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martes, 23 de diciembre de 2025

HIERBA MALA NUNCA MUERE... ¡¡Y LO QUE VA A DURAR!! ESPERO QUE HASTA EL FINAL DE SUS DÍAS SEA EN CAFÚA 🙏🙏

 

La paciente Cristina Kirchner: los detalles de su compleja historia clínica

La ex mandataria fue internada de urgencia por un cuadro abdominal y debió ser intervenida quirúrgicamente. El episodio reavivó la atención sobre su estado de salud y un historial médico que incluye cirugías y afecciones previas a lo largo de los últimos años.

Dos veces presidenta de la Argentina, Cristina Fernández de Kirchner ha atravesado a lo largo de los años diversos problemas de salud que acompañaron su extensa trayectoria política. El episodio más reciente ocurrió el sábado 20 de diciembre, cuando fue internada de urgencia en el Sanatorio Otamendi por un cuadro de apendicitis aguda con peritonitis localizada. Allí se le practicó una laparoscopía que resultó exitosa y, según el parte médico, evoluciona favorablemente con tratamiento antibiótico, sin fiebre ni complicaciones, aunque continuará internada hasta completar el esquema indicado.

Este cuadro se suma a un historial médico complejo, que incluye cirugías de alta complejidad y afecciones crónicas, como una operación de tiroides, una intervención quirúrgica en la cabeza, episodios de lipotimia o baja presión arterial, y rosácea.La operación de tiroides en 2012 fue uno de los episodios más notorios. Diagnosticada con nódulos sospechosos de cáncer papilar, Cristina Kirchner se sometió a una tiroidectomía total el 4 de enero en el Hospital Austral. La cirugía duró tres horas y media; los estudios postoperatorios confirmaron que eran benignos (adenomas foliculares), descartando malignidad. Recuperada en semanas, requiere hormonas de reemplazo de por vida. Este evento generó especulaciones, pero no dejó secuelas graves.

En 2013, una cirugía en la cabeza por un hematoma subdural la obligó a reposo. Originado posiblemente en un golpe en agosto, presentó dolores intensos, hormigueo y debilidad. El 8 de octubre, en la Fundación Favaloro, se realizó una craneotomía para drenar la sangre acumulada, en una hora y media. Vinculado a hipertensión y estrés, se recuperó sin complicaciones tras un mes de descanso.

Los episodios de lipotimia o baja presión han sido recurrentes, especialmente entre 2011 y 2013, agravados por estrés, calor e hipertensión subyacente. En enero de 2011, una ola de calor causó un desmayo que suspendió actividades. Siguieron incidentes en abril, mayo y octubre de 2011, y agosto y octubre de 2012. No requirieron internaciones largas, pero sumaron ausencias equivalentes a uno de cada 11 días entre 2012-2015. 

La rosácea, una condición cutánea crónica con enrojecimiento facial, ha sido mencionada por ella misma. En 2017, en un discurso, aludió a una crema para tratarla, criticando las subas de precios. Es manejable con tópicos, sin impactos mayores documentados.

Por último, está su psiquis. En 2006, NOTICIAS reveló que la entonces candidata presidencial en ciernes habría estado bajo tratamiento por un cuadro de trastorno bipolar. Una de las fuentes de la investigación era el psiqiuiatra que la había tratado, una eminencia en la materia. Dijo que su cuadro era leve y estaba controlado. En su libro "Secreto de Estado" (Sudamericana, 2015), el periodista Nelson Castro avanzó en esa búsqueda, confirmó el dato y publicó la identidad del psiquiatra, el fallecido Alejandro Lagomarsino.

También el ex presidente Eduardo Duhalde se refirió al tema cuando dijo que Néstor Kirchner le habría mencionado ese cuadro de su esposa. Y uno de los médicos presidenciales de Cristina, Luis Buonomo, reconoció que estaba medicada con un estabilizador del ánimo que se usa para cuadros de bipolaridad, Valcote. 

En resumen, estos cuadros reflejan la resiliencia de Kirchner ante desafíos de salud, influenciados por su intensa vida política. Fuentes médicas oficiales y reportes periodísticos respaldan esta cronología, destacando su capacidad de recuperación. (Noticias)

miércoles, 10 de diciembre de 2025

Durísimo relato de Darío Lopérfido sobre su enfermedad y cómo proyecta su futuro

 


Tener ELA es una mierda. No por la posibilidad de morir, que me tiene sin cuidado. La vejez me resulta odiosa; morir sin atravesar esa catástrofe humana, en cambio, me parece un alivio.

El problema de la ELA es que es una enfermedad sin épica. Un buen cáncer te da todo un tiempo con tratamientos espantosos durante el que podés aparecer pelado y decir “yo le voy a ganar al cáncer”. En la mayoría de los casos, el pelado se muere. Pero le deja un legado a su familia: que pueden decir “cómo la peleó”.

En mi caso, la ELA tardó un año en arruinarme un pie. Imposible meterle épica a eso. Por lo demás, no hay tratamiento dramático que sirva para explicar a familia y amigos que uno “la está peleando”; la ELA es una enfermedad de una ordinariez insoportable. No hay anécdotas para contar. Lo más heroico que te puede pasar es caerte. Yo me caí bastante, pero caerse da un poco la imagen de idiota. Caerte en la calle no puede competir con salir pelado de una sesión de quimio. Recuerdo al director de la Filarmónica de Berlín, Claudio Abbado, dirigiendo conciertos flaco y demacrado mientras el cáncer se lo comía. La pasaba mal, pero el público aplaudía el doble. El señor se estaba muriendo, pero el glamour era innegable.

David Bowie sacó Blackstar tres días antes de morirse de cáncer. En «Lazarus» canta: “Look up here, I’m in heaven/ I’ve got scars that can’t be seen”. Grabó el disco y el video muriéndose. Arte y glamour: enfrentar la muerte con belleza. Imagino a la muerte esperando a que Bowie terminara de grabar. Siempre lloro cuando veo el video.

La ELA no te deja nada de glamour. Caminás pésimo, la voz se te vuelve de borracho y comés con el riesgo de que se te caiga la baba.

La ELA no te deja nada de glamour. Caminás pésimo, la voz se te vuelve de borracho y comés con el riesgo de que se te caiga la baba. Chau NOBU, chau pizzería del barrio, fue un gusto conocerlos: ya no querés que te vean comiendo y bebiendo. La ELA te embrutece.

Empezás a querer esconderte. Salvo los pacientes exhibicionistas, esos que están en una silla de ruedas sin poder mover nada y sienten que tienen que mostrarlo como algo normal. Gente a la que los antidepresivos les hacen mucho efecto; de otro modo no se explica que quieran exhibir semejante destrozo. A menos que seas Stephen Hawking, que siempre fue una desgracia estética pero tuvo una cabeza privilegiada.

A mí me funcionan bien una mano y una pierna, lo que me permite trabajar, pero en casa, escondido. Una sola pierna que funciona es lo mismo que nada. Se necesitan dos para caminar, así que espero que la enfermedad siga con la otra y terminemos con el entusiasmo banal de tener una pierna sana. La gran pregunta es qué se puede hacer con un cerebro y una mano. Yo creo que algunas cosas se pueden hacer. Escribir, por ejemplo, que es lo que hago todos los días en mi vida de minusválido.

Debo admitir que tengo una característica complicada para estar enfermo. No creo en Dios y ni siquiera soy agnóstico: soy ateo. No creo en la medicina alternativa ni en los laboratorios que se hacen ricos vendiendo ibuprofeno, y ningún dueño de ningún laboratorio va a vender su yate para investigar la cura de una enfermedad que afecta a poquísimas personas. Los entiendo, la ELA no es una causa popular. No creo en nada: ni vírgenes milagrosas, ni reiki, ni constelaciones familiares, ni homeopatía. En nada. Todo me da risa y si pruebo algo de eso me tiento al minuto.

Me gustaría creer en algo, porque el ratito en que uno prueba con algo hasta que se da cuenta de que es un fraude suele ser agradable, pero no puedo. Sólo creo en los antidepresivos y en algunas drogas ilegales para mantener el ánimo. No espero más. Por un lado es malo, porque te perdés esos minutos de ilusión, pero yo prefiero vivir sin otra expectativa que empeorar. El cerebro queda siempre, y es el único órgano que vale la pena. Uno es un cerebro, y con la ELA esa percepción se agiganta. Si tenés ELA, la única alternativa para no convertirte en una planta delante del televisor es expandir la actividad cerebral al límite. Al sistema sólo le importa que el paciente viva más, no importa cómo. Lo único que puede interesarme de este asunto es exigirle a mi cerebro como nunca lo hice cuando estaba sano.

Ser ateo y tener una enfermedad incurable abre un tema de reflexión. Ante todo, me gustaría aclarar que no soy un ateo fanático, como Christopher Hitchens. Lo vivo, más bien, como una falta. Me hubiese gustado creer en Dios, pero no puedo. Soy, como decía Albert Camus, un hombre en busca de la fe que nunca la encontró. Siempre les agradezco a quienes me dicen que rezan por mí; agradezco ser sujeto pasivo de los rezos de los demás.

Me gustan algunas cosas de la religión católica y del judaísmo, pero tienen historias muy poco creíbles para quien necesita de hechos comprobables. Los ejemplos disparatados son infinitos. A Mahoma lo tocó un ángel que bajó del cielo y le dictó el Corán. ¿De verdad alguien puede creer eso? Hace falta un acto de fe, una entrega incondicional del pensamiento que yo no tengo. No me jacto de eso; simplemente no me pasa.

Creo que cuando morimos sólo desaparecemos bajo la tierra o en cenizas. Con los millones de personas que mueren por día, es ilógico pensar que va a haber una clasificación de cada uno para su destino final. Game over es el momento en que uno deja de respirar. Todo termina ahí.

La pregunta es si es mejor o peor creer en Dios cuando la muerte empieza a verse de cerca. Los creyentes tienen expectativas; los ateos la pasamos peor ante nuestro destino: ser un cuerpo incinerado o enterrado. Además, yo nunca creí en Dios y si ahora me volviera creyente parecería un acomodaticio que quiere hacer méritos porque el final se acerca. Ser ateo toda la vida y volverse creyente en la enfermedad sería un desastre.

No creo ser el mismo ya. Era un buen polemista y ahora no puedo hablar bien, no camino bien, no tengo vida social y todo es raro.

Ser ateo tiene la ventaja de que uno vive con intensidad lo que queda. Como cuando tocan la campana en los pubs ingleses para avisar que están por cerrar y la gente toma un par de cervezas rápidas. Vivir el final tiene algo interesante; la noción de final es parte de la vida. Yo prefiero vivirlo así, sin consuelo ni ningún Dios con quien enojarme. Ha muerto tanta gente a lo largo de los siglos que nuestra muerte no puede ser un acontecimiento destacable en la historia de la humanidad. Los demás seguirán su vida sin acordarse demasiado del muerto, salvo en anécdotas. Tu mujer tendrá otro novio, tus hijos te recordarán emocionados en Navidad y todos tus amigos seguirán su vida recordándote con alegría por los momentos vividos. Nadie, afortunadamente, queda pendiente de un muerto. Y el muerto no se entera de nada, porque está muerto.

Pero la ELA te convierte en otra persona en la etapa previa a la muerte. No creo ser el mismo ya. Era un buen polemista y ahora no puedo hablar bien, no camino bien, no tengo vida social y todo es raro. Mi vida estuvo ligada a los placeres físicos e intelectuales. Los placeres físicos desaparecen: tu cuerpo se vuelve una cárcel y eso es lo que más extraño. Los placeres intelectuales, en cambio, puedo mantenerlos. Leer, escribir, hablar con amigos, escuchar música, ver películas: todo eso sigue siendo posible.

Lo que me intriga es eso que un enfermo produce en los demás. Me doy cuenta de que ellos también perciben que soy otra persona, pero no lo dicen. Se vinculan con vos por el pasado y el afecto compartido. Pero un enfermo de ELA no hace nuevas relaciones. El feísmo del enfermo de ELA es muy notorio. Tengo que resolver ese problema, porque siempre amé la belleza. Amar la belleza y convertirte en algo feo es una de las cosas más difíciles. La misma persona que antes te miraba con una chispa de simpatía, y hasta una imperceptible tensión sexual, ahora te mira con lástima. Y a mí me resulta insoportable la lástima.

Y exijo el derecho inalterable a putear. Putear me calma, me da paz.

Una consecuencia de la ELA es la infantilización del paciente. La gente asocia una enfermedad grave con hablarle al paciente como si fuera un niño, bajo la idea espantosa de que ese tono es una manera de darle amor. Pero el amor no te arregla semejante desastre físico. “No se puede vivir del amor” decía Andrés Calamaro, y yo firmo esa sentencia. Cada vez que me hablan de manera infantil, siento una oleada de odio. Cultivar el buenismo es insoportable siempre, y cuando uno tiene una enfermedad como esta, es peor aún. El paciente, antes que paciente, es una persona, y las personas tienen deseos y necesidades. Transformarlo en discursos del bien es insoportable. Mis niveles de tolerancia han bajado y lo único que acepto es que me hablen en serio o que me hagan reír.

Hace años vi una película canadiense llamada Las invasiones bárbaras, en la cual un enfermo terminal pasa su agonía con una joven que le lleva heroína como paliativo. Recuerdo la buena impresión que me causó ese hecho y cómo me parecía lógico que uno atravesara la agonía pasándola bien en lugar de sufriendo. También recuerdo discusiones con gente a la que le parecía mal. En Aniquilación, de Michel Houellebecq, hay un personaje con cáncer en la boca que se niega a una operación cruenta y decide pasar sus últimos días en paz teniendo sexo con su esposa. Aún no estoy en ese punto, pero voy a tener que poner en práctica cosas que he pensado toda la vida. Uno puede atravesar una enfermedad terminal mientras la vida no sea sólo un espanto. Cuando sólo queda el espanto, hay que buscar las drogas, el sexo o, si tienes la suerte de vivir en un país que la tenga, la eutanasia: el mayor logro de la humanidad para quienes no tienen esperanza y sólo conviven con el infierno.

No he decidido recurrir a ella todavía, pero saber que está a mi disposición me alivia. La eutanasia es la más liberal de las muertes y es mucho mejor que suicidarse.

Uno no puede decidir nacer, pero puede decidir morir. Vivir no debe ser obligatorio. No he decidido recurrir a ella todavía, pero saber que está a mi disposición me alivia. La eutanasia es la más liberal de las muertes y es mucho mejor que suicidarse, algo muy traumático para los que quedan. Además, los que se suicidan no lo habían hecho nunca antes: pueden fallar o hacer un enchastre. Siempre pensé lo mismo respecto a este tema. Tener ELA, que puede llevar a una instancia de puro dolor e incomodidad, me lleva, naturalmente, a pensar en eso de nuevo. La muerte más civilizada es la que uno decide en pleno uso de sus facultades.

No tengo ningún interés en probar hasta dónde llega mi capacidad para soportar el dolor o la ruina física. Hay parámetros que sirven de guía: poder trabajar es un motivo para estar vivo, los momentos de placer son otro. Yo ya tuve una vida fabulosa e intensa. La medicina actual se nutre de la idea de estirar la vida, pero el tramo final no puede arruinar lo que vino antes. Mi promedio es alto y debo conservarlo. Hay que respetar el estilo de vida hasta el final. Una agonía cruenta es algo que uno debe evitarse a sí mismo y evitarles a los demás.

La vida tendría que tener velatorios parciales. El Darío de antes de la enfermedad ya murió. El actual es otra persona con otra vida y otros pensamientos. No extraño mi pasado: viví muy bien y atesoro un montón de experiencias. Pero hay algo que sí me afecta: perderme mucho de la vida de mi hijo. Creía que no iba a ser padre hasta que conocí a mi mujer, y desde que ella quedó embarazada empezó una etapa luminosa en mi vida. Vivíamos en Berlín y estábamos juntos todo el tiempo. Yo tenía 54 años y era el momento ideal para tener un hijo. Quería a mi mujer como nunca había querido a nadie, ya sin las urgencias de ego que todos tenemos de jóvenes.

Desde que nació Theo pasamos mucho tiempo juntos. El celular me muestra fotos en las que estamos los tres: en Berlín, en Madrid, en Buenos Aires, siempre juntos. Todo eso pasó hasta los cinco años de Theo y me da mucha bronca pensar que él no se acuerda y que la imagen que tendrá de mí será la de un tipo enfermo con el que compartió cosas de manera limitada. No hay jugar al fútbol, ni paseos, ni ir al parque de diversiones. Es lo que más me afecta, al punto de haber evaluado la eutanasia cuando empecé a estar mal, porque me preguntaba qué era más traumático para Theo: un padre muerto o un padre deteriorado. Lo hablamos con mi mujer y vimos que todavía podíamos compartir algunas cosas, que valía la pena intentarlo.

Estoy muy atento a mi deterioro y sigo pensando en eso a diario. De todas las torturas que me depara la enfermedad, ser un padre limitado es la peor y la que no tiene solución. Escribir me calma porque pienso que cuando crezca y yo esté muerto, él podrá leerme.

Escribí estos capítulos, que serán parte de un futuro libro, escuchando Obertura de Tannhäuser, de Richard Wagner, por la Filarmónica de Berlín dirigida por Claudio Abbado. (Seúl)



domingo, 16 de marzo de 2025

Inanición y enfermedades por cancelación gratuidad de ciertos medicamentos

 



miércoles, 8 de enero de 2025

Denuncian penalmente al biógrafo del Presidente que descalificó a Esteban Bullrich

 

7/1/202522:48

Nicolás Márquez, autor de la biografía oficial de Javier Milei, fue denunciado penalmente por su descalificación en redes sociales a Esteban Bullrich. "Se te conoce no por tu capacidad como funcionario sino por tu enfermedad", le había dicho Nicolás Márquez al ex ministro de Mauricio Macri. Todas las novedades de la agenda política, en la cobertura minuto a minuto de Clarín.

Denuncian penalmente al biógrafo de Milei que descalificó a Esteban Bullrich

La diputada nacional Lourdes Arrieta tildó de "discriminador" al biógrafo de Javier Milei y presentó una denuncia penal en su contra por su descalificación a Esteban Bullrich.

Nicolás Márquez, autor de la biografía oficial del Presidente, atacó en redes al ex ministro de Educación de Mauricio Macri. "Se te conoce no por tu capacidad como funcionario sino por tu enfermedad", le comentó agresivamente en un posteo en X donde el ex senador, que padece ELA, recordaba el aniversario de su asunción al cargo porteño.

El escritor libertario intentó sopesar su agresividad en su mensaje al agregar "que ojalá puedas superar" luego de su mención a la enfermedad.

Poco después, Arrieta comunicó también en la red social: "Acabo de presentar una denuncia penal contra Nicolás Márquez, por sus declaraciones discriminatorias hacia el sr. Esteban Bullrich. Sus palabras vulneran la dignidad y los derechos de todos y son un mal ejemplo de pregonar las ideas de la libertad".

Y agregó: "Decir que una persona 'solo es conocida por su enfermedad' no sólo es una falta de sensibilidad y empatía: es discriminación. No podemos permitir que este tipo de discursos sigan perpetuando estigmas y exclusión en nuestra sociedad, y se difundan como naturales". (Clarín)


martes, 7 de enero de 2025

¿Qué hará "la conversa" ante semejante vileza?




Pero ante las repercusiones, el fulano reculó e intentó "escribir bonito"



domingo, 15 de diciembre de 2024

viernes, 16 de febrero de 2024

Salió a la luz que el hijo mayor de Juana Viale y Gonzalo Valenzuela, lucha contra una dura enfermedad


Juana Viale y Gonzalo Valenzuela se convirtieron en padres por primera vez en enero de 2008 cuando nació Silvestre Valenzuela. La conductora ya era mamá de Ámbar de Benedictis, fruto de su relación con Juan de Benedictis. Luego, el chileno y la nieta de Mirtha Legrand tuvieron a Alí y a Ringo, que falleció en el parto. Ya separados, ambos rehicieron sus vidas y el actor volvió a ser padre en 2019 junto a Gracia Omegna de una niña llamada Anka Valenzuela.

Juana Viale, Gonzalo Valenzuela y Silvestre Valenzuela
JUANA VIALE Y GONZALO VALENZUELA CON SILVESTRE.

Gonzalo Valenzuela sobre la enfermedad de Silvestre Valenzuela

Durante una emotiva transmisión en vivo en Instagram en agosto pasado, Gonzalo Valenzuela reveló que su hijo mayor, Silvestre Valenzuela, padece epilepsia y compartió abiertamente algunos detalles. Junto a la neuróloga Keryma Acevedo, como parte de la campaña "La Actuación de tu Vida", promovida por la Liga de la Epilepsia en Chile, se dedicaron a discutir y crear conciencia sobre esta afección.

Juana Viale, Silvestre y Gonzalo Valenzuela
JUANA VIALE Y GONZALO VALENZUELA CON SILVESTRE.

Gonzalo Valenzuela relató así la difícil lucha que ha enfrentado junto a su hijo desde que fue diagnosticado con epilepsia (enfermedad crónica fruto de la descarga eléctrica anormal de las neuronas en la corteza cerebral, según la Clínica Universidad de Navarra) a los doce años. El actor reveló momentos desgarradores, como aquel en el que se enteró de la enfermedad de su hijo mientras dormían juntos. “Fue súper fuerte. Yo estaba acá, en mi casa, y mis hijos me pidieron dormir en mi cama. Cuando me fui a acostar, desperté con unos golpes y no entendía qué estaba pasando. Silvestre estaba en un estado irreconocible. Se me paralizó el cuerpo, lo agarré en brazos para que su hermano no despertara”, relató el ex de Juana Viale. Y agregó: "Pensé que se me había muerto en un minuto, estaba pálido, con los labios morados. Estuvo inconsciente mucho rato después del ataque”.

Alí, el hijo de Juana Viale y Gonzalo Valenzuela
GONZALO VALENZUELA CON SUS HIJOS.

Luego, Gonzalo Valenzuela le pidió ayuda a un vecino cercano para llevar a Silvestre Valenzuela a una clínica. Después fue trasladado a Santiago para recibir el tratamiento adecuado. “Fueron cuatro días de espera muy angustiantes, de los resultados, empieza uno a descubrir un mundo nuevo. La incertidumbre es un lugar muy complejo de habitar”, aseguró el actor.

Finalmente, el ex de Juana Viale afirmó que, aunque la experiencia es difícil, una vez que se entiende qué es la epilepsia y cómo manejarla, todo cambia. 

PL (Caras)

martes, 5 de abril de 2022

miércoles, 7 de julio de 2021

Aseguran que el papa sufre una enfermedad severa y degenerativa y que YA NO SERÁ EL MISMO... ¿Acaso se "abuenará"?

Así lo publica, en un “artículo bomba”, el sitio católico de asuntos vaticanos “Il Sismógrafo”.



miércoles, 28 de abril de 2021

Esteban Bullrich dio detalles de su enfermedad y saltó la arpía diabólica

 

Image from Gyazo Image from Gyazo

No somos iguales 

Image from Gyazo

domingo, 2 de febrero de 2020

viernes, 15 de marzo de 2019

martes, 29 de enero de 2019

¡LA ESPERANZA! Científicos israelíes afirmaron que la cura para el cáncer estará lista en un año

El tratamiento utilizará una combinación de péptidos y una toxina que matará específicamente las células cancerosas

El nuevo tratamiento está siendo desarrollado por el laboratorio farmacéutico Accelerated Evolution Biotechnologies bajo el liderazgo del CEO, el Dr. Ilan Morad Foto: (ccelerated Evolution Biotechnologies)

Un equipo de científicos israelíes afirmó que se encuentran en el desarrollo de una cura para el cáncer que puede concluirse el próximo año, informó el Jerusalem Post este lunes.

El nuevo tratamiento está siendo desarrollado por el laboratorio farmacéutico Accelerated Evolution Biotechnologies bajo el liderazgo del CEO, el Dr. Ilan Morad, según el informe.

"Creemos que ofreceremos en un año una cura completa para el cáncer", dijo Dan Aridor, presidente de la junta de la compañía. "Nuestra cura para el cáncer será efectiva desde el primer día, durará unas pocas semanas y tendrá efectos secundarios mínimos o ninguno a un costo mucho menor que la mayoría de los otros tratamientos en el mercado".
El tratamiento, llamado MuTaTo, utilizará una combinación de péptidos contra el cáncer y una toxina que matará específicamente las células cancerosas.

El tratamiento eventualmente será personalizado y se les dará a los pacientes un cóctel específico de los medicamentos según su tipo de cáncer, dijo Morad al periódico.

Otros tratamientos:

Actualmente los tratamientos para curar diversos tipos de cáncer son muy caros. "Es posible que el alto precio impida una revolución en potencia en el tratamiento del cáncer", advirtió el especialista Ezekiel Emanuel sobre la inmunoterapia, que tiene costos de USD 373.000 a USD 475.000 por paciente

"Una cura para el cáncer se ha vuelto posible, incluso probable", escribió Ezekiel Emanuel, vicedecano de la Universidad de Pensilvania y titular del departamento de ética médica y políticas sanitarias.

Y es que los tratamientos personalizados son cada vez más comunes y más efectivos. Como en el caso de Heidi Spencer, quien creyó que su vida había terminado a los 45 años, cuando los médicos le comentaron que sólo viviría medio año, por lo que no podría ver crecer a sus dos hijos, William de siete años y Lewis de cuatro.



En el hospital sólo pudieron ofrecerle un tratamiento paliativo de quimioterapia para que pudiera alargar el plazo y así disfrutar un poco a sus pequeños.

Pero Heidi, se olvidó de los médicos y del diagnóstico que le dieron y buscó en Internet una alternativa distinta; ahí encontró a la compañía FoundationOne, que ofrecía una prueba que revelaría los medicamentos que necesitaba para eliminar sus 25 tumores en tres meses.

Y es que los expertos enfatizan que la detección temprana es la clave para un tratamiento exitoso, es por ello la importancia de pruebas de detección oportuna como la desarrollada por investigadores de la Universidad de Queensland lograron distinguir el rastro de ADN dejado por las células cancerosas en el torrente sanguíneo con un procedimiento sencillo y barato logrando un método de detección rápida de cáncer en tan sólo 10 minutos. (Infobae)

Funciona como un antibiótico


The Jerusalem Post - Israel News