Un hombre heredó una alfombra de seda antigua, un recuerdo de su padre. Aunque hermosa, decidió venderla. Caminó por la ciudad, se la mostró a todos, pero nadie la quiso.
Hasta que encontró a un hombre rico. —¿Cuánto cuesta? —preguntó el hombre rico al ver la alfombra. —Cien monedas de oro —respondió el vendedor. —De acuerdo —dijo el hombre rico sin dudar, y le pagó. El vendedor, feliz, estaba por marcharse cuando el hombre rico lo detuvo. —¿Sabes cuánto vale realmente esta alfombra? —No —respondió el otro, extrañado. —Vale al menos tres mil monedas de oro. Hubo un silencio. —¿Por qué la diste por cien? —insistió el comprador. El hombre pensó unos segundos y dijo con sinceridad: —Perdóneme, señor... pero el número más grande que conozco es cien. Un sabio dijo alguna vez: “Los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo.” Quien no domina las palabras, no solo limita lo que puede decir… también lo que puede pensar. Mientras hablamos a 200 palabras por minuto y leemos a 250, nuestra mente piensa a más de 1.300. Pero si tu vocabulario tiene solo 300 palabras, tu pensamiento estará enjaulado, dando vueltas en un laberinto sin salida. Así como el hombre no conocía un número mayor que cien, muchos no conocen conceptos mayores que los que su lenguaje permite. Por eso, quien piensa con 200 palabras no podrá comprender a quien piensa con 2.000. Y lo más doloroso es que quizás nunca sabrá lo que se está perdiendo. Buenas noches.lunes, 26 de mayo de 2025
lunes, 5 de febrero de 2024
¡Es tan real!
Jorge y Adolfo caminando por Londres pasaron por un cine donde se estrenaba un clásico film de western. Vieron la película. El argumento era que los típicos bandidos asaltaban el banco del pueblo. El cajero lograba escapar, avisar al sheriff y lograron salvaguardar el dinero de los clientes del banco, escena que fue fervorosamente aplaudida y vitoreada por los entusiastas espectadores.
Unos meses más tarde, ya en Buenos Aires, ambos escritores paseando por Bs. As. notaron que en un cine se estrenaba la misma película que habían visto en Londres. Decidieron verla nuevamente. Les intrigaba la reacción del público nacional ante los hechos del entretenido film. Obviamente y sin demasiada sorpresa, al llegar la emblemática escena en la que el cajero iba a buscar al Sheriff, el público gritaba, entre otros epítetos irreproducibles: ¨botón de m...¨, buchón, alcahuete, ortiba, y abucheaban con el mismo fervor que el público londinense, pero en reversa.
sábado, 30 de diciembre de 2023
Los cuentitos de Zucho (VIDEO)
La dirigencia política argentina que se creyó aguila y que sólo eran cuervitos por Claudio Zuchovicki... pic.twitter.com/dsX2Dx6tld
— Doctor House (@Bobmacoy) December 27, 2023
martes, 12 de septiembre de 2023
Los cuentos de nuestro amigo Serguey
EL BURRO MUERTO…

viernes, 8 de septiembre de 2023
Los cuentos de Serguey 😂😂😂
En la entrada: "Dura crítica de The Economist al "Casto". También se dieron cuenta de su chifladura
El argento medio es medio, casi tres cuartos pelotudo. Conocen el cuento de la inundación?... Hubo una inundación muy grande en un pueblo pequeño. Todas las personas buscaron la manera de salvarse, pero un hombre se quedó solo en ese lugar, subió al techo de su casa y rezaba incansablemente pidiendo que Dios lo salvara. Éste, confiaba plenamente en el Señor y estaba seguro que lo salvaría. De repente, fue interrumpido por un hombre que pasaba en una balsa invitándolo a subir; sin embargo, el hombre respondió "Dios me salvará" y lo dejó ir... Luego pasaron un hombre en un bote, luego una lancha y finalmente un helicóptero... A todos los rechazó diciendo: "Dios me salvará". Finalmente se ahogó y llegó al cielo. Dios lo recibió a la entrada. El hombre, molesto, le dijo a Dios: "¿Por qué no me salvaste si yo confiaba en ti?"
Dios le respondió: "¿Y la balsa, el bote, la lancha y el helicóptero que te mandé?, sos pelotudo o argentino?...
viernes, 23 de diciembre de 2022
VIDEO PARA LA EMOCIÓN: "Messi y su valija", por Hernán Casciari, el cuento que hizo llorar a Lionel Messi y a todos los que lo escucharon
El relato
Leo Messi y un mensaje muy emocionado por el relato de Casciari
lunes, 11 de julio de 2022
Serguey nos envía "un cuento"
Cuenta la leyenda que en una lejana región de Oriente había una aldea muy pobre cuya mayor riqueza era un anillo de oro. Nadie lo podía usar, pues era propiedad de todos.
Una mañana, el cofre donde estaba guardado amaneció vacío. La certeza de que alguien se lo había llevado trastocó la vida del lugar. Todos se recelaban.
Tiempo después, uno de los hombres fuertes de la aldea salió a la calle luciendo el anillo en el dedo índice de su mano derecha. Los aldeanos se horrorizaron: ¡allí estaba el anillo robado!
El hombre fue llevado ante un tribunal de notables, donde defendió su inocencia junto a los más caros abogados. Durante infinitas sesiones, en las que desfilaron decenas de testigos, el anillo seguía brillando en la mano del acusado. Los jueces, que demoraban el fallo, no se lo quitaron. Las pruebas para concluir que era fruto de un robo, decían, no eran suficientes. Esto provocó indignación: en esa mano, inconfundible, estaba el anillo ¿Qué más faltaba? ¿Qué importaba cómo había pasado del cofre a ese dedo?
Los jueces no pensaban igual. Sin pruebas del robo, repetían, no había robo. Pero ¿a qué llamaban prueba, si había incluso confesiones de algunos cómplices?
Era tan obsceno ver al hombre exhibiendo el anillo en las calles de la aldea que muchos, para evitar ese dolor, dejaron de verlo. Los que no se resignaban acudieron al sabio de la comunidad en busca de consejo. El anciano vivía apartado, pero estaba al tanto de todo. "No robaron un anillo", les dijo. Los aldeanos, que respetaban al viejo, pensaron que estaban a punto de perder la razón. "Es peor -siguió el sabio-. Robaron la palabra. Cortaron el lazo que la unía a la realidad. La verdad y la mentira son ahora lo mismo. Y eso es el fin de la aldea que conocimos".
La vicepresidenta no puede dejar atrás su pasado: el anillo siempre vuelve y resulta imposible de ocultar. Está a la vista de todos porque fue exhibido al calor de un sentimiento de impunidad tan grande que solo es comparable en magnitud con la voracidad del matrimonio Kirchner y su círculo más cercano durante la década ganada.
Sin embargo, hay mucho más de lo que ven los ojos y eso parece atraer a quienes buscan robar lo robado.
El asesinato de Fabián Gutiérrez vuelve a poner en primer plano la corrupción del kirchnerismo. Y marca otro capítulo en la historia de un botín que va sembrando tragedias.
Según la Justicia, el exsecretario de Cristina Kirchner le robó al Estado 1000 millones de pesos. Si un simple ayudante se quedó con eso, ¿cuánto suma el desfalco perpetrado con métodos industriales durante aquellos años? Parte de esa respuesta está en la Justicia y contra esa realidad insoportable se despliega el relato.
Eso explica la atmósfera orwelliana que se respira por estos días en los que "la guerra es la paz". Gracias al relato, el kirchnerismo ha podido llevarse antes lo que ahora falta; y con el relato, espera ahora abolir el pasado para consagrar la impunidad. El daño mayor, hay que decirlo, no es lo que falta, sino la pulverización de la palabra que supone convertir la mentira en verdad.
La lógica del relato es simple: consiste en negar la realidad mediante la repetición constante de una falsedad y en proyectar en el adversario las faltas propias para erigirlo en la encarnación del mal. Es decir, en enemigo. Esto, desplegado con convicción y de modo sistemático, da resultado. Más si la técnica se aplica sobre la llaga de un pasado plagado de divisiones. Y más aún si no existe una Justicia capaz de definir la verdad de los hechos sobre la base de prueba fehaciente y de sentencias firmes.
Los reos no reciben condena y vuelven a su casa porque el kirchnerismo ha conseguido inscribir la verdad dentro del campo de la retórica.
Así, el Gobierno le hace decir a un comunicado de Juntos por el Cambio lo que no dice, atribuyéndole las intenciones que el kirchnerismo tuvo y llevó adelante, cuando era oposición, ante la trágica muerte de Maldonado. Así, el Presidente trata a los opositores de "canallas y miserables" y su jefe de Gabinete los acusa de "sembrar el odio", mensaje que todo el kirchnerismo dispara a discreción.
La palabra elegida no es casual: el odio, avivado a través de la palabra, es lo que Cristina Kirchner ha cultivado desde su primera presidencia para profundizar las divisiones de la sociedad argentina con el fin de concentrar poder.
El problema es que el asesinato de Gutiérrez vuelve a contradecir uno de los mayores logros del relato ¿Cómo puede un exsecretario tener 36 propiedades y más de 30 autos de lujo, según consta en Tribunales? Eso dinamita la idea del kirchnerismo como una expresión de izquierda que defiende a los desprotegidos.
Daniel Muñoz, otro secretario, sumó propiedades por 75 millones de dólares. Báez posee el 10% de la provincia de Santa Cruz y una fortuna difícil de calcular.
En las grandes celebraciones, los secretarios y empleados comen y beben lo que queda del festín mayor. Por esto que todos saben volvieron a salir a la calle aquellos que no se resignan...
miércoles, 8 de septiembre de 2021
Los cuentos de Serguey, nuestro amigo ventanero
Quiero regalarte un cuento.....
Latif era el pordiosero más pobre de la ciudad, y dormía cada noche en el zaguán de una casa diferente. Sin embargo, Latif era considerado el hombre más sabio del pueblo. Una mañana el rey apareció en la plaza, hasta que tropezó con Latif y sus súbditos le contaron de él. El rey, divertido, se acercó al mendigo y le dijo: “Si me contestas una pregunta te doy esta moneda de oro”. "¿Cuál es tu pregunta?", respondió el mendigo. Y el rey se sintió desafiado, entonces, se despachó con una cuestión que hacía días lo angustiaba y que no podía resolver. La respuesta de Latif fue justa y creativa. El rey se sorprendió, dejó su moneda a los pies del mendigo. Al día siguiente el rey volvió y le hizo otra pregunta y otra vez Latif la respondió rápida y sabiamente. “Latif, te necesito” - le dijo el rey. - "Te pido que vengas a palacio y seas mi asesor". "Te prometo que no te faltará nada", juró el rey. Lafit aceptó la propuesta del rey. Durante las siguientes semanas las consultas del rey se hicieron habituales. Obviamente esto desencadenó los celos de todos los cortesanos. Un día todos los demás asesores pidieron audiencia al rey y le dijeron. “Tu amigo Latif, como tú le llamas, está conspirando para derrocarte". “No puede ser, no lo creo” - dijo el rey. “Puedes confirmarlo con tus propios ojos”. El rey se sintió defraudado y dolido. Debía confirmar esas versiones. Esa tarde a las cinco, aguardaba oculto en el recodo de una escalera. Desde allí vio cómo, en efecto, Latif llegaba a la puerta, miraba hacia los lados y con la llave que colgaba de su cuello abría la puerta de madera y se escabullía sigilosamente dentro del cuarto. “¿Lo visteis?” - gritaron los cortesanos. Seguido de su guardia personal el monarca golpeó la puerta. "¿Quién es?” - dijo Latif desde adentro. “Soy yo, el rey”- dijo el soberano... - “ábreme”. Latif abrió la puerta. No había nadie, salvo Latif. Ninguna puerta, o ventana, ninguna puerta secreta, ningún mueble que permitiera ocultar a alguien. Solo había en el piso un plato de madera desgastado, en un rincón una vara de caminante y en el centro de la pieza una túnica raída colgando de un gancho en el techo. “¿Estás conspirando contra mí Latif?”. “ ¿Cómo se te ocurre, majestad"- contestó Latif- “De ninguna forma, ¿por qué lo haría?” - “Pues vienes aquí cada tarde en secreto. "¿Qué es lo que buscas si no te ves con nadie?" "¿Para qué vienes a este cuchitril a escondidas?" Latif sonrió y se acercó a la túnica rotosa que pendía del techo. La acarició y le dijo al rey: "Hace seis meses cuando llegué a tu castillo, lo único que tenía eran esta túnica, este plato y esta vara de madera” -dijo Latif. “Ahora me siento tan cómodo en la ropa que visto, es tan confortable la cama en la que duermo, es tan halagador el respeto que me das y tan fascinante el poder que regala mi lugar a tu lado… que vengo cada día para estar seguro de una sola cosa... no olvidar nunca “QUIÉN SOY Y DE DÓNDE VINE”.
viernes, 2 de julio de 2021
Los cuentos de Serguey, nuestro querido ventanero
Serguey2 de julio de 2021, 18:24
A Manes que tanto le gustan los cuentitos le quiero dedicar este. Y a los Jueces y fiscales que tenemos, también.....
Un hombre, pobre y hambriento, peregrinaba por las calles con un pedazo de pan en la mano. Al pasar frente a una casa de comidas sintió el apetitoso aroma de un guiso. El manjar se estaba cocinando en una cacerola cercana a la ventana abierta. De inmediato el olor movió su voluntad. Con el deseo de obtener algo de ese banquete extendió su brazo y colocó la rodaja, durante unos segundos, encima de la olla. Luego comió deprisa. Con gran satisfacción comprobó que el pan estaba sabroso por lo que se había impregnado. El dueño del restaurante, que había seguido de lejos la operación, pudo agarrarlo por el cuello y lo condujo ante el juez. El magistrado escuchó con atención la demanda. Luego de meditar unos segundos, extrajo dos monedas de su bolsillo y las colocó en su mano:
—Por favor, acérquese frente a mí en silencio —le indicó al dueño.
El hombre obedeció. Entonces el juez hizo sonar las monedas en los oídos del quejoso.
—¿Para qué hace esto? —preguntó con asombro el dueño del restaurante.
—Acabo de pagar por el olor de tu guiso. Considero que el sonido de este dinero ha sido un justo pago por el aroma de tu comida. Es sentencia firme. Vete a cuidar tus cacerolas; estamos todos en paz.....
Ah! Y a Juan Carr...
En la entrada: "¡¡Toda una joyita el escudero de Manes!!"
sábado, 15 de mayo de 2021
UNA CARICIA AL ALMA... ¡IMPERDIBLE SU LECTURA!
Mirta Terraes
ASÍ SE VIVE Y ASÍ SE MUERE.
sábado, 3 de abril de 2021
Un poco de humor: "Chiste machista y patriarcal, ¡QUÉ JODER!... "
martes, 1 de septiembre de 2020
Hoy vamos a contar un cuento...
"Un cuento que creo que nos refleja en cuanto a nuestra pusilanimidad..."
"No había en el pueblo un oficio peor conceptuado y peor pago que el de portero del prostíbulo. Pero ¿qué otra cosa podría hacer aquel hombre? De hecho, nunca había aprendido a leer ni a escribir, no tenía ninguna otra actividad ni oficio. En realidad, era su puesto porque su padre había sido portero de ese prostíbulo y también antes, el padre de su padre.
Durante décadas, el prostíbulo se pasaba de padres a hijos y la portería se pasaba de padres a hijos. Un día, el viejo propietario murió y se hizo cargo del prostíbulo un joven con inquietudes, creativo y emprendedor. El joven decidió modernizar el negocio.
Modificó las habitaciones y después citó al personal para darle nuevas instrucciones.
Al portero, le dijo:
– A partir de hoy usted, además de estar en la puerta, me va a preparar una planilla semanal. Allí anotará usted la cantidad de parejas que entran día por día. A una de cada cinco, le preguntará cómo fueron atendidas y qué corregirían del lugar. Y una vez por semana, me presentará esa planilla con los comentarios que usted crea convenientes.
El hombre tembló, nunca le había faltado disposición al trabajo pero…
– Me encantaría satisfacerlo, señor -balbuceó- pero yo… yo no sé leer ni escribir.
– ¡Ah! ¡Cuánto lo siento! Como usted comprenderá, yo no puedo pagar a otra persona para que haga esto y tampoco puedo esperar hasta que usted aprenda a escribir, por lo tanto…
– Pero señor, usted no me puede despedir, yo trabajé en esto toda mi vida, también mi padre y mi abuelo…
No lo dejó terminar.
– Mire, yo comprendo, pero no puedo hacer nada por usted. Lógicamente le vamos a dar una indemnización, esto es, una cantidad de dinero para que tenga hasta que encuentre otra cosa. Así que, lo siento. Que tenga suerte. Y sin más, se dio vuelta y se fue.
El hombre sintió que el mundo se derrumbaba. Nunca había pensado que podría llegar a encontrarse en esa situación. Llegó a su casa, por primera vez desocupado. ¿Qué hacer?
Recordó que a veces en el prostíbulo, cuando se rompía una cama o se arruinaba una pata de un ropero, él, con un martillo y clavos se las ingeniaba para hacer un arreglo sencillo y provisorio. Pensó que esta podría ser una ocupación transitoria hasta que alguien le ofreciera un empleo.
Buscó por toda la casa las herramientas que necesitaba, sólo tenía unos clavos oxidados y una tenaza mellada. Tenía que comprar una caja de herramientas completa. Para eso usaría una parte del dinero recibido.
En la esquina de su casa se enteró de que en su pueblo no había una ferretería, y que debía viajar dos días en mula para ir al pueblo más cercano a realizar la compra. ¿Qué más da? Pensó, y emprendió la marcha.
A su regreso, traía una hermosa y completa caja de herramientas. No había terminado de quitarse las botas cuando llamaron a la puerta de su casa. Era su vecino.
– Vengo a preguntarle si no tiene un martillo para prestarme.
Mire, sí, lo acabo de comprar pero lo necesito para trabajar… como me quedé sin empleo…
– Bueno, pero yo se lo devolvería mañana bien temprano.
– Está bien.
A la mañana siguiente, como había prometido, el vecino tocó la puerta.
– Mire, yo todavía necesito el martillo ¿Por qué no me lo vende?
– No, yo lo necesito para trabajar y además, la ferretería está a dos días de mula.
– Hagamos un trato -dijo el vecino- Yo le pagaré a usted los dos días de ida y los dos de vuelta, más el precio del martillo, total usted está sin trabajar ¿Qué le parece?
Realmente, esto le daba un trabajo por cuatro días… Aceptó. Volvió a montar su mula.
Al regreso, otro vecino lo esperaba en la puerta de su casa.
– Hola, vecino ¿Usted le vendió un martillo a nuestro amigo?
– Sí…
Yo necesito unas herramientas, estoy dispuesto a pagarle sus cuatros días de viaje, y una pequeña ganancia por cada herramienta. Usted sabe, no todos podemos disponer de cuatro días para nuestras compras.
El exportero abrió su caja de herramientas y su vecino eligió una pinza, un destornillador, un martillo y un cincel. Le pagó y se fue.
«… No todos disponemos de cuatro días para compras», recordaba. Si esto era cierto, mucha gente podría necesitar que él viajara a traer herramientas.
En el siguiente viaje decidió que arriesgaría un poco del dinero de la indemnización, trayendo más herramientas que las que había vendido. De paso, podría ahorrar algún tiempo de viajes.
La voz empezó a correrse por el barrio y muchos quisieron evitarse el viaje.
Una vez por semana, el ahora corredor de herramientas viajaba y compraba lo que necesitaban sus clientes.
Pronto entendió que si pudiera encontrar un lugar donde almacenar las herramientas, podría ahorrar más viajes y ganar más dinero. Alquiló un galpón.
Luego le hizo una entrada más cómoda y algunas semanas después con una vidriera, el galpón se transformó en la primera ferretería del pueblo.
Todos estaban contentos y compraban en su negocio. Ya no viajaba, de la ferretería del pueblo vecino le enviaban sus pedidos. Él era un buen cliente.
Con el tiempo, todos los compradores de pueblos pequeños más lejanos preferían comprar en su ferretería y ganar dos días de marcha.
Un día se le ocurrió que su amigo, el tornero, podría fabricar para él las cabezas de los martillos.
Y luego, ¿por qué no? Las tenazas… y las pinzas… y los cinceles. Y luego fueron los clavos y los tornillos…
Para no hacer muy largo el cuento, sucedió que en diez años aquel hombre se transformó, con honestidad y trabajo, en un millonario fabricante de herramientas. El empresario más poderoso de la región.
Tan poderoso era, que un año, para la fecha de comienzo de las clases, decidió donar a su pueblo una escuela. Allí se enseñaría además de lectura y escritura, las artes y los oficios más prácticos de la época.
El intendente y el alcalde organizaron una gran fiesta de inauguración de la escuela y una importante cena de agasajo para su fundador. A los postres, el alcalde le entregó las llaves de la ciudad y el intendente lo abrazó y le dijo:
– Es con gran orgullo y gratitud que le pedimos nos conceda el honor de poner su firma en la primera hoja del libro de actas de la nueva escuela.
– El honor sería para mí -dijo el hombre-. Creo que nada me gustaría más que firmar allí, pero yo no sé leer ni escribir. Yo soy analfabeto.
– ¿Usted? -dijo el intendente, que no alcanzaba a creerlo- ¿Usted no sabe leer ni escribir? ¿Usted construyó un imperio industrial sin saber leer ni escribir? Estoy asombrado. Me pregunto, ¿qué hubiera hecho si hubiera sabido leer y escribir?
– Yo se lo puedo contestar -respondió el hombre con calma-. Si yo hubiera sabido leer y escribir… sería el portero del prostíbulo!
Somos como el cuento pero al revés..."
lunes, 20 de julio de 2020
Un cuento ideal para el día que hoy se festeja
Un hombre, su caballo y su perro caminaban por una calle. Después de mucho caminar, el hombre se dio cuenta de que los tres habían muerto en un accidente.
(¡Gx Serguey!)
miércoles, 20 de mayo de 2020
martes, 19 de mayo de 2020
VIDEO: Cuentos de Landriscina para tener un recreo en medio de tanta miserabilidad KAKA que nos está agobiando
viernes, 17 de abril de 2020
Los pavos no vuelan
Cuento de Enrique Mariscal
Cuentan de un paisano de Catamarca que se encontró en el campo un huevo muy grande. Nunca había visto nada igual. Decidió llevarlo a su casa.
-¿Será de avestruz?- preguntó su mujer.
-No, es demasiado abultado- dijo el abuelo.
-¿Y si lo rompemos?- propuso el ahijado.
-Sería una lástima. Perderíamos una hermosa curiosidad -respondió cuidadosamente la abuela.
-Miren, en la duda, se lo voy a colocar a la pava que está calentando los huevos. Tal vez con el tiempo nazca algo - afirmó el paisano. Y así lo hizo.
Cuenta la historia que a los quince días nació un pavito oscuro, grande, nervioso, que con mucha avidez comió todo el alimento que encontró a su alrededor. Luego miró a la madre con vivacidad y le dijo entusiasta «Bueno, ahora vamos a volar». La pava se sorprendió muchísimo de la proposición de su flamante crío, y le explicó: «Mirá, los pavos no vuelan. A vos te hace mal comer apurado».
Entonces todos trataron de que el pavito comiera más despacio, el mejor alimento y en la medida justa. Pero el pavito terminaba su almuerzo o su cena, su desayuno o merienda y les decía a sus hermanos «Vamos muchachos, ¡a volar!» Todos los pavos le explicaban nuevamente: «Los pavos no vuelan. A vos te hace mal la comida.»
El pavito fue hablando más de comer y menos de volar. Y creció y murió en la pavada general ¡Pero era un cóndor! Había nacido para volar hasta los 7000 metros, pero, como nadie volaba…
El riesgo de morir en la pavada general es muy grande. ¡Como nadie vuela! Muchas puertas están abiertas porque nadie las cierra, y otras puertas están cerradas porque nadie las abre. El miedo al hondazo es terrible, pero la verdadera protección está en las alturas. Especialmente cuando hay hambre de elevación y buenas alas.
(Gx Serguey!)
miércoles, 24 de julio de 2019
jueves, 6 de junio de 2019
4 CASOS DE ACOSADORES
1. Voy a una fotocopiadora y le digo a la señorita, ¿cuánto me cobrás por los 2 lados?? Ahora estoy en la comisaría acusado de acoso sexual.
2. Ayer, regresando del almuerzo, me preguntaron 2 señoritas, ¿qué hora tiene? Y les respondí... tengo un cuarto para las 2. Y aquí estoy, escribiendo desde la comisaría.
3. Por culpa del acoso perdí mi trabajo.
Estaba en la tienda de ropa y entró una clienta y preguntó cuánto vale esa falda. Yo le respondí $150 y me volvió a preguntar, ¿y ese calzón rosado? le dije $350, entonces ella me dijo, ¿está usted loco, cómo el calzón va estar más caro que la falda?? a lo que yo le respondí: si desea le subo la falda y le bajó el calzón... acá estoy subiendo al patrullero...
4. En el restaurante pedí a la chica un estofado de lengua montado con 2 huevos... después recordé que no debía comer huevos por el colesterol... cuando me trajo el plato le dije: sacame los huevos y pasame la lengua.... les escribo desde la prisión....
¡¡¡MALDITAS FEMINISTAS!!!
viernes, 22 de marzo de 2019
¡Hasta mañana!
(¡Gx Serguey!)
lunes, 3 de septiembre de 2018
Los cuentos de Serguey
Mauricio le dice a Cristina: "Esa es la típica deshonra que has mostrado toda tu vida, trampas y engaños. Yo te voy a mostrar una forma honesta de obtener las mismas tres facturas sin robar o mentir, y además probarte que soy mucho más inteligente."
Mauricio se acerca hasta el dueño y dice: "Deme una factura y yo le muestro un truco mágico". Intrigado, el dueño acepta la oferta y le da una factura. Mauricio se la traga y le pide otra. El dueño le da otra. Luego Mauricio pide una tercera y también se la come.
Para entonces, el dueño se empieza a preguntar dónde estaba el truco mágico y dice: "¿Y las facturas?". Mauricio responde: Fíjese en los bolsillos de Cristina!!










