Un Yankee en Argentina recibió una invitación de un desconocido a comer un asado y aceptó. Cayó a la casa de un profesor de Taekwondo y se pasó 5 horas comiendo como un rey, compartiendo la jarra de Fernet, bailando como loquita y tirando patadas como Van Damme. pic.twitter.com/V4P9v2VjOb
Alberto nos dijiste que eras profe de la UBA. Cosa que es falso. Son cargos jerárquicos que se concursan y NUNCA CONCURSASTE. Sos un simple docente interino...
A tres meses de abandonar Bolivia por la fuerza, el político que acompañó a Evo Morales durante sus últimos tres mandatos en el Gobierno, comenzará a dar clases en Argentina, donde se encuentra exiliado junto a su líder político. Álvaro García Linera ya recorrió las instalaciones de la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM), a la que se sumará como profesor. Según anunció la universidad, García Linera será docente en las carreras de Antropología y Sociología. Y también se sumará al Instituto de Altos Estudios Sociales (IDAES), donde desarrollará investigaciones en áreas como sociología, política y economía. "García Linera es un destacado intelectual en el ámbito de las ciencias sociales", destacó la UNSAM, que en 2012 le entregó el título de Doctor Honoris Causa "en reconocimiento a su trayectoria académica y política por los derechos indígenas y obreros". El dirigente político del MAS tiene trayectoria en el ámbito académico: es docente de grado y posgrado en la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA), en la Universidad La Cordillera y en Universidad Nuestra Señora de la Paz, entre otras. Paralelamente, García Linera continuará con la campaña electoral de Evo Morales, quien espera competir para el cargo de senador en las elecciones presidenciales de Bolivia del próximo 3 de mayo. “Vamos a ganar, lo que no sé es con cuánto. No va a estar fácil. Soy honesto, no sé si vamos a pasar el 40 por ciento en primera vuelta. Estamos haciendo todo el esfuerzo”, dijo en una charla reciente con universitarios mexicanos. El ex vicepresidente tiene un vínculo directo con Cristina Kirchner, con quien habló el 10 de noviembre pasado, el día en que Evo fue obligado a dejar el poder. El propio dirigente lo contó a Página/12: “Estábamos tomando la decisión de que íbamos a renunciar y Cristina fue la primera en saberlo. Los militares se habían sublevado. Teníamos a compañeros a los que les estaban incendiando las casas, un compañero ministro estaba desesperado porque amenazaban con quemar a su hijita; era todo un caos la información alrededor. Cristina me dijo: `sepan que vamos a apoyar la decisión que tomen`”. Previo paso por México, García Linera, su esposa y su hija de 2 años, están refugiados en Argentina. Por ahora, sostiene que volver a Bolivia sería "un suicidio". (Noticias)
"No doy más ¿Comprenden que apretó al profesor de Educación Física de Máximo porque sacó insuficiente por no saber hacer la vertical? Mirá si no se iba a cargar a un Fiscal que la denunció por traición a la Patria. ¡Qué vergüenza!, apretó al profesor en lugar de ayudar al hijo a vencer el obstáculo. Ahora SE ENTIENDE por qué durante y después de la década perdida las madres van y patotean y golpean a las maestras cuando sus hijos no aprueban... ¡ya sabemos DE DÓNDE aprendieron!" (Anónimo en LVI)
Ahí están, Anahí y el profesor del ENAM mandándose coranzoncitos.
Eso lo tienen que ver las autoridades del colegio, no Macri o la policía. pic.twitter.com/sXR1IT5ycM
Se trata del periodista y académico Leonardo Haberkorn, quien
renunció a seguir dando clases en la universidad ORT de Montevideo. “Me cansé
de pelearle a los celulares, el Whatsapp y el Facebook”. Fragmentos del texto publicado en su blog, El Informante
El profesor Leonardo Haberkorn dictaba clases
en la carrera de Comunicación en la Universidad de Montevideo, hasta que
renunció en diciembre de 2015.
Con mi música y la Falacci a
otra parte
Después de muchos, muchos años, hoy di clase en
la universidad por última vez.
No dictaré clases allí el semestre
que viene y no sé si volveré algún
día a dictar clases en una licenciatura en periodismo.
Me cansé de pelear contra los celulares, contra WhatsApp y Facebook. Me
ganaron. Me rindo. Tiro la toalla.
Me cansé de estar hablando de asuntos que a mí
me apasionan ante
muchachos que no pueden despegar la vista de un teléfono que no cesa
de recibir selfies.
Claro, es cierto, no todos son así.
Pero cada vez son más.
Hasta hace tres o cuatro años la
exhortación a dejar el teléfono de
lado durante 90 minutos -aunque más no fuera para no ser maleducados-
todavía tenía algún efecto. Ya no. Puede ser que sea yo, que me haya
desgastado demasiado en el combate. O que esté haciendo algo mal. Pero
hay algo cierto: muchos de estos chicos no tienen conciencia de lo
ofensivo e hiriente que es lo que hacen.
Además, cada vez es más difícil explicar cómo
funciona el periodismo
ante gente que no lo consume ni le ve sentido a estar informado.
Esta semana en clase salió el tema Venezuela.
Solo una estudiante en
20 pudo decir lo básico del conflicto. Lo muy básico. El resto no
tenía ni la más mínima idea. Les pregunté si sabían qué uruguayo
estaba en medio de esa tormenta. Obviamente, ninguno sabía. Les
pregunté si conocían quién es Almagro. Silencio. A las cansadas, desde
el fondo del salón, una única chica balbuceó: ¿no era el canciller?
Así con todo ¿Qué es lo que pasa en Siria?
Silencio.
¿De qué partido tradicionalmente es aliado el PIT-CNT? Silencio.
¿Qué partido es más liberal, o está más a la "izquierda" en Estados
Unidos, los demócratas o los republicanos? Silencio.
¿Saben quién es Vargas Llosa? ¡Sí!
¿Alguno leyó alguno de sus libros? No, ninguno.
Haberkorn lamenta que los jóvenes no pueden
dejar el celular, ni aún en clase (Shutterstock)
Conectar a gente tan desinformada
con el periodismo es complicado. Es
como enseñar botánica a alguien que viene de un planeta donde no
existen los vegetales.
En un ejercicio en el que debían salir a buscar
una noticia a la
calle, una estudiante regresó con esta noticia:
"todavía existen kioscos que venden diarios y revistas….
En la Naranja Mecánica, al protagonista le
mantenían los ojos abiertos
con unas pinzas, para que viera una sucesión interminable de imágenes,
veloces, rápidas, violentas.
Con la nueva generación no se
necesitan las pinzas. Una sucesión interminable de imágenes de amigos sonrientes les
bombardea el cerebro. El tiempo se les va en eso.
Una clase se
dispersaba por un video que uno le iba mostrando a otro. Pregunté de
qué se trataba, con la esperanza de que sirviera como aporte o
disparador de algo.
Era un video en Facebook de un
cachorrito de león que jugaba. El
resultado de producir así, al menos en los trabajos que yo recibo, es muy
pobre. La atención tiene que estar muy
dispersa para que escriban mal hasta su propio nombre,
como pasa.
Llega un momento en que ser periodista te juega
en contra. Porque uno
está entrenado en ponerse en los zapatos del otro, cultiva la empatía
como herramienta básica de trabajo. Y entonces ve que a estos
muchachos -que siguen teniendo la inteligencia, la simpatía y la
calidez de siempre- los estafaron, que la culpa no es solo de ellos.
Que la incultura, el desinterés y la
ajenidad no les nacieron solos.
Que les fueron matando la curiosidad y que, con cada maestra que dejó
de corregirles las faltas de ortografía, les enseñaron que todo da más
o menos lo mismo.
Entonces, cuando uno comprende que ellos también
son víctimas, casi
sin darse cuenta va bajando la guardia.
Y lo malo termina siendo aprobado como mediocre; lo mediocre pasa por
bueno; y lo bueno, las pocas veces que llega, se celebra como si fuera
brillante.
No quiero ser parte de ese círculo
perverso. Nunca fui así y no lo seré.
Lo que hago, siempre me gustó hacerlo bien. Lo
mejor posible.
Justamente, porque creo en la excelencia, todos los años llevo a clase
grandes ejemplos del periodismo, esos que le encienden el alma incluso
a un témpano.
Este año, proyectando la película
'El Informante', sobre
dos héroes del periodismo y de la vida, vi a gente dormirse en el
salón y a otros chateando en WhatsApp o Facebook.
¡Yo la vi más de 200 veces y todavía hay escenas
donde tengo que
aguantarme las lágrimas!
También les llevé la entrevista de
Oriana Fallaci a Galtieri. Toda la
vida resultó. Ahora se te va una clase entera en preparar el ambiente:
primero tenés que contarles quién era Galtieri, qué fue la guerra de
las Malvinas, en qué momento histórico la corajuda periodista italiana
se sentó frente al dictador.
Les expliqué todo. Les pasé el video de la Plaza
de Mayo repleta de
una multitud enloquecida vivando a Galtieri,
cuando dijo: "¡Si
quieren venir, que vengan! ¡Les presentaremos
batalla!".
Normalmente, a esta altura, todos los años ya
había conseguido que la
mayor parte de la clase siguiera el asunto con fascinación.
Este año no. Caras absortas.
Desinterés. Un pibe despatarrado mirando
su Facebook. Todo el año estuvo igual.
Llegamos a la entrevista. Leímos los fragmentos
más duros e inolvidables.
Silencio.
Silencio.
Silencio. Ellos querían que terminara la clase. Yo también.