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viernes, 1 de enero de 2021

Para cuando creas que todo está perdido, te dejo este relato de fe... ¡FELIZ AÑO NUEVO!

Post fijado

31/12/2020 - 20:00

Fue un impulso superior, desconocido, irrefrenable. Jorge II, monarca de Gran Bretaña e Irlanda, al escuchar los primeros acordes, solo fue capaz de alzarse y con él, en un movimiento único, todos los presentes hicieron lo mismo. Desde entonces es tradición en Inglaterra escuchar el Aleluya de Haendel, de pie, una pulgada más cerca de Dios. Pero muy pocos conocen en qué situación de vida se encontraba Jorge Federico Haendel en el momento de componer la magnífica obra. Enfermo, censurado por la estética musical inglesa, con el riesgo de ir a la Torre de Londres a la prisión por deudor moroso, no quería vivir; sin fuerzas, mal alimentado, destruido por la depresión, asistido por su empobrecido criado, sin horizontes ni alegría… "Es suficiente… sin fuerza... no quiero vivir sin fuerza", repetía. Estaba acabado. Tenía 56 años. En su desesperación, Haendel increpó a Dios... por indolente, por silencioso, por cruel. Como única respuesta una mano imprevista ilumina su hundido ánimo, mientras en su abandonada mesa de trabajo leyó: “¡Confórmate!” Y se abandonó con fuerza a esta palabra. Haendel inclinó la cabeza, ahora sacudida por una tempestad, sobre las viejas hojas de música. Había desaparecido el cansancio; todo era un goce creador. Durante 14 días con sus 14 noches, no comió, ni durmió, como si hubiera enloquecido. No dejaba de trabajar y cantar. Quería manifestar su testimonio de gratitud y gozo. Solo quien ha llegado a la raíz misma del dolor, puede saltar a la alegría con este vigor. Otro se hubiera dado por vencido. En cambio, un músico destruido, solo, sin ninguna violencia, fue capaz con su genio de poner de pie al rey de Inglaterra... “No quiero recibir ningún dinero por esta obra. No es mía. Todo lo que produzca que sea para los enfermos y los presos. Porque he sido un enfermo y con ella me sané. Y he sido un preso, y por ella me liberé.” De este renacimiento da testimonio un gran escritor, Stefan Zweig. Zweig y su esposa, se suicidaron en 1942. No pudieron soportar el horror de la guerra mundial, y su propia depresión: “demasiado cansados para soportar todo esto”. Tal vez puedas completar este cuento para regalar, con tres movimientos: escuchar el Aleluya, leer “Nuevos momentos estelares de la humanidad”, de Stefan Zweig; y meditar sobre el poder creador que duerme en cada uno de nosotros...


Este año 2020 nos puso de rodillas, pero... MIENTRAS TENGAMOS VIDA NADA ESTÁ PERDIDO. Siempre hay un nuevo amanecer cada vez que vemos salir el sol.

Renovemos las esperanzas en que vendrán tiempos mejores y que en gran parte, de nosotros depende.

¡A no bajar los brazos!

Les deseo lo mejor y los abrazo con el corazón...
¡¡Feliz AÑO NUEVO. Muy buen 2021!!


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