticas de derecha ni de izquierda: son las prácticas económicas populistas que ha arruinado a este país, y el gobierno de Milei es el reverso de todo eso. Podrá opinarse lo que se quiera sobre si la gente llega o no llega a fin de mes y si las moras bancarias se deben a la disminución del poder adquisitivo o a la novedosa existencia del crédito entre privados. Lo que no se puede discutir es que Milei ha sido y es absolutamente claro en poner el futuro de la Argentina por encima de la búsqueda de réditos inmediatos y de las necesidades electorales de su gobierno. En eso estamos.
Destrucción institucional, alianzas corporativas, políticas económicas cortoplacistas, aumento del poder presidencial y del arbitrio estatal sobre las personas. No son los rasgos reconocibles de Milei sino los del peronismo. Podría decirse con justicia: su marca en la Historia. Es curioso que no lo registren tantas personas con tan destacable formación política y cultural. Como el Quijote, intoxicados por la mala literatura, siguen combatiendo contra las supuestas amenazas autoritarias de un gobierno que, si algo hace mal, es concentrar poder.
Betisarlistas. Austinistas. Brigadas militantes contra los molinos de viento.
Por Fernando IglesiasPARA LA NACION

Embajador de Argentina ante la Unión Europea

domingo, 12 de abril de 2026

jueves, 12 de marzo de 2026

Joaquín Morales Solá en La Nación: "Milei confunde el afuera con el adentro"

 

✍️| *Joaquín Morales Solá*

La contradicción es lo único previsible en el gobierno de Javier Milei. *Ningún organismo de la administración pudo precisar cuánto dinero del Estado se gastó en la organización de la Argentina Week en Nueva York*, con el objetivo explícito de seducir a los inversores extranjeros. Pero hubo gastos, aunque más no fuere para pagar el traslado de la delegación argentina a la capital financiera de los Estados Unidos, encabezada por el Presidente. Fue una *buena idea del embajador argentino en Washington, Alec Oxenford*, pero otra vez perdieron la oportunidad.

*Milei volvió a insultar y maltratar a dos empresarios argentinos*, sobre todo al industrial más importante del país: el CEO de Techint, *Paolo Rocca*. También lo hizo con el exdueño de Fate, *Javier Madanes*, quien cerró hace poco su fábrica de neumáticos, pero este es un caso aparte. Calificó a los dos de “empresarios prebendarios”. ¿Con qué pruebas? ¿Qué información respaldaba ese manoseo público a destacados hombres de negocios argentinos delante de empinados banqueros internacionales? ¿Por qué lo hizo cuando su *intención era seducir, no espantar*? El propio gobernador de Mendoza, el radical Alfredo Cornejo, separó a Rocca de Madanes cuando contó que los mendocinos van a Chile a comprar neumáticos porque les resultan mucho más baratos que aquí.


Cornejo está en Nueva York y fue testigo de todo lo que pasó. De cualquier *forma, no era el lugar ni el momento para aporrear a empresarios*; el evento se realizaba en la sede central de uno de los bancos más importantes del mundo: el J.P. Morgan, genéticamente respetuoso de los empresarios, sus clientes. ¿Cómo seducir a inversores extranjeros al mismo tiempo que se ofende al principal empresario argentino, Rocca, quien ya repitió varias veces que invirtió miles de millones de dólares en el país en los últimos años? ¿*Cómo, si el mismo día la revista Forbes informó que Rocca es el hombre más rico de la Argentina, el que más capacidad tiene, por lo tanto, de invertir*?

En caso de desacuerdo con un hombre de negocios de ese porte, cualquier gobierno sensato hubiera llamado al empresario para establecer en reserva cómo resolver el diferendo. Un banquero importante, que estaba en Nueva York, hizo la mejor síntesis de lo que sucedió ayer en esa ciudad para estupor de muchos: “*Fue un discurso 100 % local; hubiera pensado algo más para afuera que para adentro*”. Es decir: fue un discurso en el habitual estilo demagógico de Milei, quien suele buscar el aplauso inmediato antes de exponer, de una buena vez, cuál es su proyecto de país a más largo plazo.

Pero Rocca es un empresario (su compañía es una multinacional con más de 70.000 empleados en todo el mundo) que cuenta con la adhesión de la mayoría del empresariado nacional. Las principales organizaciones empresariales salieron en días recientes a reprocharle a Milei sus ataques a Rocca. Debe reconocerse también que, a pesar de todo, Milei cuenta con la simpatía incondicional de algunos empresarios, diga lo que diga. Uno de ellos es Martín Varsavsky, un argentino que vive hace muchos años en España y que ayer estuvo elogiándolo en Nueva York. Varsavsky no hizo ninguna referencia a los agravios que Milei le dedicó a Rocca.

Más allá de las iridiscencias neoyorquinas, la evaluación de la economía comienza a ser un problema serio para un mayoría de los argentinos. El economista Enrique Szewach resume la realidad actual de esta manera: “Es probable que se haya frenado la caída de la economía, pero la recuperación será lenta y módica. Es lo que tenemos. No esperemos más”, dice. ¿*Alcanza cuando se hace política y cuando se está pensando en renovar el mandato presidencial el próximo año*? ¿Alcanza, cuando Milei habla de ganar una batalla cultural, que es más amplia y profunda que una política?


No todo tiene que ver con todo, al revés de lo que asegura la encartada de San José 1111. Pero no puede ser casual que semejantes atropellos sucedan cuando *las encuestas empiezan a detectar una caída en la percepción de la economía por parte de una mayoría social.* Una medición reciente de D’Alessio-Berensztein informó que, según su última encuesta, la buena opinión sobre la situación económica cayó cinco puntos en el último mes y que un 61% de los argentinos considera que la situación está peor que el año pasado. Los nuevos decepcionados incluyen hasta votantes de La Libertad Avanza, porque hubo un declive del 6 % en el optimismo de los que votaron a Milei. También decrecieron las expectativas sobre el próximo año: un 55 por ciento de la sociedad cree que la economía estará peor en 2027. *Hay algo más comprobable para los encuestados: un 65 % de los encuestados considera que su economía personal está peor que el año pasado. La opinión sobre el gobierno de Milei cayó un 3 por ciento en el último mes: un 42 % lo evalúa positivamente frente a un 56 que tiene una opinión negativa*.

En síntesis, casi todos los números del Presidente volvieron a estar como estaban en octubre del año pasado, antes de las elecciones legislativas que ganó el último domingo de ese mes, y después de la derrota en la provincia de Buenos Aires a manos del peronismo un mes antes, en septiembre. Cuatro de los principales temas de preocupación de la gente común pasan por cuestiones económicas (incertidumbre por la situación económica, sin propuesta para el crecimiento, inflación y los ajustes que está haciendo el gobierno) y solo uno, la inseguridad, que ocupa el segundo lugar, no tiene relación con la economía. Patricia Bullrich es la figura política mejor evaluada por la sociedad, pero solo con el 41 % de opiniones positivas; la sigue el propio Milei, con un 40 %. *No son números para pavonearse en el espacio político cuando el Gobierno no tiene a nadie enfrente*. *Una novedad de esta encuesta es que Mauricio Macri registró una recuperación de la valorización social*: tiene un 35 % de imagen positiva, a solo seis puntos de quien tiene la más alta, y se ubicó entre los cinco dirigentes políticos con mejor imagen.


Otra encuesta, *la del Observatorio Social de la Universidad Católica concluyó en los últimos días que seis de cada diez trabajadores en blanco (¡cómo será los que están en negro!) deben saltear una comida por día por problemas económicos*. Las mujeres y los jóvenes son los más afectados. Este informe señala que no solo bajó la cantidad de comida consumida por día para ese 60 % de argentinos, sino también la calidad de los alimentos, porque compran “menos capacidad nutritiva”. Es una comida más barata, desde ya. *El cuadro se completa con un informe de la propia ARCA*(antes la Afip) *que hizo pública una caída por séptimo mes consecutivo de la recaudación impositiva*. Solo en el último mes de febrero cayó un 9,7 por ciento. Significa una caída de la actividad económica. Esa noticia hubiera provocado un terremoto económico y político en cualquier economía desarrollada del mundo. Los argentinos estamos, en cambio, acostumbrados a respirar bajo el agua.

El problema fundamental del país es que los gobiernos que toman decisiones correctas cometen errores, y después los argentinos vuelven a probar una receta del más rancio populismo. *Macri se arrepintió luego del “gradualismo” que eligió para aplicar un ajuste necesario en la economía cuando asumió en 2015*. Es cierto que entonces la sociedad tampoco estaba preparada para un fuerte ajuste de la cuentas públicas, como lo hizo Milei ocho años después. ¿*Se arrepentirá más tarde Milei de sus desmanes verbales de ahora, dentro y fuera del país? ¿No será tarde entonces? Milei es un economista profesional que, a veces, desconoce la ley de la gravedad en la praxis política*. Cuando una mayoría de sus conciudadanos está pasando un mal momento, entonces es la hora en que estos deben verlo al jefe del Estado preocupado por resolver los problemas comunes, pero esenciales de la sociedad. Difícilmente a esa mayoría de argentinos le importe sus peleas con Rocca y Madanes o la guerra civil declarada dentro del gobierno por su hermana Karina.

*Tampoco conoce las sutilezas de las palabras en la política exterior. “Vamos a ganar*” la guerra, dijo el lunes en una universidad de Nueva York, cuando aludió al grave conflicto bélico descerrajado por Estados Unidos e Israel contra el Irán de los fanáticos ayatollahs. Una cosa es comprender las razones de una guerra; en este caso, la necesidad universal de terminar con el potencial poder nuclear de una nación conducida por una teocracia que financió e ideó atentados terroristas en el mundo, dos de ellos, de enorme magnitud criminal, en la Argentina. De hecho, el diplomático argentino *Rafael Grossi*, la máxima autoridad de la Organización Internacional de Energía Atómica, acaba de asegurar que Irán tiene todavía uranio para fabricar diez armas nucleares. Grossi advirtió que ese poder sigue intacto, a pesar de los intensos ataques de los últimos días por parte de Estados Unidos e Israel. Se trata de comprender un problema; otra cosa es participar de una guerra, y el “*vamos a ganar*” *señala una participación activa en el conflicto bélico. Ningún argentino fue notificado previamente de que su país estaba en guerra.* (La Nación)