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sábado, 25 de abril de 2026

MILEI: Entre la obsesión con Israel y la TRAICIÓN a sus jóvenes militantes | Editorial de El Presto (VIDEO)

🔴 En este durísimo editorial titulado “Internas despiadadas y jóvenes traicionados”, El Presto expone cómo el gobierno de Javier Milei se encuentra cada vez más encapsulado en una realidad paralela, desconectado de los problemas reales de los argentinos. A través de una comparación directa con el kirchnerismo, se plantea que tanto militantes oficialistas como opositores niegan la realidad económica, la pobreza y la inflación, evidenciando una grieta sostenida por fanatismos ciegos.

El análisis profundiza en una de las críticas más fuertes: La Libertad Avanza terminó convirtiéndose en un “kirchnerismo violeta”, incorporando a dirigentes, estructuras y prácticas que prometía combatir. Desde ANSES, PAMI, el Congreso y distintos niveles del Estado, el relato denuncia que los mismos actores siguen vigentes, mientras la “casta” no solo no desapareció, sino que fue integrada al nuevo oficialismo. Uno de los ejes centrales es la traición a los jóvenes que apoyaron el proyecto libertario. Aquellos que soñaban con un país sin privilegios, sin planes sociales para quienes no trabajan y con oportunidades reales, hoy se sienten defraudados. El video denuncia el aumento de planes sociales, la falta de respuestas económicas y la frustración de quienes militaron el espacio y hoy enfrentan el enojo de su entorno por haber confiado en Milei. Además, se exponen nombres y situaciones polémicas dentro del oficialismo: la salida de figuras como Mondino, Ocampo, Marra o Casieles; el ingreso de dirigentes cuestionados; denuncias contra figuras como Sebastián Pareja; y escándalos que salpican al armado político. Todo esto acompañado de una fuerte crítica a la falta de rumbo, la ausencia de gestión y la creciente degradación institucional. El editorial también apunta directamente contra la obsesión de Milei con Israel, señalando sus reiterados viajes y su alineamiento internacional mientras la situación argentina empeora. Según el análisis, el presidente prioriza vínculos ideológicos y simbólicos en el exterior, mientras desatiende la economía, la educación, la industria nacional y los problemas sociales del país. Finalmente, el mensaje busca generar una reflexión profunda: el sistema político está agotado y la solución no pasa por volver a los mismos de siempre. El Presto llama a la autocrítica, a la unidad social, al esfuerzo individual y a recuperar valores básicos como sociedad. Un cierre potente que advierte sobre el futuro del liberalismo en Argentina y la necesidad urgente de un cambio real, lejos de promesas vacías y estructuras corruptas.

jueves, 29 de enero de 2026

Jorge Fontevecchia lapidó a Milei en su editorial (VIDEO)

 

Bueno... entre bomberos no deberían pisarse la manguera... 😋



miércoles, 12 de noviembre de 2025

🗣| Milei vs. Macri: un parricidio a fuego lento

🗣| Milei vs. Macri: un parricidio a fuego lento

Las últimas milanesas dejaron más chisporroteos. Los hermanos presidenciales siguen canibalizando al Pro

✍| Pablo Sirvén

Cuando Alejandro Romay recuperó el mando de Canal 9, en los albores de la presidencia de Raúl Alfonsín, se encontró con una situación ideal para doblegar y superar a sus competidores.

Los que estaban a cargo de las otras emisoras –todas estatales– eran funcionarios con poca cintura para manejar una televisión de perfil comercial con picardía y agresiva rentabilidad. Si acaso la pegaban con algunos programas exitosos apreciados por la audiencia, el “zar” indefectiblemente los sobrevolaba como un águila hasta hacerse de esas valiosas presas. Se las llevaba a su pantalla sin pedir permiso ni agradecer a los ejecutivos birlados.

Algo parecido le pasa a Mauricio Macri con Javier Milei. Su gobierno se surtió desde el primer momento de figuras estelares de la agrupación del expresidente. Los convocó como ministros y para cubrir segundas y terceras líneas de su administración. La última de esas rutilantes incorporaciones ha sido la de Diego Santilli, flamante ministro del Interior.

Histriónico y personalísimo en sus decisiones como Romay, Milei tampoco pidió permiso para llevarse a dirigentes que fueron parte del staff macrista para cubrir puestos relevantes de la actual gestión. Ni siquiera le dio las gracias. Los tomó de un manotazo, los hizo propios y los cinceló a su imagen y semejanza: de la moderación gradualista macrista varios de ellos trocaron a efusivos conversos mileístas.

Desde que Macri le ofrendó al líder libertario su cartera de votantes al día siguiente de que Juntos por el Cambio quedara fuera de juego en la primera vuelta de las elecciones presidenciales de 2023, el fundador del Pro viene proponiéndole sin éxito distintos tipos de acuerdos con su partido y no hay caso. Aupado por ese desprendimiento generoso de Macri, Milei se impuso holgadamente a Sergio Massa en la segunda vuelta y se convirtió en presidente de la Nación. Allí empezó otra historia.

Milei nunca se sintió obligado a ningún tipo de asociación formal con su inesperado promotor que ya venía haciendo gestos a su favor ya que poco disimuló, durante la campaña preelectoral, que estaba más embelesado con el libertario que con Patricia Bullrich, la candidata de Juntos por Cambio y, ni digamos, que con Horacio Rodríguez Larreta, eliminado en las PASO por la actual ministra de Seguridad y flamante senadora electa.

De dos años a esta parte, Milei solo retribuyó con magras milanesas y alguna que otra entraña esporádica. También lo alimentó recurrentemente con falsas expectativas de que en algún momento sus consejos empezarían a ser escuchados y puestos en marcha. Nunca pasó. Pero jamás se le cayó de la boca el lisonjero “presi” para rotularlo, como una suerte de microscópica distinción cariñosa acompañada de unas palmaditas en la espalda a la hora de los saludos. No más que eso.

En los momentos más ásperos de esa peculiar relación llegó a calificarlo de “llorón” y de “estar grande”, además de no sentir la necesidad de verlo durante un año. A pesar de tantos desaires, Macri aceptó humillantes alianzas con La Libertad Avanza para la frustrante elección bonaerense (en la que se le endosó parte de la derrota) y para la triunfal elección nacional (celebración exclusivamente libertaria).

A pesar de su ascendencia calabresa, por algún tiempo Macri manejó con resiliente aguante tanto desplante. Pero se cansó: últimamente empezó a darles mayor voltaje a sus consideraciones públicas al respecto. Por lo pronto, criticó duramente la salida de Guillermo Francos de la jefatura de Gabinete y su reemplazo por Manuel Adorni, aunque después ponderó la llegada al gabinete del ya más violáceo que amarillo Santilli.

Pero en el foro Abeceb, en Puerto Madero, Macri volvió a la carga al cuestionar a las “personalidades narcisistas” y a los “líderes que ni escuchan ni les importa lo que digan los demás”. No hizo falta que aclarara a quién se refería.

Es muy curiosa la relación intermitente, de atracción y rechazo, establecida entre Milei y Macri que ninguno de los dos quiere, o puede, cortar del todo.

Recientemente el exmandatario hizo un anuncio audaz: Pro tendrá candidato propio para las elecciones presidenciales de 2027. Pero si la remontada que comenzó a partir de la asistencia norteamericana no se corta, el gobierno libertario suma otros logros y el peronismo sigue en su laberinto (“secuestrado por el kirchnerismo”, Macri dixit), Milei aspirará a la reelección y el Pro tendrá pocas chances como “segunda marca”.

Aunque Javier Milei no sea muy consciente de ello –o sí, quién sabe–, el “plan desgaste” que aplica a Macri (con la autoría intelectual de su hermana, jacobina de La Libertad Avanza y aficionada a disecar lo más posible al Pro) se parece mucho a un parricidio político progresivo, pero inexorable. (LN)


sábado, 1 de noviembre de 2025

viernes, 24 de octubre de 2025

🗣️| *Trampas y dilemas del desencanto electoral*


Desgano y apatía parecen definir el clima que envuelve a la ciudadanía ante la elección de medio término; una especie de “desmotivación cívica” se ha convertido en la nota saliente del paisaje político ✍️| *Luciano Román*/La Nación *Un periodista y escritor cuenta en una entrevista que está “divorciándose” de la Argentina*, aunque eso no implica irse a vivir afuera, sino simplemente “dejarse de hablar” con el país; tomar distancia emocional y apartarse de la conversación pública. *En la sobremesa de una reunión social*, *dos profesionales coinciden* en que, por primera vez en su vida, este año decidieron no ir a votar. La edad ya los exime de la obligatoriedad. Nadie a su alrededor intenta convencerlos de que lo hagan. Otros cuentan que irán el domingo a las urnas, pero “sin ningún entusiasmo”. Esa mezcla de desilusión, desgano y apatía parece definir el clima que envuelve a la ciudadanía ante la elección de medio término. *Una especie de “desmotivación cívica” se ha convertido en la nota saliente del paisaje electoral*. Aun muchos de los que tienen claro su voto en una u otra dirección muestran falta de interés, como si se tratara de una opción resignada, “a reglamento”. La conversación política ha perdido intensidad. En mesas familiares o de amigos, en las que antes ocupaba un lugar central y convocaba, incluso, cierto tono apasionado, hoy el tema se elude con naturalidad. Las series de Netflix, el deporte y el anecdotario personal desplazan casi por completo el análisis o las discusiones sobre las vicisitudes políticas. Eso no se ha producido por las buenas razones, que serían que la cosa pública marchara más o menos bien y el interés ciudadano se deslizara hacia otros temas, sino por el hartazgo y la fatiga que genera el tono del debate público. Hay una muletilla que, aún a riesgo de empobrecer el lenguaje, sintetiza de algún modo ese estado de ánimo: “¿*Qué querés que te diga*?”. Se recurre a ella con tono casi melancólico en el que subyace el desencanto, pero, a la vez, la intención de replegarse, de no opinar ni a favor ni en contra, tal vez para no sumarse al coro de afirmaciones o descalificaciones tajantes que imponen los núcleos fanatizados que hoy dominan la política.
*Muchos encuentran pocas razones para defender en público su opción electoral*. “Una cosa es que los vote y otra que los defienda”, dice con franqueza alguien que intenta resumir el espíritu de ese voto a reglamento. Las convicciones y los argumentos se han ido debilitando. Se impone, además, un clima de incertidumbre política y económica en el que creer cuesta cada vez más. *La indiferencia se refleja en la campaña electoral*. A pocos días de la elección, casi no se ven en las ciudades las clásicas mesas partidarias en las que se reparten volantes y boletas. Los actos políticos parecen un formato en extinción, mientras muchos candidatos eluden incluso las entrevistas para no exponerse a preguntas o definiciones incómodas. Salvo las breves incursiones del Presidente por capitales del interior y algunos distritos del conurbano, no hay casi movilizaciones electorales, mucho menos que dependan de una participación espontánea. Los dirigentes parecen hablarles solo a sus militantes, lo que acentúa en muchas personas esa sensación de quedar afuera. *El diagnóstico está claro*. Las encuestas confirman que un amplio sector del electorado (entre el 60 y el 70 por ciento, según varios sondeos) está “desenganchado” del debate político. Un análisis coincidente de varias consultoras señala que el 81 por ciento de las menciones en redes sociales sobre el proceso electoral son negativas. El termómetro del ánimo social de la encuestadora Moiguer revela que, por primera vez desde que asumió Milei, el pesimismo se impone sobre el optimismo: ya son mayoría los que creen que el futuro “será peor”. Surge, entonces, una pregunta de fondo: ¿cuáles son las consecuencias a mediano y largo plazo de este clima en el que la desesperanza se combina con indiferencia, fatiga y apatía ciudadana?
*El fenómeno parece esconder una trampa*: *la degradación de la política alimenta ese clima de decepción*, pero el desánimo favorece, a la vez, el deterioro del sistema político. Parece un juego de palabras, pero en esa paradoja se resume el peligro del repliegue ciudadano. ¿Cómo surgirían nuevos liderazgos si no es con la participación y el compromiso de un electorado activo e interesado en promover determinados cambios? *Por acción o por omisión, la actitud de la sociedad siempre resulta determinante*. Retirarse puede implicar cierta comodidad, pero también es una elección. Si se consolidara esa suerte de “exilio cívico”, el poder quedaría en manos de minorías sostenidas por núcleos duros y fanatizados. Se debilitaría más la representatividad democrática y se produciría, tal vez de una manera gradual e imperceptible, una erosión del propio sistema institucional. *En esta atmósfera, se hace más difícil la incorporación de nuevos actores en la escena política.* Se ve, entonces, un dominio de “los de siempre”, los que viven del Estado y de los cargos, y la aparición de figuras que, sin tener nada que perder, se meten en la política casi como un juego de vanidades y excentricidad. El desánimo ha hecho que muchos ciudadanos se retiren del debate y la participación electoral, pero también ha promovido el exilio interior de un gran número de dirigentes y funcionarios valiosos que se han ido no solo de la competencia política, sino también de la discusión pública: optaron por el ostracismo. *El desgano colectivo*, sin embargo, tendría consecuencias más allá de la puja electoral. ¿Puede crecer y evolucionar una sociedad si no es sobre la base de expectativas y una dosis de entusiasmo racional? El desinterés se expresa con una mayor nitidez en la instancia de ir a votar, pero también tiene manifestaciones silenciosas que son más difíciles de identificar. La pérdida de confianza en la política determina decisiones personales, empresariales e institucionales. ¿*No hay una conexión entre la apatía electoral y la intención de muchos jóvenes de irse del país*? ¿No se explica por ese mismo fenómeno la resistencia de millones de argentinos a sacar los dólares del colchón o a traerlos del exterior? ¿El repliegue cívico no va acompañado de un repliegue de la iniciativa privada? El pesimismo y la desesperanza, ¿no debilitan la vitalidad de una sociedad?
*Si reconocemos esas conexiones, surge, inevitable, otra pregunta incómoda: ¿cómo se recuperan la confianza y las expectativas en un país que carga con pesadas frustraciones y desencantos sucesivos*? Nadie podría negar, por supuesto, que ese clima de apatía y decepción tiene buenos argumentos en una Argentina que ha oscilado entre un fracaso y otro. Pero ¿cuál es la opción? ¿Divorciarse del país como propone alguien con espíritu provocador? ¿O asumir nuestra responsabilidad ciudadana y esforzarnos en la búsqueda de nuevos liderazgos y en marcar los límites que creamos necesarios? *Es cierto que las expectativas duran cada vez menos* y que muchos procesos que despertaron la ilusión de algo mejor o algo nuevo han defraudado a buena parte de sus electorados, convirtiéndose en fenómenos fugaces. La impaciencia social también es una marca de estos tiempos, y la dirigencia en general debe lidiar con ella. En ese contexto, hay, como siempre, un desafío para la política, pero también para la sociedad. *La Argentina necesita dirigentes capaces de proponer nuevas ideas, generar confianza y trazar un horizonte*, pero también necesita una ciudadanía dispuesta a asumir su responsabilidad en ese juego. Tal vez *sería una buena noticia que asomara la prudencia electoral, que no es lo mismo que la indiferencia y la apatía, sino que se parece más a la actitud selectiva y racional de un votante responsable*. Los entusiasmos coyunturales nunca han sido muy propicios, y de hecho merecerían una autocrítica de amplias franjas del electorado. ¿No ha dominado cierto pensamiento mágico en la búsqueda de atajos, liderazgos mesiánicos y soluciones súbitas? Pero la angustia que se expresó alguna vez en el “que se vayan todos” tampoco ha sido un camino a la normalidad. ¿Aprenderemos de nuestras propias frustraciones? ¿Nos dejaremos vencer por la desesperanza? ¿Haremos de la desilusión una sentencia definitiva o será un impulso para la construcción de alternativas? *El domingo que viene se empezarán a bosquejar las respuestas*.

domingo, 28 de septiembre de 2025

🚨🔥💣"Ahora la incógnita es Milei", editorial de Carlos Pagni de lectura obligatoria

 

Ahora la incógnita es Milei

De todos los enigmas de la vida pública, el más importante es cómo interpretará el Presidente lo que pasó en Estados Unidos; la ayuda de Washington es un cheque del emperador, que se emite por afuera del laberinto burocrático de los préstamos internacionales


El gobierno de los Estados Unidos despejó una incógnita que amenazaba con corroer cada día más la estabilidad de Javier Milei. El Presidente organizó toda su política detrás de un objetivo: bajar la inflación y ganar las elecciones exhibiendo ese trofeo. Como todos los antecesores que se fijaron ese propósito, utilizó como herramienta principal la política cambiaria. El Estado defendería una paridad peso-dólar cueste lo que cueste. El mercado, convencido de que el Banco Central no contaba con las reservas suficientes, desafió a las autoridades. Y el peso comenzó a depreciarse más y más. Aun así, Luis Caputo, el ministro de Economía, amenazó con gastar hasta la última divisa para defender esa cotización predeterminada. En consecuencia, la incertidumbre cambiaria se expandió también al mercado de deuda. Los tenedores de bonos temieron que, sin dólares, el Estado entraría en cesación de pagos. La presunción de que el Gobierno podría renovar su deuda a una tasa razonable en el sistema internacional se volvió cada vez más controvertida.

Para cumplir con sus compromisos, el gobierno de Milei debería comprar los dólares necesarios. Para el año que viene, casi 20.000 millones. Esa perspectiva modificaba el horizonte por completo. El económico y el político. “Vivir con los nuestro” significaría un tipo de cambio más caro, menos importaciones y, al menos por un tiempo, menos producción y menos consumo. Ante este panorama, la corrida cambiaria se aceleró. Y el riesgo-país, que indica la capacidad del Estado para honrar su deuda, se disparó. El problema ya no estaba instalado en el mediano plazo de la segunda mitad del mandato. La pregunta empezó a ser cómo llegaba el Gobierno a las elecciones del 26 de octubre. En el caso de Caputo, el interrogante era si llegaba.

En medio de este panorama turbulento irrumpió Donald Trump para rescatar a su amigo Milei. Su secretario del Tesoro, Scott Bessent, anunció a quienes poseen títulos públicos argentinos nominados en dólares que su país podría comprárselos. Más aún, aseguró que la Argentina podría financiarse emitiendo bonos para que los adquiera el gobierno de los Estados Unidos. Además, es posible que el Banco Central fortalezca sus reservas con un intercambio de monedas con los Estados Unidos. Es decir, ya no habría que inquietarse por la posibilidad de un default. Ni siquiera habría que preocuparse porque el gobierno de Milei no lograra financiarse en el mercado.

Como puede advertirse, se trata de un compromiso inédito, con consecuencias todavía misteriosas. Para empezar con las novedades. Este auxilio es distinto del que suele prestar el Fondo Monetario Internacional. El Fondo es una maquinaria comandada por un conjunto de países. Otorga ayudas contra programas que pueden, o no, cumplirse. Las responsabilidades del deudor son difusas, igual que los costos del acreedor. La ayuda que anunció Bessent es de otra naturaleza. Es un cheque del emperador, que se emite con prescindencia del laberinto burocrático de los préstamos internacionales. Además, Trump y Bessent quedan atados en buena medida al éxito de Milei. En especial frente a sus opositores internos.

Ese involucramiento con la gestión de Milei es tan intenso que afloró en algunos detalles insólitos del comunicado de Bessent. Por ejemplo, cuando reveló que “estamos trabajando con el gobierno argentino para poner fin a la exención fiscal para los productores de materias primas que convierten divisas”. Con un enfoque massista de la política cambiaria, Bessent admitió que él se sumó a la extorsión que las autoridades realizan a los productores agropecuarios para que, liquidando sus granos, fortalezcan las reservas del Banco Central. Lo que implica una confesión inesperada: el Tesoro de los Estados Unidos avala la política de retenciones. Resulta tan inverosímil que muchos observadores apostaban a que había una falla en la redacción del texto.

¿Cuáles son los requisitos para acceder a esta ayuda? Una pista para responder esa pregunta. Durante todo el fin de semana, funcionarios del Tesoro estuvieron trabajando con técnicos del Fondo para evaluar la situación argentina. En el Fondo existe un marcado malhumor con Caputo. Nada novedoso. Memoria histórica. Nigel Chalk, el nuevo director del Departamento para el Hemisferio Occidental, recuerda muy bien las discusiones de 2018 entre su jefe de otrora, David Lipton, y Caputo, por entonces presidente del Banco Central argentino. ¿El motivo? La reticencia de Lipton a que el Estado desperdicie sus reservas monetarias para intervenir en el mercado de cambios. Se entiende, entonces, que la frase “me voy a gastar hasta el último dólar”, haya caído pésimo en el Fondo. Por esta razón muchos analistas prevén que el gobierno de Milei deberá aceptar la flotación plena del tipo de cambio, es decir, la eliminación del régimen de bandas, a cambio del auxilio anunciado por Bessent. La otra condición que el Fondo espera ver cumplida es la compra de reservas por parte del Central, que Caputo y su equipo, por orden de Milei, suspendieron. En definitiva, podría esperarse una reforma de toda la política cambiaria.

Entre las razones a las que apeló para justificar su respaldo a la Argentina de Milei, Bessent habló de motivos geopolíticos. El espaldarazo de Trump es el espaldarazo de un presidente que protagoniza un conflicto creciente con China. Por lo tanto, el salvavidas lanzado hacia Buenos Aires pretende reforzar un alineamiento internacional. No sería descabellado pensar en que el Tesoro le pedirá al gobierno argentino que revierta el acuerdo de intercambio de divisas que mantiene con los chinos.

En el trato con Milei se advierte que Trump aprendió de Xi Jinping. Que Estados Unidos se convierta en un acreedor de mediano plazo de la Argentina, establece un condicionamiento inesperado que excede en mucho el mandato de La Libertad Avanza. Para comprenderlo vale la pena conjeturar una situación. Por ejemplo: en 2027 llega a la Casa Rosada Axel Kicillof. Y advierte que en 2028 tiene un vencimiento de los bonos adquiridos por los Estados Unidos. Es decir, advierte que depende de la buena voluntad de la Casa Blanca para que le renegocien esa deuda. ¿Esa dependencia no influiría en su política exterior? Es lo que le sucedió a Milei frente a Xi cuando debió renovar el swap en yuanes: los chinos dejaron de ser criminales comunistas para convertirse en gente que quiere hacer negocios sin que la molesten. Ataduras que deben ser muy irritantes para un Presidente que ayer despotricó porque instituciones multilaterales, como las Naciones Unidas, limitan la soberanía de los estados nacionales.

En la atmósfera existen otras condiciones, de cumplimiento mucho más dudoso. Por ejemplo, la pretensión del gobierno norteamericano de que empresas de su país adquieran reservas mineras en la Argentina. Sobre todo de las valiosas tierras raras que son un insumo estratégico de la industria digital. En esta materia es poco lo que Milei puede prometer. Los recursos del subsuelo son de las provincias. ¿Será por eso que el nuevo embajador de Trump, Peter Lamelas, dijo que las recorrería una por una?

El contexto regional es otro factor que explica el respaldo tan contundente que Milei recibió de Trump. El gobierno de la Argentina es el único, de un país de volumen considerable, que se declara amigo de Washington. Los de México, Brasil, Colombia, Venezuela, Chile o Uruguay, están en la vereda de enfrente. Aun cuando anteayer se haya descongelado la relación entre Trump y Lula da Silva, que se entrevistarán la semana que viene. Hay que tener en cuenta, además, una circunstancia particular: en Chile, en Colombia y, con más lentitud, en Brasil, se están cursando campañas electorales. ¿Qué representaría para las derechas de esos países un derrumbe de Milei como el que se estaba insinuando la semana pasada?

El comunicado de Bessent incluyó otra afirmación tan hermética como relevante. La ayuda que se decidió será implementada después de las elecciones. ¿Quiere decir que esa ayuda, o las condiciones para conseguirla, dependen del resultado del 26 de octubre? Es imposible saberlo. Sin embargo, hay algo que está claro: de Milei no se espera sólo que modifique algunas líneas de su programa macroeconómico. También debe garantizar solvencia política.

De todos los enigmas que pesan sobre la vida pública acaso el más importante se refiere a cómo Milei interpretará lo que le sucedió en la última semana. Puede interpretar que, debido a los numerosos errores cometidos, estuvo a punto de desbarrancarse hacia el abismo hasta que una mano poderosa lo sostuvo. O creer que, debido a sus virtudes y sus éxitos, el presidente de los Estados Unidos acaba de premiarlo. El salvataje financiero puede ser leído, entonces, como un socorro en la emergencia o como una condecoración.

El modo en que él resuelva esta disyuntiva es crucial para el futuro de su experiencia en el poder. Bessent revirtió las expectativas funestas del mercado financiero. Pero todavía quedan por revertir las expectativas de una parte de la sociedad que está desilusionada con Milei. Para lograrlo debe encontrar un discurso electoral. La crisis financiera de la semana pasada y el salvataje con que Trump vino a interrumpirla abrieron una herida en el corazón del oficialismo. Para cualquier grupo político una tormenta de esa naturaleza es perniciosa. Pero lo es mucho más para uno que ofrece, casi como único beneficio, eficiencia en el manejo de la economía. Con el dólar a 1500 pesos y el riesgo país en 1500 puntos Milei perdió la infalibilidad que muchos le adjudicaban en aquella materia por la que ingresó a la política. Ahora tendrá que explicar que la receta no esconde una falla. Aquellos que estaban convencidos de que el trabajoso equilibrio fiscal era una garantía suficiente de estabilidad material, se estarán preguntando qué pasó. ¿Ese equilibrio era un mito? ¿O hay variables ajenas a lo fiscal que pueden también desencadenar un huracán? Este es el marco conceptual de un problema operativo: ¿los miembros del equipo del Palacio de Hacienda, con Caputo a la cabeza, se animarán a mirar a los ojos a Milei para formularle las severas reservas que tienen ante algunas de sus decisiones de política económica?

Hay otra dimensión de la gestión que funciona como una usina de crisis permanente. El internismo feroz. El Presidente se vanaglorió en su momento de haber forjado un “triángulo de hierro”. Una descripción que dejaba la sensación de solidez e invulnerabilidad. Sin embargo, ese “triángulo de hierro” se ha convertido en una fuente incesante de conflictos. Sobre todo por los enfrentamientos del “Mago del Kremlin”, Santiago Caputo, con el equipo de Karina Milei, por no decir con la misma Karina Milei. Una versión insistente afirma que en la última reunión de gabinete, cuando Milei, aconsejado por el “Mago”, insinuó que prescindiría de los servicios de algunos colaboradores de su hermana, ésta amenazó ya no con retirarse del Gobierno, sino con irse del país. Habladurías.

Así como la receta económica se mostró, por su diseño teórico o por su defectuosa puesta en práctica, insuficiente, la estrategia de marketing comenzó a dar resultados adversos. La suposición de que La Libertad Avanza estaba en condiciones de encarnar una nueva hegemonía no dañó tanto a los opositores como a los aliados. Esa rivalidad innecesaria terminó impactando en el Congreso y provocando derrota tras derrota. Las diatribas contra la casta terminaron alejando a los socios. Al mismo tiempo, una de los dispositivos cruciales del proselitismo de Milei, la hiperactividad militante en las redes sociales, se volvió contra el Gobierno. La jauría tuitera del “Mago” Caputo se dedica en las últimas semanas a insultar a figuras principales del oficialismo, empezando por el jefe de Gabinete, Guillermo Francos. Curiosa coincidencia: ahora se suman al ataque legisladores más o menos cercanos a La Libertad Avanza. Las agresiones empezaron, también es llamativo, cuando Francos propuso investigar si durante la gestión de Sergio Massa se cobraban coimas a cambio de otorgar autorizaciones para las importaciones. La disputa interna no cesa ni ante el peligro de extinción. El match que se libra en estas horas es por el mérito de haber conseguido la ayuda de Trump: ¿Hay que agradecerle al canciller, Gerardo Werthein, un mimado de Karina? ¿O al hiperconectado empresario Leonardo Scatturice, íntimo del “Mago”? Los libertarios se han vuelto caóticos. ¿TMAP?

Milei debe ordenar su propia casa si desea traer invitados. Es muy posible que para regenerar la confianza deba recomponer su equipo. Tal vez, incorporar a aliados. Es un ajedrez en el que la figura y el rol de Mauricio Macri se vuelven muy relevantes. Pero es imposible emprender esta reconstrucción si las señales que emite el equipo más íntimo del Presidente hacen pensar en la anarquía.

La temible turbulencia de la semana pasada fue interrumpida por la ayuda de los Estados Unidos. Pero las razones que llevaron a ella siguen vigentes. A Milei parece haberle llegado la hora que les llegó a muchos de sus antecesores: el momento en que una crisis obliga a mirar la escena desde cero para, después, resetear la administración. Sólo así recuperará, para octubre, un discurso de campaña que hoy no tiene. Salvo que el Presidente y su equipo crean que alcanza con decir “Kirchnerismo nunca más”. En otras palabras: salvo que crean que alcanza con definirse contra algo.

El peronismo, en cambio, acaba de encontrar un argumento. Patria sí, colonia no. Vuelve a su raíz: Braden o Perón. Todo en sepia. Pero acaso sean consignas eficaces para retener a sus votantes. Bessent colabora cuando sugiere: “Vamos a ayudar, pero si votan bien”.

Además de agitar el sentimiento nacionalista, la dirigencia del PJ prepara algunos dardos de campaña. Uno de sus blancos preferidos es, como siempre, Patricia Bullrich. Es la candidata del oficialismo a la senaduría porteña, una competencia en la que los candidatos de Milei tienen todas las de ganar. Desde el kirchnerismo agitan el último fallo del Tribunal Oral Nº 8 en el que se revelan, con demasiados detalles, la conexiones entre la actual ministra de Seguridad y el insólito agente informal de inteligencia Marcelo D’Alessio, para manipular causas judiciales durante la gestión de Juntos por el Cambio. El pronunciamiento de los jueces es delicado, porque se proyecta sobre otras causas en las que D’Alessio habría realizado sus maniobras. Una es la que se sigue por la compra de gas natural licuado durante las gestiones kirchneristas, cuyo desenlace se conocería el martes próximo. La otra, mucho más grave, es la de los cuadernos de las coimas, investigada en este diario por Diego Cabot. ¿Hubo extorsiones para excluir a algunos empresarios o funcionarios del expediente judicial? La guerra electoral en la Argentina se libra en tribunales.

Cuando el genial Juan Carlos Torre evoca su paso por el Ministerio de Economía, durante la gestión de Juan Sourrouille, afirma que, si quiere alcanzar el éxito, todo plan de estabilización tiene que contar con tres condiciones. Debe tener solidez técnica. Debe ofrecer una tierra prometida que justifique los esfuerzos. Y debe contener, sobre todo, a las víctimas de su ejecución. Quiere decir que un programa de estabilización económica es un artefacto político.

Milei regresa de los Estados Unidos y debe revisar las características generales de su programa con la misión de recrear expectativas positivas. Sólo si lo logra, alineará a buena parte de la clase política detrás de sí. Los dirigentes no adhieren a un líder porque simpatizan con el líder. Lo hacen porque temen el castigo de la gente que confía en ese liderazgo. Sin que se restituya esa confianza colectiva será imposible constituir un oficialismo, es decir, un sujeto capaz de gerenciar reformas en los próximos dos años. Es algo que no provee Trump. Eso lo tiene que lograr Milei.

miércoles, 10 de septiembre de 2025

De lectura obligatoria: "El peligro de otra derrota", por Joaquín Morales Solá

 


Existe un problema de gestión del que nadie se hace cargo: la economía del día a día fue una razón esencial del traspié bonaerense 

Dicen que el Presidente llegó el lunes a la Casa de Gobierno cansado, como quien ha pasado una noche sin dormir, pero decidido a implementar cambios inmediatos en su equipo político. Antes, había hecho trascender que la derrota no se debía a su plan económico, sino a la política. ¿Equivocada? ¿Mal ejecutada? Nadie precisó por qué el daño de esa enorme magnitud fue de la política. Según tales fuentes seguras, Javier Milei estaba convencido de que el subsecretario Eduardo “Lule” Menem y el armador político de La Libertad Avanza en la provincia de Buenos Aires, Sebastián Pareja, debían abandonar el Gobierno cuanto antes. También había decidido que Martín Menem tenía que anunciar que su actual mandato como presidente de la Cámara de Diputados, que vence el 10 de diciembre próximo, sería el último, porque renunciaría a una eventual reelección al frente de una de las cámaras del Poder Legislativo. La Cámara de Diputados elige en el mes de diciembre a las autoridades que la conducirán durante el año siguiente. 

Martín Menem ya había pasado un momento desagradable en público cuando el domingo Milei lo saludó solo con la mano y sin mirarlo, a pesar de que venía dándoles abrazos a todos los que lo rodeaban en el acto de La Plata, donde él reconoció la dura derrota frente al peronismo con un discurso llamativamente moderado y autocrítico. Milei no suele ser moderado ni autocrítico. En la mañana del lunes, poco después de que ingresara al despacho de los presidentes, el jefe del Estado se reunió a solas con su hermana Karina, la lideresa de ese equipo formado por los primos Menem y Pareja. Una hora más tarde, la secretaria general de la Presidencia abandonó la oficina de su hermano y este anunció que confirmaba a todos en sus cargos. Karina Milei había logrado convencerlo a su hermano de que la salida de su equipo más cercano de colaboradores significaría un gesto que la hundiría en la debilidad política.

“El Jefe”, como Milei llama a su hermana (algo o mucho de machismo le impide usar el femenino para referirse a una mujer, aunque sea su invalorable hermana), no es solo, por lo que parece, una metáfora; Karina Milei es realmente la jefa de la administración pública, salvo el manejo técnico de la economía que está en manos de Milei y del ministro Luis Caputo. Por eso, era imposible que el Presidente imaginara siquiera lo que muchos proponían: que Karina Milei abandonara su cargo actual, se convirtiera en jefa de los asesores del Presidente, y que tanto los Menem como Pareja se dedicaran a otra cosa. Que Carlos Menem haya tenido talento político, con sus luces y sus muchas sombras, no significa que sus genes han sido heredados por los sobrinos. Pero tales ideas ni le llegaron ni se le ocurrieron a Milei. Jamás habrá un Gobierno de Javier Milei sin la presencia eminente y decisoria de su hermana.

Milei y los clavos en el cajón equivocado

La única modificación que se les ocurrió a la diarquía que gobierna es la creación de una mesa política con los mismos protagonistas que ya estaban y que, al final del día, actuaban como asesores políticos de la perdidosa administración. Solo cambiaron el lugar de las sillas. Punto. Nada más para ofrecerles a los argentinos que esperaban ver cómo se salva o cómo derrapa un Gobierno de apenas 21 meses. Si bien se mira esa mesa, solo hay dos personas con experiencia política como para aportar algo nuevo ante la crisis que se abrió: el jefe de Gabinete, Guillermo Francos, y la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich. Pero Francos necesita tener, por lo que se observa a la distancia, más poder en el valor de su palabra frente a los aliados y a los adversarios. Y dejar de conducir la ambulancia del SAME político para andar curando las heridas que provocan Milei y los mileístas.

Al Presidente se le ocurrió también convocar a los gobernadores a una reunión, pero Milei cree que la gente se olvida fácilmente de los agravios y de los ninguneos. Los gobernadores aseguran que el superávit de las cuentas nacionales se alcanzó gracias a que les deben a ellos los recursos que les corresponden. Muchos mandatarios provinciales debieron, al mismo tiempo, hacerse cargo de obras públicas, como la conservación de rutas nacionales, disponiendo de dineros provinciales y ante la fuerte protesta de una sociedad que no suele distinguir quién es el responsable de cuidar su calidad de vida.

Los gobernadores no están en condiciones de aceptar fácilmente una reunión con el Gobierno nacional después de que este cayó abatido electoralmente por el peronismo en un distrito clave. En rigor, el Gobierno federal maltrató a los gobernadores aliados y también a los adversarios, o los trató de igual manera a los dos. Fue la primera reacción de los mandatarios ante las consultas de funcionarios nacionales. Además, seis de ellos formaron un frente político distinto del mileísmo y del kirchnerismo.

Según versiones creíbles, Francos les propuso a los gobernadores reunirse con cada uno de ellos en reuniones separadas porque reconoce que los problemas no son los mismos. “Qué tiene que ver la situación de Tierra del Fuego con la de Córdoba”, explican cerca de los gobernadores. También es cierto que siempre resultará mejor el diálogo cara a cara con cada gobernador que hablar frente a una asamblea de 24 mandatarios juntos.

El caso de Bullrich es distinto. Hay algunos funcionarios de Milei que proponen conservar en su actual cargo a la ministra de Seguridad y sacarla de la boleta electoral de octubre como candidata a senadora nacional por la Capital. “Ella estará criticando al Gobierno desde el Senado no más allá de enero”, pronostican, porque saben que a Bullrich nunca le gustó la candidatura senatorial. Siempre se imaginó reemplazando a Francos en la jefatura de Gabinete, aunque esa vacante sea ahora más improbable que nunca, o compartiendo con Milei la fórmula presidencial en 2027 cuando la reelección del Presidente se parecía a un paseo. La política nunca es un paseo, mucho más cuando se están escalando esas cimas.

En verdad, fue Karina Milei la autora intelectual de la candidatura a senadora de Patricia Bullrich. “Se la quería sacar de encima y encontró una forma elegante de hacerlo. Patricia se irá del Gobierno en diciembre”, dicen los funcionarios que conocen las costuras de la política oficialista. Dan por descontado, con razón, que la ministra de Seguridad tendrá una banca de senadora, ya sea por la mayoría o por la minoría. Es mucho más probable que sea por la mayoría, según la conformación del electorado capitalino.

Existe también un problema de gestión, del que nadie se hace cargo. Guillermo Francos lo dijo con claridad cuando, al hacer una evaluación pública de la derrota, señaló que los logros de la macroeconomía no habían llegado a la microeconomía, que es la que ve y toca la gente común. La economía del día a día fue una razón esencial de la derrota. Nadie intentó en los meses pasados, que fueron los meses de la luna de miel, las imprescindibles reformas previsional, laboral e impositiva. Los esfuerzos de la sociedad podrían ser recompensados con una baja de impuestos y con una mejor gestión de los recursos públicos. Resulta que algunos políticos aliados llevaron esos problemas a la Casa de Gobierno y la respuesta de los funcionarios (sobre todo de Santiago Caputo) fue que esos consejeros querían llevarse “las cajas” del Estado. Se trata de organismos y empresas públicas que administran los principales recursos públicos. “Santiago, se trata de administrar bien, no de llevarse nada”, le respondió uno de esos interlocutores. Varios aliados quedaron con la fatal percepción de que prominentes funcionarios mileístas estaban más preocupados por “las cajas” que por la buena gestión de ellas. Todo eso sucedió antes de que estallaran los escándalos de la criptomoneda $LIBRA y de los audios del exdirector de la Agencia Nacional de Discapacidad Diego Spagnuolo, que exhibieron una presunta trama de corrupción en la compra de medicamentos por parte del Estado.

Ahora puede ser tarde. Tal vez un buen termómetro del malestar político deba buscarse entre los dirigentes de Pro, donde les empiezan a pasar duras facturas políticas a los que llaman “los apresurados” (en aliarse con Milei) y a reivindicar a dirigentes que tomaron distancia a tiempo del mileísmo, como María Eugenia Vidal o Silvia Lospennato. Otros dirigentes de ese partido contraargumentan que la soledad de Pro en las elecciones pasadas lo hubiera dejado en un lugar muy pobre en los resultados del domingo, y que, encima, el Gobierno habría tenido el pretexto de culparlo de la derrota. “Pagamos el precio de acercarnos, es cierto, pero ahora el Gobierno está obligado a mirarse en el espejo si quiere encontrar el culpable”, señala, socarrón, un alto dirigente de Pro. El silencio de Mauricio Macri es también un síntoma de su incomodidad. “Le dio todo su apoyo al Presidente cuando el país vacilaba entre caer en manos de Sergio Massa o de Javier Milei, y el Gobierno le contestó con el destrato, la indiferencia o el agravio”, cuentan los que frecuentan al expresidente. Ni siquiera, aseguran, aceptaron un solo consejo de los muchos que les dio el macrismo. La soledad es también una construcción propia.

Milei corre el riesgo de perder en octubre todos los votos que Pro le dio en la segunda vuelta de las presidenciales de 2023. Hasta el sábado, la política y los encuestadores aseguraban que el Gobierno perdería las elecciones bonaerenses del domingo (nunca imaginaron que sería por semejante diferencia) y que ganaría las elecciones nacionales de octubre. Después del descalabro de Buenos Aires, ninguna certeza está vigente. Para peor, al frente lo tiene al peronismo. Un dirigente que viene del peronismo, aunque ya no milita en esa corriente, describe así el momento actual: “Cuando el peronismo huele la derrota se vuelve trotskista y practica el cuanto peor, mejor”. Se escucha a algunos dirigentes peronistas, y no a los más radicalizados, decir que “es necesario que Juan Schiaretti esté en la Cámara de Diputados”. ¿Por qué? Porque la le ley de acefalía señala que, ante el alejamiento definitivo del presidente y vicepresidente de la Nación, la Asamblea Legislativa elegirá un presidente provisional para cumplir el mandato en curso entre funcionarios elegidos: gobernadores, senadores o diputados nacionales. Schiaretti es candidato a diputado nacional por Córdoba para los comicios de octubre. Lo primero que debe señalarse es que Milei debe llegar a las elecciones de octubre (también eso se pone en duda) y que debe cumplir con su actual mandato, que concluirá el 10 de diciembre de 2027. La caída apresurada de un presidente conlleva demasiado sufrimiento social, como se vio cuando cayó Fernando de la Rúa. Lo segundo que debe advertirse es que existe una vicepresidenta de la Nación, Victoria Villarruel, que Milei se encargó de alejar de sus logros y, felizmente para ella, de sus fracasos. Y que la Constitución señala que es el vicepresidente quien debe concluir el mandato en caso de acefalía en la Presidencia. El Gobierno le debe a la sociedad decisiones más amplias y generosas después de todo lo que pasó y cuando, además, tiene enfrente a semejantes adversarios urdiendo una emboscada.

Joaquín Morales Solá 
Ilustración: Alfredo Sábat

miércoles, 3 de septiembre de 2025

"El dilema de Milei: ¿qué hacer con El Jefe?", por Gonzalo Abascal

 


Milei tiene un problema: el jefe.
No es un problema poco común (muchos jefes no funcionan y arrastran a subordinados a crisis "invisibles", hasta que es demasiado tarde), pero sí de difícil resolución. ¿Cómo cambiar al jefe?
Lo infrecuente del caso es que fue el propio Milei quien se construyó la encerrona. "Ella es el jefe", repitió en voz alta hasta el cansancio, señalando a su hermana Karina, y sin calcular si el chiste podía convertirse en una trampa más adelante.
No se detuvo en la chanza. Concretó la ocurrencia designándola nada menos que secretaria general de la presidencia. Y lejos de circunscribir el cargo a las cuestiones en las que la confianza en su hermana representara un valor, la distinguió -o ella se autoproclamó- como la diseñadora política de estrategias electorales asesorada por los primos Menem.
Tanto empeño en legitimarla en realidad expuso la imposibilidad de Karina -quien habló muy poco y muy breve en público-, en hacerlo por sí misma.
Pero la idea cristalizó. Karina no es un funcionario. Es Milei, y Milei es su hermana. Mal negocio. Quien quiera debilitar al Gobierno tiene dos blancos, no uno, dónde apuntar.
Haberlo pensado antes.
Hoy es tarde. Karina Milei está en el centro de la tormenta que empezó con las grabaciones clandestinas en las que Spagnuolo, un ex funcionario de segunda línea, la menciona como el eslabón final de una cadena de corrupción.
A la acusación le siguieron las grabaciones, supuestamente en su despacho de la Casa Rosada, episodio que el Gobierno denunció como una operación de "inteligencia ilegal". En este caso, la hermana del presidente sería la víctima, pero la mención de su nombre -sin importar lo que diga en las grabaciones, que por otra parte casi nadie escuchó-, hoy sólo sugiere sospechas.
A las acusaciones, Karina le suma el daño auto infligido. Asesorada por los Menem, rompió la alianza con el oficialismo en Corrientes y puso el cuerpo para apoyar al candidato libertario a gobernador. ¿Resultado? Cuarto lugar, y lejos. Fue el último capítulo de una serie de elecciones sin mucho para festejar. El domingo se verá qué pasa en la Provincia.
Frente a la crisis, el Gobierno tartamudea respuestas con la cadencia de la improvisación y, lejos de callar la discusión, la revitaliza. Spagnuolo miente. Denunciamos una operación de inteligencia ilegal. Los periodistas son espías.
Son pelotazos a cualquier parte. No hay plan. Y como sabe cualquiera con media hora de tribuna. Así la pelota vuelve.
Lo peor: el Gobierno, supuesto defensor de las libertades, descarrila con un intento de censura que encuentra cauce en un juez que está más para dar explicaciones que para exigirlas: suma ocho denuncias en contra, cinco por acoso sexual. Brillante movida "pegarse" a semejantes antecedentes.
Cartón lleno. A las sospechas de corrupción, el presidente acaba de sumarle la certeza de sus reflejos antidemocráticos y su propensión autoritaria.
Pierde en cuestión de semanas dos banderas centrales de su construcción discursiva: la lucha contra la corrupción y la defensa de las libertades.
Ahora Milei tiene más de un problema.