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lunes, 26 de mayo de 2025

Sin decirlo creo que nos describe....

Un hombre heredó una alfombra de seda antigua, un recuerdo de su padre. Aunque hermosa, decidió venderla. Caminó por la ciudad, se la mostró a todos, pero nadie la quiso.

Hasta que encontró a un hombre rico. —¿Cuánto cuesta? —preguntó el hombre rico al ver la alfombra. —Cien monedas de oro —respondió el vendedor. —De acuerdo —dijo el hombre rico sin dudar, y le pagó. El vendedor, feliz, estaba por marcharse cuando el hombre rico lo detuvo. —¿Sabes cuánto vale realmente esta alfombra? —No —respondió el otro, extrañado. —Vale al menos tres mil monedas de oro. Hubo un silencio. —¿Por qué la diste por cien? —insistió el comprador. El hombre pensó unos segundos y dijo con sinceridad: —Perdóneme, señor... pero el número más grande que conozco es cien. Un sabio dijo alguna vez: “Los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo.” Quien no domina las palabras, no solo limita lo que puede decir… también lo que puede pensar. Mientras hablamos a 200 palabras por minuto y leemos a 250, nuestra mente piensa a más de 1.300. Pero si tu vocabulario tiene solo 300 palabras, tu pensamiento estará enjaulado, dando vueltas en un laberinto sin salida. Así como el hombre no conocía un número mayor que cien, muchos no conocen conceptos mayores que los que su lenguaje permite. Por eso, quien piensa con 200 palabras no podrá comprender a quien piensa con 2.000. Y lo más doloroso es que quizás nunca sabrá lo que se está perdiendo. Buenas noches.

(Gx Serguey!)

lunes, 5 de febrero de 2024

¡Es tan real!

Jorge y Adolfo caminando por Londres pasaron por un cine donde se estrenaba un clásico film de western. Vieron la película. El argumento era que los típicos bandidos asaltaban el banco del pueblo. El cajero lograba escapar, avisar al sheriff y lograron salvaguardar el dinero de los clientes del banco, escena que fue fervorosamente aplaudida y vitoreada por los entusiastas espectadores.

Unos meses más tarde, ya en Buenos Aires, ambos escritores paseando por Bs. As. notaron que en un cine se estrenaba la misma película que habían visto en Londres. Decidieron verla nuevamente. Les intrigaba la reacción del público nacional ante los hechos del entretenido film. Obviamente y sin demasiada sorpresa, al llegar la emblemática escena en la que el cajero iba a buscar al Sheriff, el público gritaba, entre otros epítetos irreproducibles: ¨botón de m...¨, buchón, alcahuete, ortiba, y abucheaban con el mismo fervor que el público londinense, pero en reversa.
Adolfo y Jorge descubrieron en un simple film... ¨el ser nacional¨. Más tarde Jorge, dejaría escrito en sus memorias... ¨Más grave que la falta de imaginación es la falta de sentido moral. Un americano, imbuido de tradición protestante, se preguntará en primer término si la acción que le proponen es justa; un argentino, si es lucrativa. Se da, también, una suerte de picardía desinteresada; ante un reglamento, nuestro hombre se pone a conjeturar de qué manera podría burlarlo. Nos cuesta concebir la realidad de las relaciones impersonales. El Estado es impersonal; por consiguiente no debemos tratarlo con exceso de escrúpulos; por consiguiente el contrabando y la coima son operaciones que merecen el respeto y, sin duda, la envidia¨...

(Gx Serguey!)

sábado, 30 de diciembre de 2023

Los cuentitos de Zucho (VIDEO)

 

martes, 12 de septiembre de 2023

Los cuentos de nuestro amigo Serguey

 EL BURRO MUERTO…


Un muchacho llamado Sergio se fue al campo, y compró un burro a un viejo campesino por U$500. El viejo acordó entregarle el animal, al día siguiente. Pero al día siguiente, el campesino le dijo: —Lo siento, pero tengo malas noticias: el burro murió. —Bueno, dijo Sergio , entonces devuélvame mi dinero. El vendedor replicó: —No puedo. Ya me lo gasté. Sergio le dijo entonces: -Bien, da Igual entrégueme el burro. — ¿Y para qué? Preguntó el anciano, ¿Qué vas a hacer con él? —Lo voy a rifar -contestó. _¿Estás loco? Cómo vas a rifar un burro muerto? —No le voy a decir a nadie que está muerto. Un mes después de este suceso, el campesino se encontró nuevamente a Sergio y le preguntó: — ¿Qué pasó con el burro? Sergio respondió: —Lo rifé, vendí 500 números a U$20 cada uno y gané U$10.000 — ¿Y nadie se quejó? Preguntó el viejo. —Solo el ganador, pero a él le devolví sus U$20. Con el tiempo Sergio se hizo político hasta llegar a diputado, luego Senador, después Ministro y luego volvió a ser Senador y luego diputado y de la misma forma, usó el dinero de todos. Y ese dinero fue a sus bolsillos. ¡Y todos sabemos de qué forma! Una persona que durante su vida no trabajó nunca, ni hizo nada productivo, ahora es millonario porque encontró muchos "burros muertos" en su camino, y los fue rifando a mucha gente ingenua. Lo mejor de esta historia es que según él y los que son como él sigue encontrando más burros muertos.... Dijo George Orwell: "Un pueblo que elige corruptos, inservibles, cínicos y traidores, no es víctima, ES CÓMPLICE.

viernes, 8 de septiembre de 2023

Los cuentos de Serguey 😂😂😂

 

En la entrada: "Dura crítica de The Economist al "Casto". También se dieron cuenta de su chifladura

El argento medio es medio, casi tres cuartos pelotudo. Conocen el cuento de la inundación?... Hubo una inundación muy grande en un pueblo pequeño. Todas las personas buscaron la manera de salvarse, pero un hombre se quedó solo en ese lugar, subió al techo de su casa y rezaba incansablemente pidiendo que Dios lo salvara. Éste, confiaba plenamente en el Señor y estaba seguro que lo salvaría. De repente, fue interrumpido por un hombre que pasaba en una balsa invitándolo a subir; sin embargo, el hombre respondió "Dios me salvará" y lo dejó ir... Luego pasaron un hombre en un bote, luego una lancha y finalmente un helicóptero... A todos los rechazó diciendo: "Dios me salvará". Finalmente se ahogó y llegó al cielo. Dios lo recibió a la entrada. El hombre, molesto, le dijo a Dios: "¿Por qué no me salvaste si yo confiaba en ti?"

Dios le respondió: "¿Y la balsa, el bote, la lancha y el helicóptero que te mandé?, sos pelotudo o argentino?...


viernes, 23 de diciembre de 2022

lunes, 11 de julio de 2022

Serguey nos envía "un cuento"

Cuenta la leyenda que en una lejana región de Oriente había una aldea muy pobre cuya mayor riqueza era un anillo de oro. Nadie lo podía usar, pues era propiedad de todos.

Una mañana, el cofre donde estaba guardado amaneció vacío. La certeza de que alguien se lo había llevado trastocó la vida del lugar. Todos se recelaban.

Tiempo después, uno de los hombres fuertes de la aldea salió a la calle luciendo el anillo en el dedo índice de su mano derecha. Los aldeanos se horrorizaron: ¡allí estaba el anillo robado!

El hombre fue llevado ante un tribunal de notables, donde defendió su inocencia junto a los más caros abogados. Durante infinitas sesiones, en las que desfilaron decenas de testigos, el anillo seguía brillando en la mano del acusado. Los jueces, que demoraban el fallo, no se lo quitaron. Las pruebas para concluir que era fruto de un robo, decían, no eran suficientes. Esto provocó indignación: en esa mano, inconfundible, estaba el anillo ¿Qué más faltaba? ¿Qué importaba cómo había pasado del cofre a ese dedo?

Los jueces no pensaban igual. Sin pruebas del robo, repetían, no había robo. Pero ¿a qué llamaban prueba, si había incluso confesiones de algunos cómplices?

Era tan obsceno ver al hombre exhibiendo el anillo en las calles de la aldea que muchos, para evitar ese dolor, dejaron de verlo. Los que no se resignaban acudieron al sabio de la comunidad en busca de consejo. El anciano vivía apartado, pero estaba al tanto de todo. "No robaron un anillo", les dijo. Los aldeanos, que respetaban al viejo, pensaron que estaban a punto de perder la razón. "Es peor -siguió el sabio-. Robaron la palabra. Cortaron el lazo que la unía a la realidad. La verdad y la mentira son ahora lo mismo. Y eso es el fin de la aldea que conocimos".

La vicepresidenta no puede dejar atrás su pasado: el anillo siempre vuelve y resulta imposible de ocultar. Está a la vista de todos porque fue exhibido al calor de un sentimiento de impunidad tan grande que solo es comparable en magnitud con la voracidad del matrimonio Kirchner y su círculo más cercano durante la década ganada.

Sin embargo, hay mucho más de lo que ven los ojos y eso parece atraer a quienes buscan robar lo robado.

El asesinato de Fabián Gutiérrez vuelve a poner en primer plano la corrupción del kirchnerismo. Y marca otro capítulo en la historia de un botín que va sembrando tragedias.

Según la Justicia, el exsecretario de Cristina Kirchner le robó al Estado 1000 millones de pesos. Si un simple ayudante se quedó con eso, ¿cuánto suma el desfalco perpetrado con métodos industriales durante aquellos años? Parte de esa respuesta está en la Justicia y contra esa realidad insoportable se despliega el relato.

Eso explica la atmósfera orwelliana que se respira por estos días en los que "la guerra es la paz". Gracias al relato, el kirchnerismo ha podido llevarse antes lo que ahora falta; y con el relato, espera ahora abolir el pasado para consagrar la impunidad. El daño mayor, hay que decirlo, no es lo que falta, sino la pulverización de la palabra que supone convertir la mentira en verdad.

La lógica del relato es simple: consiste en negar la realidad mediante la repetición constante de una falsedad y en proyectar en el adversario las faltas propias para erigirlo en la encarnación del mal. Es decir, en enemigo. Esto, desplegado con convicción y de modo sistemático, da resultado. Más si la técnica se aplica sobre la llaga de un pasado plagado de divisiones. Y más aún si no existe una Justicia capaz de definir la verdad de los hechos sobre la base de prueba fehaciente y de sentencias firmes.

Los reos no reciben condena y vuelven a su casa porque el kirchnerismo ha conseguido inscribir la verdad dentro del campo de la retórica.

Así, el Gobierno le hace decir a un comunicado de Juntos por el Cambio lo que no dice, atribuyéndole las intenciones que el kirchnerismo tuvo y llevó adelante, cuando era oposición, ante la trágica muerte de Maldonado. Así, el Presidente trata a los opositores de "canallas y miserables" y su jefe de Gabinete los acusa de "sembrar el odio", mensaje que todo el kirchnerismo dispara a discreción.

La palabra elegida no es casual: el odio, avivado a través de la palabra, es lo que Cristina Kirchner ha cultivado desde su primera presidencia para profundizar las divisiones de la sociedad argentina con el fin de concentrar poder.

El problema es que el asesinato de Gutiérrez vuelve a contradecir uno de los mayores logros del relato ¿Cómo puede un exsecretario tener 36 propiedades y más de 30 autos de lujo, según consta en Tribunales? Eso dinamita la idea del kirchnerismo como una expresión de izquierda que defiende a los desprotegidos.

Daniel Muñoz, otro secretario, sumó propiedades por 75 millones de dólares. Báez posee el 10% de la provincia de Santa Cruz y una fortuna difícil de calcular.

En las grandes celebraciones, los secretarios y empleados comen y beben lo que queda del festín mayor. Por esto que todos saben volvieron a salir a la calle aquellos que no se resignan...


miércoles, 8 de septiembre de 2021

Los cuentos de Serguey, nuestro amigo ventanero

Quiero regalarte un cuento.....

Latif era el pordiosero más pobre de la ciudad, y dormía cada noche en el zaguán de una casa diferente. Sin embargo, Latif era considerado el hombre más sabio del pueblo. Una mañana el rey apareció en la plaza, hasta que tropezó con Latif y sus súbditos le contaron de él. El rey, divertido, se acercó al mendigo y le dijo: “Si me contestas una pregunta te doy esta moneda de oro”. "¿Cuál es tu pregunta?", respondió el mendigo. Y el rey se sintió desafiado, entonces, se despachó con una cuestión que hacía días lo angustiaba y que no podía resolver. La respuesta de Latif fue justa y creativa. El rey se sorprendió, dejó su moneda a los pies del mendigo. Al día siguiente el rey volvió y le hizo otra pregunta y otra vez Latif la respondió rápida y sabiamente. “Latif, te necesito” - le dijo el rey. - "Te pido que vengas a palacio y seas mi asesor". "Te prometo que no te faltará nada", juró el rey. Lafit aceptó la propuesta del rey. Durante las siguientes semanas las consultas del rey se hicieron habituales. Obviamente esto desencadenó los celos de todos los cortesanos. Un día todos los demás asesores pidieron audiencia al rey y le dijeron. “Tu amigo Latif, como tú le llamas, está conspirando para derrocarte". “No puede ser, no lo creo” - dijo el rey. “Puedes confirmarlo con tus propios ojos”. El rey se sintió defraudado y dolido. Debía confirmar esas versiones. Esa tarde a las cinco, aguardaba oculto en el recodo de una escalera. Desde allí vio cómo, en efecto, Latif llegaba a la puerta, miraba hacia los lados y con la llave que colgaba de su cuello abría la puerta de madera y se escabullía sigilosamente dentro del cuarto. “¿Lo visteis?” - gritaron los cortesanos. Seguido de su guardia personal el monarca golpeó la puerta. "¿Quién es?” - dijo Latif desde adentro. “Soy yo, el rey”- dijo el soberano... - “ábreme”. Latif abrió la puerta. No había nadie, salvo Latif. Ninguna puerta, o ventana, ninguna puerta secreta, ningún mueble que permitiera ocultar a alguien. Solo había en el piso un plato de madera desgastado, en un rincón una vara de caminante y en el centro de la pieza una túnica raída colgando de un gancho en el techo. “¿Estás conspirando contra mí Latif?”. “ ¿Cómo se te ocurre, majestad"- contestó Latif- “De ninguna forma, ¿por qué lo haría?” - “Pues vienes aquí cada tarde en secreto. "¿Qué es lo que buscas si no te ves con nadie?" "¿Para qué vienes a este cuchitril a escondidas?" Latif sonrió y se acercó a la túnica rotosa que pendía del techo. La acarició y le dijo al rey: "Hace seis meses cuando llegué a tu castillo, lo único que tenía eran esta túnica, este plato y esta vara de madera” -dijo Latif. “Ahora me siento tan cómodo en la ropa que visto, es tan confortable la cama en la que duermo, es tan halagador el respeto que me das y tan fascinante el poder que regala mi lugar a tu lado… que vengo cada día para estar seguro de una sola cosa... no olvidar nunca “QUIÉN SOY Y DE DÓNDE VINE”.


viernes, 2 de julio de 2021

Los cuentos de Serguey, nuestro querido ventanero

Serguey2 de julio de 2021, 18:24

A Manes que tanto le gustan los cuentitos le quiero dedicar este. Y a los Jueces y fiscales que tenemos, también.....

Un hombre, pobre y hambriento, peregrinaba por las calles con un pedazo de pan en la mano. Al pasar frente a una casa de comidas sintió el apetitoso aroma de un guiso. El manjar se estaba cocinando en una cacerola cercana a la ventana abierta. De inmediato el olor movió su voluntad. Con el deseo de obtener algo de ese banquete extendió su brazo y colocó la rodaja, durante unos segundos, encima de la olla. Luego comió deprisa. Con gran satisfacción comprobó que el pan estaba sabroso por lo que se había impregnado. El dueño del restaurante, que había seguido de lejos la operación, pudo agarrarlo por el cuello y lo condujo ante el juez. El magistrado escuchó con atención la demanda. Luego de meditar unos segundos, extrajo dos monedas de su bolsillo y las colocó en su mano: 

—Por favor, acérquese frente a mí en silencio —le indicó al dueño. 

El hombre obedeció. Entonces el juez hizo sonar las monedas en los oídos del quejoso. 

—¿Para qué hace esto? —preguntó con asombro el dueño del restaurante. 

—Acabo de pagar por el olor de tu guiso. Considero que el sonido de este dinero ha sido un justo pago por el aroma de tu comida. Es sentencia firme. Vete a cuidar tus cacerolas; estamos todos en paz.....

Ah! Y a Juan Carr...


En la entrada: "¡¡Toda una joyita el escudero de Manes!!"

sábado, 15 de mayo de 2021

UNA CARICIA AL ALMA... ¡IMPERDIBLE SU LECTURA!

Mirta Terraes

ASÍ SE VIVE Y ASÍ SE MUERE.
La señora María Marcela (así la llamaban, con sus dos nombres) era una viejita muy viejita y físicamente muy pequeña, producto también del paso de los años. Uno podía observarla y temer que un ventarrón la levantara por los aires, sin piedad. Ella vivía, solita, en un semipiso del Barrio de Recoleta, y manejaba todas sus cuestiones personales con total solvencia: Pagaba sus impuestos con puntillosidad espartana, organizaba el aseo de su departamento, iba en persona a realizar las compras. Los viernes iba a la peluquería y charlaba con todas las clientas, que la adoraban. Para Miguel, su peluquero, era como su abuela. Solo la peinaba, nunca le cortaba. María Marcela adoraba que Miguel la peinara. Todos los días, en la carnicería de Augusto, compraba un bife de lomo, que siempre debería pesar 200 gramos y no poseer una gota de grasa. Todos los días, compraba una baguette en la antigua pero legendaria boulangerie del Alvear, cuando el Alvear no era tan francés. Erik, el maestro panadero, la cocinaba exclusivamente para ella, con el tostado perfecto. Amaba las medialunas de manteca de La Jirafa Roja, un bolichito sobre Callao y Libertador, ahí en diagonal al Italpark. No resultaba extraño verla varias mañanas muuuuuyyy temprano, desayunando allí. Alfonso era su mozo de siempre y la atendía primorosamente En todo el detalle de esta rutina diaria que les acabo de relatar, no es necesario decirles también entonces que si bien sus gastos eran exiguos, y sus gustos eran más bien humildes, nunca pero nunca la viejita tuvo que pagar nada: ni peluquero, ni bife de lomo, ni baguette, ni café con leche y medialunas. Todos le regalaban sus servicios y sus productos, solo por el hecho de que les fuera a comprar a ellos. A lo mejor de tan viejita, a lo mejor de tan simpática. No es que ella no quisiera pagarles, de hecho tenía siempre un monederito lleno de billetes. Lo sabían bien los pobres diablos que la esperaban siempre a la misa de las 7 de la tarde, en la puerta de la Iglesia del Pilar. Sin embargo, María Marcela les regalaba algo, con cariño. Todos los días iba a comprar un cuarto de masas finas a la Confitería San Agustín, sobre Las Heras esquina Tagle. Un día ese cuarto se lo regalaba a su peluquero, otro día a su carnicero, y así. Rotaba dulzura, podríamos decir. Pequeñita, coqueta, impecable, delicada, "charleta", curiosa, extrovertida, siempre informada, era como la abuela mimada de todos... Para mediados de 1978, los lugares que solía frecuentar, comenzaron a llenarse de personajes que al poco tiempo recibirían el apodo de "nuevos ricos". Ya un poco la trataban de "la viejita loca", con tonos más despectivos que amorosos. Cuando contaba de sus viejas historias familiares, ya aparecían algunas que con su vozarrón cortaban su relato y empezaban a contar miserias propias, tales como sus últimos affaires con sus personal trainers, casi divertidas con los cuernos que les colocaban a sus poderosos esposos a veces banqueros, a veces dueños de cuevas financieras, o casi siempre jóvenes directivos de poderosas compañías que habían hecho sus fortunas al amparo de negocios no tan claros. Erik ya no pudo amasarle más su amada baguette: el Alvear cerró su boulangerie, aquella de cuando el Alvear todavía no se había afrancesado del todo. La panadería de Quintana y Callao (que todavía existe!) solo vendía pan francés que (claro) en nada se parecía.... Cuando iba a la carnicería, ya las "nuevas clientas" no le respetaban ni su turno, y mucho menos sus canas: "Abuela estoy muy apurada, compro rapidito y que luego la atiendan a Ud., sabe?". Augusto hacia lo que podía ante ese aluvión zoológico, pero munido con plata fresca. En La Jirafa Roja, Alfonso hacia lo que podía para que los trasnochados jóvenes no le ocuparan a María Marcela, su mesa. No siempre lo lograba. El 28 de Diciembre de 1980, tal vez cansada de los nuevos tiempos, avisó que iba a pasar solita su alma el fin de año, y que había elegido 1981 para juntarse al fin con su esposo e hijos en los siempre verdes campos del más allá. Solo atendió los llamados telefónicos de Augusto, Erik, Miguel y Alfonso, sus queridos (a esta altura) amigos. Que estaban sorprendidos por la noticia que había llegado a sus respectivos oídos. Ella los tranquilizó. No muchos más la llamaron. A principio de Marzo de 1981, decidió rememorar viejos tiempos e ir a tomar (muy consciente ella de sus tiempos) su último té con masas en La Biela, histórica esquina a la que hacía quince años ya no concurría, desde el mismo día que le dijeron que su mozo preferido, el de los últimos 30 años, había fallecido. Aquella a la que las nuevas cholulas y pseudo señoras "bián" habían despechado (ninguneado, bah) se hubieran quedado con sus labios botoxeados, colgando, de haber presenciado la siguiente escena: La señora María Marcela se sentó a su mesa, pidió a un mozo (que no conocía) su five o'clock tea con masas finas y, mientras esperaba su tal vez última merienda, casi todos los habitués de La Biela se pusieron de pie (unas 70, a lo mejor 80 personas) y se dirigieron a su mesa a saludarla, a brindarle sus respetos. A despedirse. Todos ellos, enormes, conocidos, prestigiosos y legendarios personajes del Tout Buenos Aires, hombres y mujeres de poder y antología, se colocaron en fila y pugnaron por recibir un beso cortés o aunque fuera un pequeño abrazo apasionado de aquella mujer, pero eso sí: todos (pero todos todos) moqueando y con sinceras lágrimas en sus ojos.... Tal vez porque las mujeres y los hombres de bien no llegan nunca tarde a sus citas, el 29 de Julio de 1981 la Señora María Marcela, mientras tomaba una plácida siesta en su mecedora, partió a caminar dulces praderas, a encontrarse y disfrutar el resto de su siguiente vida junto a su esposo y a sus amados hijos, a quienes había sobrevivido por muchos años. A lo mejor, demasiados. La Baronesa María Marcela Roca Funes, viuda del Barón Antonio Oscar De Marchi Crohare, hija de Clara Dolores Funes e hija predilecta del Presidente Julio Argentino Roca, nos abandonó con toda sencillez, bajo perfil y enorme dignidad, a sus 104 espléndidos años. Nadie la recuerda, creo que solo yo. Supongo que la seguiré cuidando en Recoleta. Para siempre. Si me da la salud, claro, uno también se pone grande. PD: Luego de recibir grandes honores y póstumos homenajes en las páginas de Clarín y La Nación, al mes de fallecer la hija de Roca, tanto Augusto como Miguel como Erik y como Alfonso recibieron (el mismo día) un regalo póstumo de "la viejita": Una camioneta F-100 cero kilómetro roja para el bueno de Augusto, un coqueto local en el barrio de Belgrano ya montado con máquinas de panadería (sobre Avda. Cabildo) para el sensible Erik, una suma equis de dinero para agrandar su local de la calle Anasagasti para el amoroso de Miguel y un pequeño chalecito en Necochea para el muy atento Alfonso. Es que a todos ellos, la SEÑORA María Marcela les conocía sus sueños.

(Gracias por prestarme el relato Marta Helena Pardal) Me encantó! Revela la humildad de los grandes. Que linda sensación ver cuando una persona no ostenta para SER ALGUIEN.

(Gx Serguey!)

Foto que encontré en Google
Image from Gyazo

sábado, 3 de abril de 2021

Un poco de humor: "Chiste machista y patriarcal, ¡QUÉ JODER!... "


La araña y yo estábamos ya listos para irnos a la fiesta . Puse la luz del porche y la contestadora. Tapé la jaula del loro, saqué la gata al patio y pedí un remis por si regresaba mamau... llegó enseguida. Al abrir la puerta de calle para salir, la gata que estaba en el patio, se metió como bólido a la casa, pero no podemos dejarla adentro porque siempre anda tratando de comerse al loro. Entré para atraparla y sacarla nuevamente al patio; subió rapidísimo las escaleras y tuve que perseguirla. Mientras tanto, mi esposa va y se sienta en el auto. Para que el chofer no sepa que no habría nadie en casa durante la noche, le dice al chofer: "Mi marido viene enseguida; subió a despedirse de mi mamá." Unos minutos después, me meto al auto. -"Perdón la demora", dije. "La muy estúpida estaba escondida bajo la cama. Tuve que enlazarla con una soga para sacarla. Trató de escaparse, así que la agarré del cogote y le di unas cachetadas para calmarla. Pero comenzó a sacudirse como loca y la tuve que envolver en una manta porque la desgraciada me quería arañar. Así que para evitar que se escapara, la arrastré del culo por las escaleras y la tiré al patio. ¡Es un quilombo lo que hay que luchar con ella cada vez que salimos!" Los ojos de MI MUJER se salían de sus órbitas y... El remisero, PARÓ EL AUTO y ME ESTRECHÓ LA MANO, ME ABRAZÓ Y ME DIJO: "-¡¡¡ LO FELICITO MACHO, ASÍ SE HACE CON LAS SUEGRAS !!!"
...........
¡Felices Pascuas!

Dedicáselo de parte mía a las chicas del Inadiiiiii

(De nuestro nunca bien ponderado Serguey)

martes, 1 de septiembre de 2020

Hoy vamos a contar un cuento...

... que nos deja nuestro ventanero amigo Serguey.

"Un cuento que creo que nos refleja en cuanto a nuestra pusilanimidad..." 

"No había en el pueblo un oficio peor conceptuado y peor pago que el de portero del prostíbulo. Pero ¿qué otra cosa podría hacer aquel hombre? De hecho, nunca había aprendido a leer ni a escribir, no tenía ninguna otra actividad ni oficio. En realidad, era su puesto porque su padre había sido portero de ese prostíbulo y también antes, el padre de su padre.

Durante décadas, el prostíbulo se pasaba de padres a hijos y la portería se pasaba de padres a hijos. Un día, el viejo propietario murió y se hizo cargo del prostíbulo un joven con inquietudes, creativo y emprendedor. El joven decidió modernizar el negocio.

Modificó las habitaciones y después citó al personal para darle nuevas instrucciones.

Al portero, le dijo:

– A partir de hoy usted, además de estar en la puerta, me va a preparar una planilla semanal. Allí anotará usted la cantidad de parejas que entran día por día. A una de cada cinco, le preguntará cómo fueron atendidas y qué corregirían del lugar. Y una vez por semana, me presentará esa planilla con los comentarios que usted crea convenientes.

El hombre tembló, nunca le había faltado disposición al trabajo pero…

– Me encantaría satisfacerlo, señor -balbuceó- pero yo… yo no sé leer ni escribir.

– ¡Ah! ¡Cuánto lo siento! Como usted comprenderá, yo no puedo pagar a otra persona para que haga esto y tampoco puedo esperar hasta que usted aprenda a escribir, por lo tanto…

– Pero señor, usted no me puede despedir, yo trabajé en esto toda mi vida, también mi padre y mi abuelo…

No lo dejó terminar.

– Mire, yo comprendo, pero no puedo hacer nada por usted. Lógicamente le vamos a dar una indemnización, esto es, una cantidad de dinero para que tenga hasta que encuentre otra cosa. Así que, lo siento. Que tenga suerte. Y sin más, se dio vuelta y se fue.

El hombre sintió que el mundo se derrumbaba. Nunca había pensado que podría llegar a encontrarse en esa situación. Llegó a su casa, por primera vez desocupado. ¿Qué hacer?

Recordó que a veces en el prostíbulo, cuando se rompía una cama o se arruinaba una pata de un ropero, él, con un martillo y clavos se las ingeniaba para hacer un arreglo sencillo y provisorio. Pensó que esta podría ser una ocupación transitoria hasta que alguien le ofreciera un empleo.

Buscó por toda la casa las herramientas que necesitaba, sólo tenía unos clavos oxidados y una tenaza mellada. Tenía que comprar una caja de herramientas completa. Para eso usaría una parte del dinero recibido.

En la esquina de su casa se enteró de que en su pueblo no había una ferretería, y que debía viajar dos días en mula para ir al pueblo más cercano a realizar la compra. ¿Qué más da? Pensó, y emprendió la marcha.

A su regreso, traía una hermosa y completa caja de herramientas. No había terminado de quitarse las botas cuando llamaron a la puerta de su casa. Era su vecino.

– Vengo a preguntarle si no tiene un martillo para prestarme.

Mire, sí, lo acabo de comprar pero lo necesito para trabajar… como me quedé sin empleo…

– Bueno, pero yo se lo devolvería mañana bien temprano.

– Está bien.

A la mañana siguiente, como había prometido, el vecino tocó la puerta.

– Mire, yo todavía necesito el martillo ¿Por qué no me lo vende?

– No, yo lo necesito para trabajar y además, la ferretería está a dos días de mula.

– Hagamos un trato -dijo el vecino- Yo le pagaré a usted los dos días de ida y los dos de vuelta, más el precio del martillo, total usted está sin trabajar ¿Qué le parece?

Realmente, esto le daba un trabajo por cuatro días… Aceptó. Volvió a montar su mula.

Al regreso, otro vecino lo esperaba en la puerta de su casa.

– Hola, vecino ¿Usted le vendió un martillo a nuestro amigo?

– Sí…

Yo necesito unas herramientas, estoy dispuesto a pagarle sus cuatros días de viaje, y una pequeña ganancia por cada herramienta. Usted sabe, no todos podemos disponer de cuatro días para nuestras compras.

El exportero abrió su caja de herramientas y su vecino eligió una pinza, un destornillador, un martillo y un cincel. Le pagó y se fue.

«… No todos disponemos de cuatro días para compras», recordaba. Si esto era cierto, mucha gente podría necesitar que él viajara a traer herramientas.

En el siguiente viaje decidió que arriesgaría un poco del dinero de la indemnización, trayendo más herramientas que las que había vendido. De paso, podría ahorrar algún tiempo de viajes.

La voz empezó a correrse por el barrio y muchos quisieron evitarse el viaje.

Una vez por semana, el ahora corredor de herramientas viajaba y compraba lo que necesitaban sus clientes.

Pronto entendió que si pudiera encontrar un lugar donde almacenar las herramientas, podría ahorrar más viajes y ganar más dinero. Alquiló un galpón.

Luego le hizo una entrada más cómoda y algunas semanas después con una vidriera, el galpón se transformó en la primera ferretería del pueblo.

Todos estaban contentos y compraban en su negocio. Ya no viajaba, de la ferretería del pueblo vecino le enviaban sus pedidos. Él era un buen cliente.

Con el tiempo, todos los compradores de pueblos pequeños más lejanos preferían comprar en su ferretería y ganar dos días de marcha.

Un día se le ocurrió que su amigo, el tornero, podría fabricar para él las cabezas de los martillos.

Y luego, ¿por qué no? Las tenazas… y las pinzas… y los cinceles. Y luego fueron los clavos y los tornillos…

Para no hacer muy largo el cuento, sucedió que en diez años aquel hombre se transformó, con honestidad y trabajo, en un millonario fabricante de herramientas. El empresario más poderoso de la región.

Tan poderoso era, que un año, para la fecha de comienzo de las clases, decidió donar a su pueblo una escuela. Allí se enseñaría además de lectura y escritura, las artes y los oficios más prácticos de la época.

El intendente y el alcalde organizaron una gran fiesta de inauguración de la escuela y una importante cena de agasajo para su fundador. A los postres, el alcalde le entregó las llaves de la ciudad y el intendente lo abrazó y le dijo:

– Es con gran orgullo y gratitud que le pedimos nos conceda el honor de poner su firma en la primera hoja del libro de actas de la nueva escuela.

– El honor sería para mí -dijo el hombre-. Creo que nada me gustaría más que firmar allí, pero yo no sé leer ni escribir. Yo soy analfabeto.

– ¿Usted? -dijo el intendente, que no alcanzaba a creerlo- ¿Usted no sabe leer ni escribir? ¿Usted construyó un imperio industrial sin saber leer ni escribir? Estoy asombrado. Me pregunto, ¿qué hubiera hecho si hubiera sabido leer y escribir?

– Yo se lo puedo contestar -respondió el hombre con calma-. Si yo hubiera sabido leer y escribir… sería el portero del prostíbulo!

Somos como el cuento pero al revés..."




lunes, 20 de julio de 2020

Un cuento ideal para el día que hoy se festeja

Un hombre, su caballo, su perro y el cielo
Un hombre, su caballo y su perro caminaban por una calle. Después de mucho caminar, el hombre se dio cuenta de que los tres habían muerto en un accidente.
Hay veces que lleva un tiempo para que los muertos se den cuenta de su nueva condición. La caminata era muy larga, cuesta arriba. El sol era fuerte y los tres estaban empapados en sudor y con mucha sed. Precisaban desesperadamente agua. En una curva del camino, avistaron un portón magnífico, todo de mármol, que conducía a una plaza calzada con bloques de oro, en el centro de la cual había una fuente de donde brotaba agua cristalina. El caminante se dirigió al hombre que desde una garita cuidaba de la entrada.
-Buen día -dijo el caminante.
-Buen día -respondió el hombre.
-¿Qué lugar es este, tan lindo? -preguntó el caminante.
-Esto es el cielo -fue la respuesta.
-Qué bueno que llegamos al cielo, estamos con mucha sed -dijo el caminante.
-Usted puede entrar a beber agua a voluntad -dijo el guardián, indicándole la fuente.
-Mi caballo y mi perro también están con sed.
-Lo lamento mucho -le dijo el guarda-. Aquí no se permite la entrada de animales.
El hombre se sintió muy decepcionado porque su sed era grande. Mas él no bebería, dejando a sus amigos con sed. De esta manera, prosiguió su camino. Después de mucho caminar cuesta arriba, con la sed y el cansancio multiplicados, llegaron a un sitio cuya entrada estaba marcada por un portón viejo semiabierto. El portón daba a un camino de tierra, con árboles de ambos lados que le hacían sombra. A la sombra de uno de los árboles, un hombre estaba recostado, con la cabeza cubierta por un sombrero; parecía que dormía…
-Buen día -dijo el caminante.
-Buen día -respondió el hombre.
-Estamos con mucha sed, yo, mi caballo y mi perro.
-Hay una fuente en aquellas piedras -dijo el hombre indicando el lugar-. Pueden beber a voluntad.
El hombre, el caballo y el perro fueron hasta la fuente y saciaron su sed.
-Muchas gracias -dijo el caminante al salir.
-Vuelvan cuando quieran -respondió el hombre.
-A propósito -dijo el caminante- ¿cuál es el nombre de este lugar?
-Cielo -respondió el hombre.
-¿Cielo? ¡Mas si el hombre en la guardia de al lado del portón de mármol me dijo que allí era el cielo!
-Aquello no es el cielo, aquello es el infierno.
El caminante quedó perplejo. Dijo:
-Esa información falsa debe causar grandes confusiones.

-De ninguna manera -respondió el hombre-. En verdad ellos nos hacen un gran favor. Porque allí quedan aquellos que son capaces de abandonar a sus mejores amigos.

(¡Gx Serguey!)

martes, 19 de mayo de 2020

viernes, 17 de abril de 2020

Los pavos no vuelan

Los pavos no vuelan

Cuento de Enrique Mariscal


Cuentan de un paisano de Catamarca que se encontró en el campo un huevo muy grande. Nunca había visto nada igual. Decidió llevarlo a su casa.

-¿Será de avestruz?- preguntó su mujer.

-No, es demasiado abultado- dijo el abuelo.

-¿Y si lo rompemos?- propuso el ahijado.

-Sería una lástima. Perderíamos una hermosa curiosidad -respondió cuidadosamente la abuela.

-Miren, en la duda, se lo voy a colocar a la pava que está calentando los huevos. Tal vez con el tiempo nazca algo - afirmó el paisano. Y así lo hizo.

Cuenta la historia que a los quince días nació un pavito oscuro, grande, nervioso, que con mucha avidez comió todo el alimento que encontró a su alrededor. Luego miró a la madre con vivacidad y le dijo entusiasta «Bueno, ahora vamos a volar». La pava se sorprendió muchísimo de la proposición de su flamante crío, y le explicó: «Mirá, los pavos no vuelan. A vos te hace mal comer apurado».

Entonces todos trataron de que el pavito comiera más despacio, el mejor alimento y en la medida justa. Pero el pavito terminaba su almuerzo o su cena, su desayuno o merienda y les decía a sus hermanos «Vamos muchachos, ¡a volar!» Todos los pavos le explicaban nuevamente: «Los pavos no vuelan. A vos te hace mal la comida.»

El pavito fue hablando más de comer y menos de volar. Y creció y murió en la pavada general ¡Pero era un cóndor! Había nacido para volar hasta los 7000 metros, pero, como nadie volaba…

El riesgo de morir en la pavada general es muy grande. ¡Como nadie vuela! Muchas puertas están abiertas porque nadie las cierra, y otras puertas están cerradas porque nadie las abre. El miedo al hondazo es terrible, pero la verdadera protección está en las alturas. Especialmente cuando hay hambre de elevación y buenas alas.


(Gx Serguey!)


miércoles, 24 de julio de 2019

jueves, 6 de junio de 2019

4 CASOS DE ACOSADORES


1. Voy a una fotocopiadora y le digo a la señorita, ¿cuánto me cobrás por los 2 lados?? Ahora estoy en la comisaría acusado de acoso sexual.

2. Ayer, regresando del almuerzo, me preguntaron 2 señoritas, ¿qué hora tiene? Y les respondí... tengo un cuarto para las 2. Y aquí estoy, escribiendo desde la comisaría.

3. Por culpa del acoso perdí mi trabajo.
Estaba en la tienda de ropa y entró una clienta y preguntó cuánto vale esa falda. Yo le respondí $150 y me volvió a preguntar, ¿y ese calzón rosado? le dije $350, entonces ella me dijo, ¿está usted loco, cómo el calzón va estar más caro que la falda?? a lo que yo le respondí: si desea le subo la falda y le bajó el calzón... acá estoy subiendo al patrullero...

4. En el restaurante pedí a la chica un estofado de lengua montado con 2 huevos... después recordé que no debía comer huevos por el colesterol... cuando me trajo el plato le dije: sacame los huevos y pasame la lengua.... les escribo desde la prisión....

¡¡¡MALDITAS FEMINISTAS!!!


viernes, 22 de marzo de 2019

¡Hasta mañana!

Maestra fiera, los niños y sus ocurrencias... (Recopilación de cuentos de Luis Landriscina - 1987)


(¡Gx Serguey!)


lunes, 3 de septiembre de 2018

Los cuentos de Serguey

Cristina y Mauricio Macri van a una panadería. Ni bien entran, Cristina roba tres facturas y se las lleva al bolsillo. Ella le dice a él: "¿viste que inteligente soy? El dueño ni siquiera me vio, y no necesito ni mentir. Definitivamente voy a ganar las elecciones."
 
Mauricio le dice a Cristina: "Esa es la típica deshonra que has mostrado toda tu vida, trampas y engaños. Yo te voy a mostrar una forma honesta de obtener las mismas tres facturas sin robar o mentir, y además probarte que soy mucho más inteligente."


Mauricio se acerca hasta el dueño y dice: "Deme una factura y yo le muestro un truco mágico". Intrigado, el dueño acepta la oferta y le da una factura. Mauricio se la traga y le pide otra. El dueño le da otra. Luego Mauricio pide una tercera y también se la come. 


Para entonces, el dueño se empieza a preguntar dónde estaba el truco mágico y dice: "¿Y las facturas?". Mauricio responde: Fíjese en los bolsillos de Cristina!!