La exasperación histérica-ombliguista de los porteños me da gracia. Este país no está como está porque Larreta y Macri no fusilan negros al ritmo del Horst Wessel Lied. La culpa la tenemos nosotros, que no saltamos cuando echaron a Yrigoyen, cuando echaron a Castillo, que vivaron a Perón por un pan dulce mientras detenía y torturaba opositores, no levantamos ni un dedo por Frondizi o por Illia, que dejamos que esmerilaran a Alfonsín, le dieron la presidencia a Méndez que prometió la salida más fácil, y lo reeligieron por la licuadora y el viaje a Miami, nos dejamos manipular por Tinelli y Hadad, enchufándonos a Duhalde, dejamos hacer al Tuerto porque era un macho alfa que venía a poner orden, votamos a la Yegua porque la soja estaba a 500 dólares y la joda subsidiada parecía no tener fin y reelegimos a la Yegua porque se le murió el marido, porque nos compramos el aire acondicionado a 40.000 cuotas y el teléfono a 70.000.
Los manteros existen por nosotros.
Los manteros existen por nosotros.