La artista de reconocida trayectoria, millonaria y mecenas, denuncia haber sido secuestrada por sus hijas e internada en un conocido neuro-psiquiátrico en contra de su voluntad, por intereses centrados en su fortuna. Mientras atraviesa un juicio por insania iniciado por sus hijas, un grupo de estudiantes de cine realiza un documental e intenta conocer al personaje detrás del caso.
miércoles, 22 de octubre de 2025
"Yo, Natalia" (documental) - La historia de Natalia Kohen, la mujer internarda ilegalmente por el neurólogo Facundo Manes (VIDEO - 25/7/2021)
jueves, 27 de octubre de 2022
A los 103 años murió la escritora y artista Natalia Kohen quien fuera internada en un frenopático privado, alegando que estaba loca, con un certificado de Facundo Manes
“Una vida de folletín”: a los 103 años murió la escritora y artista Natalia Kohen
Su deceso ocurrió semanas atrás, pero la noticia trascendió el domingo; en 2005, había protagonizado una querella clínico-judicial en la que estuvieron involucradas sus hijas y el actual diputado Facundo Manes

Este fin de semana se conoció la muerte de la escritora, artista y mecenas Natalia Cohan de Kohen. “A la avanzada edad de 103 años falleció la escritora Natalia Kohen -anunció el domingo en su página de Facebook la Fundación Argentina para la Poesía-. Su espíritu inquieto y generoso se fue apagando poco a poco, rodeada por los libros y la extraordinaria colección de cuadros, un verdadero museo, de su acogedor departamento de la calle Libertad [...]. Viuda de un importante empresario, fue la mecenas de diversos emprendimientos culturales y acudió, siempre silenciosamente, en ayuda de algún poeta o artista necesitado. Admirada y querida por todos los que la trataron, su muerte, que pasó prácticamente inadvertida, enluta la cultura de nuestro país”. La escritora Natalia Zito, autora de la novela basada en hechos reales Veintisiete noches, confirmó que Kohen murió el 8 de este mes. Su familia no hizo ningún anuncio público.

Kohen había nacido en Mendoza en 1919, fue profesora de Letras y a lo largo de su vida publicó varios libros de relatos y poemas como Cortes transversales, Historia de patios, Todas las máscaras y la novela El collar. Uno de sus cuentos inspiró el ballet El hombre de la corbata roja, que interpretó Julio Bocca. Fue pareja de Mauricio Kohen, que con los años se convirtió en dueño de la empresa farmacéutica Argentia. Durante años, Natalia Kohen dirigió la Fundación Argentia de Ciencia y Cultura; por esa tarea obtuvo el premio Mecenas en 1986. Estudió pintura con Aída Carballo en la ciudad de Buenos Aires y también en la Sir John Cass School of Art, en Londres. También se formó en el Gabinete de Dibujo y Grabado del British Museum. Realizó varias exposiciones de pintura, de dibujo y de grabado en Argentina y en el exterior, y ganó premios municipales y nacionales. Acrecentó una valiosa colección de arte latinoamericano.
A los 87 años, Kohen ya había enviudado cuando, en 2005, sus dos hijas -Nora y Claudia Kohen- consideraron que estaba demente y la internaron en un neuropsiquiátrico. Kohen quería aportar dinero a un proyecto dirigido por Clorindo Testa destinado a crear un centro cultural en el Paseo de la Infanta. El neurólogo Facundo Manes, actual diputado de Juntos por el Cambio, y la neuróloga cognitiva Griselda Russo determinaron que Kohen padecía demencia frontotemporal, una patología que afecta la personalidad, la conducta y el lenguaje de las personas. “Facundo Manes me endilgó una enfermedad que se llama enfermedad de Pick, pero yo estaba sana -dijo Kohen en 2006-. Fue algo muy brutal”.
No obstante, por iniciativa de artistas, escritores y amigos de Kohen (de Edgardo Giménez a China Zorrilla y de Juan José Sebreli a Natu Poblet), que probaron que no padecía ninguna enfermedad, pudo retornar a su vida habitual y, tiempo después, reconciliarse con sus hijas. La Justicia desestimó en dos instancias las acusaciones de Kohen contra Manes y Russo, que fueron sobreseídos. En 2006, Cohan de Kohen fue declarada “inhábil” y la Justicia nombró a un curador definitivo; sin embargo, podía disponer libremente de sus bienes.
“Su vida fue un folletín -dice Sebreli a LA NACION-. Ella escribió una autobiografía algo edulcorada, un poco falsa [El color de la nostalgia: casi una autobiografía]. Sin embargo, decía que había tenido una infancia dura. Le pregunté por qué y me confesó que el padre se había suicidado en el baño de un café de la calle Corrientes. En realidad, se sospechaba que vio entrar a alguien que lo iba a buscar y se mató. Un pariente de Natalia me dijo que tal vez el padre había quedado desprestigiado porque lo vinculaban con la Zwi Migdal, la red de trata. Algo muy tremendo para la hija fue limpiar la camisa del padre muerto para que no se enteraran de que se había suicidado. Era de una familia de clase media baja; su marido era visitador médico y, de un día para el otro, se hizo rico. Luego de la muerte del marido, ella heredó una inmensa fortuna y se cuidaba mucho de tener amistades con hombres por temor a los viudos negros”.
Durante varios años, una vez por mes, Natalia Kohen organizaba reuniones con amigos como Hugo Beccacece, Eduardo Paz Leston, Guillermo Jaim Etcheverry y Sebreli, en el restaurante del Hotel Plaza. “Me alojé en su casa en Punta del Este, cuando daba cursos de sociología del cine y cultura, y le presenté a Mirtha Legrand -agrega Sebreli-. En un momento, Natalia se metió con un tipo de fama dudosa que decía que era bisexual y le propuso hacer un salón de exposiciones; las hijas se pusieron muy mal, tuvieron miedo de que le sacara toda la fortuna y es entonces cuando van a buscar a Manes, que les extiende un certificado para encerrarla en un frenopático privado, alegando que estaba loca. Al enterarse, Edgardo Giménez quiso organizar una manifestación enfrente de la clínica para pedir por su liberación. Al final, Natalia se amigó con las hijas, y Natu Poblet y yo acompañamos a una de ellas a buscarla al loquero. En los últimos años, no tuve contacto con ella ni retomamos la amistad”.
Sobre esta historia la directora Guillermina Pico presentó en 2009 el documental Yo, Natalia (que se estrenó y ganó en el Bafici de ese año el premio al mejor cortometraje y el premio del público) y la escritora y psicoanalista Natalia Zito publicó en 2021 la novela Veintisiete noches (Galerna), donde la protagonista, que se llama Sarah Katz, padece situaciones similares a las de la artista y mecenas. “Natalia Kohen forma parte de mi vida como escritora, será imposible olvidarla, supongo que quedarse así, de una manera tan radical en otros, sin proponérselo, es una forma de ser inmortal”, señala Zito a LA NACION.
“En nombre de quienes hemos sido sus amigas, y la hemos acompañado en tiempos difíciles, despido a Natalia con amor, ya que fue una amiga generosa y presente -dice la escritora Josefina Delgado-. Nos reunía el espacio de Clásica y Moderna, así como las reuniones de artistas y amigos en su casa. No solamente nos atraía su colección de arte, sino también su interés por las letras, una vez que decidió asumir la escritura. Porque era humilde y no exhibía sus logros, porque ayudaba a quienes lo necesitaban, por su simpatía, inteligencia y buen humor, la despedimos con nostalgia”.
En 2009, Kohen fue reconocida como Personalidad Destacada de la Cultura por la Legislatura porteña y agasajada por sus amigos artistas. (La Nación)
Leer aquí el archivo completo de LVI sobre el caso Facundo Manes - Natalia Kohen
lunes, 3 de octubre de 2022
VIDEO: "Yo, Natalia" (documental) - mujer internada ilegalmente por el neurólogo Facundo Manes

domingo, 26 de junio de 2022
LA HISTORIA NEGRA del ahora futuro candidato Manes reconstruida en "Veintisiete noches", la novela sobre la internación psiquiátrica de una millonaria argentina


Por Mar Centena
Katz se hace esa pregunta cuando lleva diez días internada, medicada e incomunicada. Sólo sus hijas y el médico que la diagnosticó saben dónde está. Gracias a la ayuda de una mujer, consigue una tarjeta telefónica, la oculta en su ropa interior y después de estudiar los movimientos del personal se acerca a escondidas a la cabina telefónica. No llama a su amante, al hombre con el que en los últimos meses había hablado de casarse, o al menos lo niega. Él tampoco la busca. Llama, en cambio, a su amigo para contarle dónde está y pedir auxilio.
— Ayúdame, por favor, ayúdame.
Repite el pedido de ayuda todas las veces que puede hasta casi agotar el crédito de la tarjeta.
Con esa llamada comienza a agrietar la muralla que han levantado a su alrededor. Cuando la derriba, la espera el sistema judicial. A todos les planta batalla.
“Quién iba a decir que el tiempo iba a poner a prueba el diagnóstico de una manera tan atroz”, dice Zito en el consultorio de Buenos Aires donde combina sus dos profesiones, la escritura y el psicoanálisis. La demencia frontemporal es una enfermedad progresiva e irreversible, explica. En cuestión de pocos años se pierde todo contacto con la realidad y la capacidad de razonar. En cambio, cuando la escritora habló con la protagonista, ella había cumplido ya 99 años “y estaba fantástica”, asegura. Hoy tiene 104 años.
A la hora de convencer a una colega para que confirme su diagnóstico, el neurólogo hace hincapié en la desinhibición sexual de la protagonista. La escritora cree que las diferencias entre géneros posiblemente influyeron para posibilitar la internación y la posterior declaración de insanía. “Es una de las preguntas que me hago con el libro: ¿Qué habría pasado de haber sido varón? Creo que no habría sido como con ella. Un varón que está pasándola bien y está de fiesta, quizás alguna persona puede pensar que está desinhibido, pero no todos. Acá lo que pasó es que salió todo un sistema a responder y a permitir que ella fuese internada. No fueron sólo las hijas. Apareció un médico, una clínica, apareció todo un sistema”, subraya.
“No creo que pensasen que estaba loca y había que internarla, pero veían que ese novio que ella tenía probablemente estaba con ella por interés. El asunto es por qué tan rápido asumimos que ella no lo sabe. Quizás lo sabía y estaba dispuesta a pagar ese costo. Pero desde el lado de las hijas puedo entender el pensamiento de ‘¿Qué hacemos, dejamos que esto ocurra o tenemos que hacer algo?”, reflexiona.
Zito responde que cambió los nombres verdaderos por otros porque le interesaba la historia, no los protagonistas reales. En un país tan politizado como Argentina, tampoco quería que la novela fuese usada como arma contra Manes, absuelto por la justicia en este caso. La novelista cuenta que le atrajo también que era un caso previo a la nueva ley de salud mental, vigente desde 2010, que hizo mucho más difíciles los casos de internaciones involuntarias como el sufrido por la protagonista, y que le permitía reflejar a la clase alta, mucho menos explorada que las demás en la literatura argentina.
“Cuando empecé me hice la pregunta: ¿El dinero puede ser una fuente de sufrimiento?”, apunta como motor de una investigación de más de un año que la llevó a hablar con Katz/Kohen y con cerca de medio centenar de personas de su entorno para después construir la novela sobre sus versiones, a veces contradictorias. Lejos de hacer tambalear la veracidad, le dan mayor espesura.
Uno de los recuerdos que más varía según el interlocutor es el de las circunstancias en las que se la llevaron de la casa. El relato de Katz y algunos de sus amigos es que “miró con odio a todo el mundo, pero eso es todo lo que hizo antes de ir a buscar un saquito de piel y caminar junto con los enfermeros hacia el ascensor y luego la ambulancia que espera en la puerta”. La otra versión dice que dos de los enfermeros “la agarran por los brazos desde atrás, mientras otro sujeta las piernas ancianas, que no dejan de patalear. Entonces un tercero, que ya tenía listo el inyectable, logra aplicarlo en medio de un escándalo de gritos y forcejeos”.
La novela genera empatía con la protagonista, pero invita también al debate sobre el estilo de vida de la población anciana, su sexualidad y los cuidados que requiere. “Me interesaba poner una historia a disposición para poder pensar qué hacemos. Porque muchas veces los hijos dicen que van a hacer esto por el bien de él o por el bien de ella y hay que ver hasta qué punto se hace por ellos o por las necesidades de los hijos, porque también es difícil asistir a la vejez”, se cuestiona.
A partir de la publicación del libro, cuenta que recibió correos tanto de hijos que no sabían qué hacer con sus padres o que a raíz de la lectura se habían replanteado lo que querían hacer, y de adultos mayores a los que habían internado.
“La ley actual de salud mental lo que dice es que el paciente tiene que dar su consentimiento. En un caso como el de Sarah, en el que la paciente no estaba ni delirando ni alucinada ni en un estado fuera de la conciencia, ella tendría que haber dado su consentimiento. Sarah con la ley actual no podría haber sido internada”, afirma. (El País)
sábado, 26 de junio de 2021
TODO LO QUE HAY QUE SABER SOBRE FACUNDO MANES (POST DEL 2/6/2018 YA PUBLICADO EN ESTE MISMO ESPACIO)

¿Quién es realmente Facundo Manes, el abonado eterno a las mesas de Mirtha? Para saberlo arrancamos con un título muy sugestivo: "El médico de Cristina está acusado de mala praxis"sábado, 2 de junio de 2018
Nota del 7/10/2013 (tiempo después fue eliminada)
Un fallo de la Cámara de Apelaciones consideró en 2007, que Facundo Manes emitió certificados falsos declarando un proceso de insania sobre Natalia Cohan, para que sus hijas pudieran gozar de su fortuna ilícitamente.
Una mano para Natalia
Por Andrea FerrariHombres de blanco
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Cómo terminó la causa judicial contra el neurólogo de Cristina Kirchner














