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miércoles, 22 de octubre de 2025

"Yo, Natalia" (documental) - La historia de Natalia Kohen, la mujer internarda ilegalmente por el neurólogo Facundo Manes (VIDEO - 25/7/2021)

“Mis hijas me han quitado todo y me quieren hacer pasar por loca”, declara a los diarios Natalia Kohen.

La artista de reconocida trayectoria, millonaria y mecenas, denuncia haber sido secuestrada por sus hijas e internada en un conocido neuro-psiquiátrico en contra de su voluntad, por intereses centrados en su fortuna. Mientras atraviesa un juicio por insania iniciado por sus hijas, un grupo de estudiantes de cine realiza un documental e intenta conocer al personaje detrás del caso. 

jueves, 27 de octubre de 2022

A los 103 años murió la escritora y artista Natalia Kohen quien fuera internada en un frenopático privado, alegando que estaba loca, con un certificado de Facundo Manes

“Una vida de folletín”: a los 103 años murió la escritora y artista Natalia Kohen

Su deceso ocurrió semanas atrás, pero la noticia trascendió el domingo; en 2005, había protagonizado una querella clínico-judicial en la que estuvieron involucradas sus hijas y el actual diputado Facundo Manes


Este fin de semana se conoció la muerte de la escritora, artista y mecenas Natalia Cohan de Kohen. “A la avanzada edad de 103 años falleció la escritora Natalia Kohen -anunció el domingo en su página de Facebook la Fundación Argentina para la Poesía-. Su espíritu inquieto y generoso se fue apagando poco a poco, rodeada por los libros y la extraordinaria colección de cuadros, un verdadero museo, de su acogedor departamento de la calle Libertad [...]. Viuda de un importante empresario, fue la mecenas de diversos emprendimientos culturales y acudió, siempre silenciosamente, en ayuda de algún poeta o artista necesitado. Admirada y querida por todos los que la trataron, su muerte, que pasó prácticamente inadvertida, enluta la cultura de nuestro país”. La escritora Natalia Zito, autora de la novela basada en hechos reales Veintisiete noches, confirmó que Kohen murió el 8 de este mes. Su familia no hizo ningún anuncio público.

Kohen había nacido en Mendoza en 1919, fue profesora de Letras y a lo largo de su vida publicó varios libros de relatos y poemas como Cortes transversales, Historia de patios, Todas las máscaras y la novela El collar. Uno de sus cuentos inspiró el ballet El hombre de la corbata roja, que interpretó Julio Bocca. Fue pareja de Mauricio Kohen, que con los años se convirtió en dueño de la empresa farmacéutica Argentia. Durante años, Natalia Kohen dirigió la Fundación Argentia de Ciencia y Cultura; por esa tarea obtuvo el premio Mecenas en 1986. Estudió pintura con Aída Carballo en la ciudad de Buenos Aires y también en la Sir John Cass School of Art, en Londres. También se formó en el Gabinete de Dibujo y Grabado del British Museum. Realizó varias exposiciones de pintura, de dibujo y de grabado en Argentina y en el exterior, y ganó premios municipales y nacionales. Acrecentó una valiosa colección de arte latinoamericano.

A los 87 años, Kohen ya había enviudado cuando, en 2005, sus dos hijas -Nora y Claudia Kohen- consideraron que estaba demente y la internaron en un neuropsiquiátrico. Kohen quería aportar dinero a un proyecto dirigido por Clorindo Testa destinado a crear un centro cultural en el Paseo de la Infanta. El neurólogo Facundo Manes, actual diputado de Juntos por el Cambio, y la neuróloga cognitiva Griselda Russo determinaron que Kohen padecía demencia frontotemporal, una patología que afecta la personalidad, la conducta y el lenguaje de las personas. “Facundo Manes me endilgó una enfermedad que se llama enfermedad de Pick, pero yo estaba sana -dijo Kohen en 2006-. Fue algo muy brutal”.

No obstante, por iniciativa de artistas, escritores y amigos de Kohen (de Edgardo Giménez a China Zorrilla y de Juan José Sebreli a Natu Poblet), que probaron que no padecía ninguna enfermedad, pudo retornar a su vida habitual y, tiempo después, reconciliarse con sus hijas. La Justicia desestimó en dos instancias las acusaciones de Kohen contra Manes y Russo, que fueron sobreseídos. En 2006, Cohan de Kohen fue declarada “inhábil” y la Justicia nombró a un curador definitivo; sin embargo, podía disponer libremente de sus bienes.

“Su vida fue un folletín -dice Sebreli a LA NACION-. Ella escribió una autobiografía algo edulcorada, un poco falsa [El color de la nostalgia: casi una autobiografía]. Sin embargo, decía que había tenido una infancia dura. Le pregunté por qué y me confesó que el padre se había suicidado en el baño de un café de la calle Corrientes. En realidad, se sospechaba que vio entrar a alguien que lo iba a buscar y se mató. Un pariente de Natalia me dijo que tal vez el padre había quedado desprestigiado porque lo vinculaban con la Zwi Migdal, la red de trata. Algo muy tremendo para la hija fue limpiar la camisa del padre muerto para que no se enteraran de que se había suicidado. Era de una familia de clase media baja; su marido era visitador médico y, de un día para el otro, se hizo rico. Luego de la muerte del marido, ella heredó una inmensa fortuna y se cuidaba mucho de tener amistades con hombres por temor a los viudos negros”.

Durante varios años, una vez por mes, Natalia Kohen organizaba reuniones con amigos como Hugo Beccacece, Eduardo Paz Leston, Guillermo Jaim Etcheverry y Sebreli, en el restaurante del Hotel Plaza. “Me alojé en su casa en Punta del Este, cuando daba cursos de sociología del cine y cultura, y le presenté a Mirtha Legrand -agrega Sebreli-. En un momento, Natalia se metió con un tipo de fama dudosa que decía que era bisexual y le propuso hacer un salón de exposiciones; las hijas se pusieron muy mal, tuvieron miedo de que le sacara toda la fortuna y es entonces cuando van a buscar a Manes, que les extiende un certificado para encerrarla en un frenopático privado, alegando que estaba loca. Al enterarse, Edgardo Giménez quiso organizar una manifestación enfrente de la clínica para pedir por su liberación. Al final, Natalia se amigó con las hijas, y Natu Poblet y yo acompañamos a una de ellas a buscarla al loquero. En los últimos años, no tuve contacto con ella ni retomamos la amistad”.

Sobre esta historia la directora Guillermina Pico presentó en 2009 el documental Yo, Natalia (que se estrenó y ganó en el Bafici de ese año el premio al mejor cortometraje y el premio del público) y la escritora y psicoanalista Natalia Zito publicó en 2021 la novela Veintisiete noches (Galerna), donde la protagonista, que se llama Sarah Katz, padece situaciones similares a las de la artista y mecenas. “Natalia Kohen forma parte de mi vida como escritora, será imposible olvidarla, supongo que quedarse así, de una manera tan radical en otros, sin proponérselo, es una forma de ser inmortal”, señala Zito a LA NACION.

“En nombre de quienes hemos sido sus amigas, y la hemos acompañado en tiempos difíciles, despido a Natalia con amor, ya que fue una amiga generosa y presente -dice la escritora Josefina Delgado-. Nos reunía el espacio de Clásica y Moderna, así como las reuniones de artistas y amigos en su casa. No solamente nos atraía su colección de arte, sino también su interés por las letras, una vez que decidió asumir la escritura. Porque era humilde y no exhibía sus logros, porque ayudaba a quienes lo necesitaban, por su simpatía, inteligencia y buen humor, la despedimos con nostalgia”.

En 2009, Kohen fue reconocida como Personalidad Destacada de la Cultura por la Legislatura porteña y agasajada por sus amigos artistas. (La Nación)

Leer aquí el archivo completo de LVI sobre el caso Facundo Manes - Natalia Kohen

lunes, 3 de octubre de 2022

VIDEO: "Yo, Natalia" (documental) - mujer internada ilegalmente por el neurólogo Facundo Manes

 




Dj Néstor Giner

“Mis hijas me han quitado todo y me quieren hacer pasar por loca” declara a los diarios Natalia Kohen. La artista de reconocida trayectoria, millonaria y mecenas, denuncia haber sido secuestrada por sus hijas e internada en un conocido neuro-psiquiátrico en contra de su voluntad, por intereses centrados en su fortuna. Mientras atraviesa un juicio por insania iniciado por sus hijas, un grupo de estudiantes de cine realiza un documental e intenta conocer al personaje detrás del caso. - Mejor Cortometraje, BAFICI, Buenos Aires, Argentina, 2009. - Premio del Publico, BAFICI, Buenos Aires, Argentina, 2009. - Mejor Documental Festival de Cortometrajes de Olavarría, 2009. - School Selection L´alternativa Barcelona, Barcelona, Spain, 2009 - Competencia oficial de cortometrajes, DOCUMENTA MADRID 10, 2010 - Mención especial del jurado y Mejor banda sonora, CORTOPOLIS, Córdoba, Argentina, 2010 - Competencia oficial del Festival Internacional de Cine de Cali, Colombia, 2010. - Competencia oficial del Festival Internacional de Cine de Lima, Perú, 2009. - Competencia oficial del Festival Internacional de Cine Latitud Cero de Quito, Ecuador, 2009. - Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini, Buenos Aires, 2010. - Doctacine, Córdoba, 2011. - Museo del Cine, Buenos Aires, 2016.
- Centro Cultural Recoleta, Buenos Aires, 2017.

domingo, 26 de junio de 2022

LA HISTORIA NEGRA del ahora futuro candidato Manes reconstruida en "Veintisiete noches", la novela sobre la internación psiquiátrica de una millonaria argentina

 



Por Mar Centena
28 de mayo 2022

Una tarde de junio de 2005, seis enfermeros sacaron a la fuerza a una millonaria argentina de su casa y la internaron en un hospital psiquiátrico. ¿El motivo? Las hijas estaban preocupadas por el excéntrico comportamiento de su madre, de 88 años. La veían despilfarrar su fortuna junto a un hombre mucho más joven que solo la quería por interés, organizaba fiestas ruidosas y no atendía a los ruegos de familiares y vecinos por seguir las normas o un estilo de vida supuestamente acorde a su edad. Con un cuestionado diagnóstico de demencia frontemporal firmado por un conocido neurólogo, la mujer fue recluida en un hospital psiquiátrico y declarada insana por la Justicia. Con un pie en la ficción y otro en la realidad, la escritora Natalia Zito reconstruye en la novela Veintisiete noches (Galerna) un caso real: la internación de la escritora y artista plástica Natalia Kohen a pedido del médico Facundo Manes (hoy diputado nacional), el escándalo mediático que provocó y la disputa judicial en el seno de esta acaudalada familia de Buenos Aires. Kohen es Sarah Katz en la ficción; Manes, Orlando Narvaja.

— ¿No será un mito que los hijos tienen que querer a los padres?

Katz se hace esa pregunta cuando lleva diez días internada, medicada e incomunicada. Sólo sus hijas y el médico que la diagnosticó saben dónde está. Gracias a la ayuda de una mujer, consigue una tarjeta telefónica, la oculta en su ropa interior y después de estudiar los movimientos del personal se acerca a escondidas a la cabina telefónica. No llama a su amante, al hombre con el que en los últimos meses había hablado de casarse, o al menos lo niega. Él tampoco la busca. Llama, en cambio, a su amigo para contarle dónde está y pedir auxilio.


— Ayúdame, por favor, ayúdame.


Repite el pedido de ayuda todas las veces que puede hasta casi agotar el crédito de la tarjeta.


Con esa llamada comienza a agrietar la muralla que han levantado a su alrededor. Cuando la derriba, la espera el sistema judicial. A todos les planta batalla.


“Quién iba a decir que el tiempo iba a poner a prueba el diagnóstico de una manera tan atroz”, dice Zito en el consultorio de Buenos Aires donde combina sus dos profesiones, la escritura y el psicoanálisis. La demencia frontemporal es una enfermedad progresiva e irreversible, explica. En cuestión de pocos años se pierde todo contacto con la realidad y la capacidad de razonar. En cambio, cuando la escritora habló con la protagonista, ella había cumplido ya 99 años “y estaba fantástica”, asegura. Hoy tiene 104 años.


A la hora de convencer a una colega para que confirme su diagnóstico, el neurólogo hace hincapié en la desinhibición sexual de la protagonista. La escritora cree que las diferencias entre géneros posiblemente influyeron para posibilitar la internación y la posterior declaración de insanía. “Es una de las preguntas que me hago con el libro: ¿Qué habría pasado de haber sido varón? Creo que no habría sido como con ella. Un varón que está pasándola bien y está de fiesta, quizás alguna persona puede pensar que está desinhibido, pero no todos. Acá lo que pasó es que salió todo un sistema a responder y a permitir que ella fuese internada. No fueron sólo las hijas. Apareció un médico, una clínica, apareció todo un sistema”, subraya.


“No creo que pensasen que estaba loca y había que internarla, pero veían que ese novio que ella tenía probablemente estaba con ella por interés. El asunto es por qué tan rápido asumimos que ella no lo sabe. Quizás lo sabía y estaba dispuesta a pagar ese costo. Pero desde el lado de las hijas puedo entender el pensamiento de ‘¿Qué hacemos, dejamos que esto ocurra o tenemos que hacer algo?”, reflexiona.


Zito responde que cambió los nombres verdaderos por otros porque le interesaba la historia, no los protagonistas reales. En un país tan politizado como Argentina, tampoco quería que la novela fuese usada como arma contra Manes, absuelto por la justicia en este caso. La novelista cuenta que le atrajo también que era un caso previo a la nueva ley de salud mental, vigente desde 2010, que hizo mucho más difíciles los casos de internaciones involuntarias como el sufrido por la protagonista, y que le permitía reflejar a la clase alta, mucho menos explorada que las demás en la literatura argentina.


“Cuando empecé me hice la pregunta: ¿El dinero puede ser una fuente de sufrimiento?”, apunta como motor de una investigación de más de un año que la llevó a hablar con Katz/Kohen y con cerca de medio centenar de personas de su entorno para después construir la novela sobre sus versiones, a veces contradictorias. Lejos de hacer tambalear la veracidad, le dan mayor espesura.


Uno de los recuerdos que más varía según el interlocutor es el de las circunstancias en las que se la llevaron de la casa. El relato de Katz y algunos de sus amigos es que “miró con odio a todo el mundo, pero eso es todo lo que hizo antes de ir a buscar un saquito de piel y caminar junto con los enfermeros hacia el ascensor y luego la ambulancia que espera en la puerta”. La otra versión dice que dos de los enfermeros “la agarran por los brazos desde atrás, mientras otro sujeta las piernas ancianas, que no dejan de patalear. Entonces un tercero, que ya tenía listo el inyectable, logra aplicarlo en medio de un escándalo de gritos y forcejeos”.


La novela genera empatía con la protagonista, pero invita también al debate sobre el estilo de vida de la población anciana, su sexualidad y los cuidados que requiere. “Me interesaba poner una historia a disposición para poder pensar qué hacemos. Porque muchas veces los hijos dicen que van a hacer esto por el bien de él o por el bien de ella y hay que ver hasta qué punto se hace por ellos o por las necesidades de los hijos, porque también es difícil asistir a la vejez”, se cuestiona.


A partir de la publicación del libro, cuenta que recibió correos tanto de hijos que no sabían qué hacer con sus padres o que a raíz de la lectura se habían replanteado lo que querían hacer, y de adultos mayores a los que habían internado.


“La ley actual de salud mental lo que dice es que el paciente tiene que dar su consentimiento. En un caso como el de Sarah, en el que la paciente no estaba ni delirando ni alucinada ni en un estado fuera de la conciencia, ella tendría que haber dado su consentimiento. Sarah con la ley actual no podría haber sido internada”, afirma. (El País)


sábado, 26 de junio de 2021

TODO LO QUE HAY QUE SABER SOBRE FACUNDO MANES (POST DEL 2/6/2018 YA PUBLICADO EN ESTE MISMO ESPACIO)

 

¿Quién es realmente Facundo Manes, el abonado eterno a las mesas de Mirtha? Para saberlo arrancamos con un título muy sugestivo: "El médico de Cristina está acusado de mala praxis"sábado, 2 de junio de 2018

Ahora (2/6/18)


Nota del 7/10/2013 (tiempo después fue eliminada)

Un fallo de la Cámara de Apelaciones consideró en 2007, que Facundo Manes emitió certificados falsos declarando un proceso de insania sobre Natalia Cohan, para que sus hijas pudieran gozar de su fortuna ilícitamente.
El 16 de octubre de 2007 y luego de un proceso de dos años, la Cámara de Apelaciones dio un fallo, en el cual consideró que Natalia Cohan de Kohen de 89 años, no padecía demencia, patología diagnosticada por Facundo Manes de manera incorrecta, en complicidad y por pedido de las hijas de la anciana, quienes pretendían gozar de la fortuna familiar antes de que su madre muera.
Los días de padecimiento para Natalia, comenzaron en 2005, cuando sus hijas, Nora y Claudia Kohen, la  obligaron a ir a un médico y luego de esto sorpresivamente la declararon insana. Al parecer querían gozar de la fortuna que sus padres durante años habían acumulado.
El esposo de Natalia fue el  fundador de “Argentia”, el laboratorio que fue vendido en 1993 en más de 190 millones de dólares, el cual durante los últimos años de ser propiedad de la familia, estuvo al frente de las hijas de Kohen y dos de sus nietas. Motivo que las llevó a tomar la ambiciosa decisión, de declarar enferma mentalmente a la matriarca familiar.
Para ayudar a las sucesoras de la herencia,  a apoderarse del dinero antes del tiempo que corresponde por ley, el neurólogo Facundo Manes, emitió el 7 de Junio de 2005, un certificado médico que serviría para promover, un proceso de insania contra Natalia Cohan.
En dicho certificado, extendido y firmado en un talonario con el membrete del Fleni, Manes manifestó en puño y letra haber evaluado en sesiones de Neurología Cognitiva, Neuropsicología y Neuropsiquiatría, a Natalia por un deterioro conductual, patología por lo cual el médico le diagnosticó demencia frontotemporal.
En el momento en que se abrió la causa y por lo cual la justicia pidió pruebas, desde el Fleni informaron que no existía constancia, de que Facundo Manes haya evaluado en dichas secciones de la institución médica a Natalia.
Luego de esto se conoció un nuevo certificado, pero esta vez no firmado por Manes, sino por Griselda Russo, una médica que trabajaba en el Fleni y que el 7 de Junio de 2005 extendió un certificado médico, afirmando también haber atendido en el lugar mencionado a Cohan.
Dicha constancia médica firmada por la colega de Manes decía: “Si bien la paciente tiene diagnostico previo de enfermedad bipolar, gran parte de la sintomatología actual constituyen síntomas nuevos, en el contexto de TAC de cerebro con atrofia frontal focal, compatible con demencia frontotemporal (variante frontal)".
Debido a las incoherencias de los certificados y la información de referencia brindada por el registro formal del Fleni, los abogados de Natalia Cohan, promovieron proceso penal en  contra de Griselda Russo y Facundo Manes.
Previo a un proceso indagatorio, de forma particular y ante el escribano José Scarso, la Dra. Russo, reconoció no haber evaluado, ni conocido a la paciente en cuestión, pero si emitido los certificados por pedido del Dr. Manes.
Debido a la denuncia presentada por los abogados de la damnificada y la declaración de Russo, la querella criminal  apuntó contra Manes, quien sería responsable por la emisión de certificados médico falsos para la promoción del proceso de insania, seguido de internación psiquiátrica y toma de medicación contra la voluntad del paciente, lo que indicaría mala praxis.
Además, hubo instigación sobre Griselda Russo, por complicidad y emisión de certificados médicos falsos, lo que indicó una intervención de la Justicia Criminal en su momento.
“Sobre las denunciantes de insania, mis hijas, tendrían responsabilidad penal por la utilización de un certificado médico falso, y se solicitaría la investigación sobre la persona que las habría alentado según sus propios dichos, a cometer los ilícitos mencionados”, expresó Natalia Cohan.
Alejandro Molina, abogado y ex Asesor de Menores e Incapaces de Cámara, fue el encargado de patrocinar el proceso de insania contra Cohan en la querella.
“Con profundo dolor, después de haber soportado innumerables y dolorosos estudios, resuelvo poner en evidencia todas las irregularidades y vejaciones que realizaron contra mi persona. Y llego a la triste conclusión de que los móviles obedecen únicamente a intereses económicos. He recurrido a la justicia penal para denunciar todas estas violaciones a mis derechos. A pesar de gozar de un notorio perfecto estado de salud, tengo a mis espaldas un curador al que se facultó a censurar mis denuncias", disparó con tristeza Natalia.
La Dra. G. A. Carminatti, a cargo del Juzgado Nacional de Primera Instancia en lo Civil Nº 77, tuvo a cargo el proceso de insania y nulidad articulada. El cual en 2007 falló a favor de Natalia Cohan declarándola sana. (Mzol) * Esta nota fue eliminada de Mzol.
En Urgente24, el 7/10/2013, se publica una nota muy extensa con todos los detalles, que resulta sumamente interesante por la cantidad de datos que allí se dan. Ver a continuación...
Nota de Página 12
13/7/2006
SOCIEDAD › MASIVO APOYO A LA ARTISTA CON UN JUICIO POR INSANIA

Una mano para Natalia

Un Maipo repleto homenajeó a Natalia Kohen, una pintora y escritora de 88 años a quien sus hijas recluyeron contra su voluntad en un instituto neuropsiquátrico. La historia.

 Por Andrea Ferrari
Cuando, en el final del acto de homenaje a Natalia Kohen, China Zorrilla subió al escenario con un ramo de flores, probablemente muchos pensaron en Elsa y Fred, esa película que protagonizó donde a una pareja mayor se le daba por enamorarse y pasarla bien, para escándalo de la familia, que temía que dilapidaran sus bienes. La propia Zorrilla lo puso en palabras: “Si se filma tu historia –le dijo a Natalia– me gustaría hacer de vos”. No hay duda de que la historia de Kohen tiene aires de película. El acto que el martes por la noche llenó la platea del Teatro Maipo pretendía rendir homenaje a esta artista plástica y escritora de 88 años, viuda de un poderoso empresario, en momentos en que enfrenta un juicio por insania iniciado por sus hijas, proceso que la llevó a estar casi un mes encerrada en un neuropsiquiátrico con un cuestionado diagnóstico de demencia frontotemporal. “Aprovecho para decir que a esta altura de mi vida necesito que se haga justicia –dijo Kohen en el escenario–. Y que si llega cuando ya no estoy, ustedes me recuerden en este momento, en que soy muy feliz.”
El abundante y variado público fue un reflejo de su actividad en el mundo de la cultura. Estaban la secretaria de Cultura del gobierno porteño, Silvia Fajre, el director Hugo Urquijo, el actor Jorge Luz y el poeta Fernando Noy –quien compuso para la ocasión un acróstico, poema donde la inicial de cada verso formaba el nombre de Natalia–, y llegaron adhesiones de personajes como Sandro, Bergara Leumann, Pinky y el diputado Norberto La Porta. También había caras reconocidas del mundo científico, como el neurólogo Ramón Leiguarda, director de Fleni, justamente la institución adonde pertenecía hasta hace algunos meses el médico que hizo el diagnóstico que permitió la internación forzosa de Kohen.
El apoyo expresado en el acto es seguramente un reconocimiento del que ella misma prestó a muchos artistas cuando dirigía la Fundación Argentia. Profesora de Letras, había ejercido muchos años la docencia antes de dedicarse a la pintura, carrera que empezó visitando museos cuando viajaba con su marido, el industrial Mauricio Kohen, dueño de la farmacéutica Argentia y de una cuantiosa fortuna.
La vida de Natalia Kohen sufrió un quiebre en uno de esos viajes, cuando su marido tuvo un infarto y murió mientras dormía en un hotel de Madrid. A partir de entonces, su hija mayor, Nora, se hizo cargo de la empresa y ella siguió al frente de la fundación diez años más, hasta que la farmacéutica fue vendida. Para entonces ya había expuesto muchas veces sus pinturas y había escrito también varios libros. El cuento El hombre de la corbata roja, que fue luego convertido en ballet, le da título a uno de ellos.
–Esa historia empezó cuando fui a buscar un cuadro de Antonio Seguí para regalarle a mi hija menor –le contó a este diario en una larga conversación, días atrás–. Hubo uno que me llamó mucho la atención, donde uno de los hombrecitos que él dibuja corría con una corbata roja volando. El día en que compré el cuadro soñé que el hombre de la corbata roja me perseguía y me quería matar. Le escribí a Seguí una carta diciéndole: “Hacé algo para exorcizar a este personaje que vos creaste porque aparece en mis sueños”. Él, siguiendo el chiste, me mandó un grabado de dos gauchos enfrentándose con puñales: dijo que se preparaban para matar al hombre de la corbata roja. Después se me ocurrió escribir un cuento con esa historia y salió en el libro. Elio Marchi se lo leyó a Julio Bocca y lo adaptamos para el ballet que se dio en el Maipo.
Pero los gauchos de Seguí no llegaron a defenderla el día en que Natalia Kohen pidió auxilio porque unos hombres con guardapolvo blanco querían llevársela por la fuerza.

Hombres de blanco

Dice Kohen que con sus hijas siempre se había llevado bien, aunque “nunca estuvimos pegoteadas, cada una tenía su vida”. El punto de fricción se dio en 2005, cuando ella quiso aportar dinero a un proyecto dirigido por Clorindo Testa destinado a crear un centro cultural en el Paseo de la Infanta. Sus hijas manifestaron su desacuerdo.
–Mi hija mayor decía que otra gente me quería estafar y que yo no iba a tener ese dinero. Y entonces me enteré de que toda la fortuna estaba a nombre de ella, algo de que yo no sabía. Después de eso me empezaron a decir que me encontraban cambiada y querían que viera a algunos médicos. Primero fue un psiquiatra, que me encontró bien. No conformes, buscaron un neurólogo.
Al mismo tiempo, Natalia había decidido consultar a una abogada para discutir su situación.
–Esa abogada me dijo que si no tomaba una determinación rápida mis hijas me iban a encerrar. Yo me reí y dije “mis hijas jamás me van a hacer eso”.
Días más tarde, esperaba a una amiga para salir a pasear cuando se abrió la puerta.
–Entró Claudia, mi hija menor, con su llave, junto con su marido y seis enfermeros vestidos de blanco con una caja de inyectables y una silla de ruedas. Yo creí que me moría. Fue algo muy brutal. Mi hija estaba delante de mí, yo pidiéndole auxilio y ella sólo me miraba. Y mi yerno me gritaba “usted tiene que ir porque está muy enferma”. Los enfermeros se habrán dado cuenta de que no era una loca furiosa porque les pedí que me dejaran un ratito, que estaba muy nerviosa, y accedieron. Después me llevaron en una ambulancia a Ineba.
Por una curiosa vuelta del destino, Natalia Kohen ya había estado en esa clínica: allí había dictado un taller literario para los pacientes. De modo que sus propios libros estaban en la biblioteca. Ese día, recuerda, hacía frío.
–Mi llegada fue traumática. Me había puesto un saquito de piel, estaba bastante fresco. Me dejaron en un lugar sola, yo estaba terriblemente abatida y cansada. Escuchaba en otro cuarto las voces de mis hijas. Vino una enfermera, me dieron algo y se ve que me durmieron. A la mañana siguiente me desperté, todavía vestida con el saquito, en un dormitorio.
–¿Cómo fue su estadía allí?
–Era una vida bastante reglamentada, con horarios para levantarse, desayunar... Me medicaron como si estuviera enferma, pero yo estaba sana, de manera que me estaban idiotizando. Y uno convive con gente enferma. Había una muchacha de unos 35 años y una mentalidad de ocho que se pasaba llorando y pidiendo por la mamá, gente que gritaba de noche, una que se quería cortar las venas...
Fue ella misma quien empezó a moverse para conseguir dejar el lugar. Primero obtuvo –regalo de la visita de otra paciente– una tarjeta telefónica que le permitió hablar con algunos amigos. Luego les envió una carta, que también salió de la mano de una visita, sugiriéndoles estrategias para que el tema se hiciera público. Salió un artículo en este diario y tuvo repercusión en otros medios.
–Después de la nota me sacaron de Ineba, porque se vieron obligadas. Cuando salí se me trababa la lengua por la medicación. En mi casa colocaron redes en el balcón, sacaron los cuchillos y tijeras y me pusieron un acompañante terapéutico todo el tiempo.

La ira de Pick

Natalia vuelve a indignarse cuando habla del diagnóstico que permitió internarla en Ineba.
–Facundo Manes me endilgó una enfermedad que se llama enfermedad de Pick. Pero yo estaba sana. Me hizo internar en un neuropsiquiátrico y en sus declaraciones dijo que me hizo los estudios en Fleni, donde trabajaba antes, pero ahí ni siquiera tienen mi historia. Sólo usó los papeles de esa institución. Pero además, a una colega de él, la doctora Griselda Russo, le dijo que también me hiciera un diagnóstico y ella lo hizo, con unos términos muy científicos, sin haberme visto nunca. Yo no la conozco. Después admitió ante escribano que lo hizo para hacerle un favor al doctor Manes. Creo que todo esto tiene que servir para amparar a otra gente como yo, expuesta a estos médicos.
–¿Por qué cree que sus hijas tomaron esa actitud?
–Yo creo que ellas tenían miedo de que a mí se me ocurriera casarme. Habrán pensado que podía tener un marido que empezara a escarbar en los antecedentes, que viera cómo mi hija consiguió hacerse de las acciones de la empresa tras la muerte de mi marido.
–¿Y pensaba casarse?
–No –sonríe–, en ningún momento pensaría en volver a casarme. Yo viví con mi madre, que tenía un carácter fuerte. Después viví 38 años con mi marido, que también tenía un carácter fuerte. Y dije basta, no me caso más. Si he tenido algún compañero ha sido completamente libre.
Actualmente su abogada, Ana Rosenfeld, inició un proceso contra una de sus hijas por “simulación” en el traspaso de acciones de la empresa y otro para poder revocar la donación de cuadros que hizo Kohen a favor de ambas. También avanzaron en la demanda contra los médicos que permitieron su internación, juicio donde será representada por el penalista Ricardo Gil Lavedra. A ella le han hecho muchos estudios. Muchísimos, dice.
–Me estrujaron el cerebro. Me hicieron contar de atrás para adelante, dibujar... cincuenta mil tests. Salió todo bien, estoy bien. De modo que estoy esperando que la jueza me declare sana. Pero con el agregado de que dicen que tengo que tener un curador para que me controle. Yo quiero que mis bienes me sean devueltos.
Falta un buen trecho, sin embargo, hasta que Kohen pueda salir de ese laberinto de papeles y estudios en que ha quedado encerrada, ya que el juicio por insania está lejos de cerrarse (ver aparte). Por eso, el acto del Maipo fue una pequeña revancha donde recibió palabras afectivas, flores, aplausos de la platea de pie, un plato brillante con una inscripción y hasta una invitación de Jorge Luz a comer en ese mismo plato un guiso de lentejas. Que no dudó en aceptar. (Página 12)
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Cómo terminó la causa judicial contra el neurólogo de Cristina Kirchner