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jueves, 19 de mayo de 2022

Los lectores de La Ventana, dicen ...

 

BUENAS.
Gracias a la vida que me ha dado tanto... Hoy, en mi habitual llamada por WhatsApp a las 7 de la mañana tuve el hermoso privilegio de estar “presente” cuando los censaron a mis viejos y quiero compartir ese momento: les había llenado la cabeza por más de media hora con advertencias de “no abran la puerta si no tienen pechera”, “no digan el apellido”, “no contesten si…” “no…no…no” y todas esas cosas que se nos ocurren cuando los hijos empezamos a ser padres de nuestros padres, particularmente en esta amada Argentina tan abandonadamente peligrosa para todos y, en especial, para los más frágiles. Suena el timbre y era, efectivamente, una chica jovencita que venía a censarlos. Participé en silencio a 11.000 km de distancia de la ternura más inesperada e infinita. Por supuesto que ni repararon en la pechera, abrieron la puerta de par en par, ofrecieron café, dijeron nombre, apellido, número de documento sin que lo pidieran -pero lo dieron igual porque así «debe ser»- y contestaron todas y cada unas de las preguntas escuchando atentamente a las opciones. Cuando llegó la pregunta de “tipo de piso…cemento, blablabla”, mi mamá dice orgullosa, “piso de pinotea y cerámica italiana de Barugel y Azulay, señorita”. Cómo no quererla! La pinotea y la cerámica son muestras del orgullo heredado de sus propios padres, inmigrantes que se construyeron su primer casa laburando en la feria, sin dormir como serenos, limpiando casas, cuidando y educando a sus hijos. Juntos vivieron. Juntos siempre trabajaron. Juntos pusieron énfasis en la educación para poder ser «mejor» y progresar. Cualquier otra alternativa era inconcebible. Punto.
Volviendo al censo, demás está decir que la pregunta sobre el sexo y el género los desconcertó y aún más confundidos quedaron con la de si eran Afro descendientes o si se identificaban como miembros de pueblos originarios. No sabían cómo callarme cuando desde el celu gritaba, ”son gente honesta, no entienden de curros! Cobran una sola jubilación, no como la vicepresidente!”. Y me retaron, qué novedad. Con 55 años me siguen impartiendo modales como corresponde. Él con sus 89 años y ella con sus 87 pertenecen a esa generación respetuosa, ceremonial, íntegra y trabajadora a la que los delincuentes del gobierno de turno les robaron su fe en un futuro mejor para construir un mejor país. Qué deuda inmensa tenemos con nuestros viejos! Duele el pecho al saber que ese robo de futuro alcanza a sus hijos, nietos, bisnietos y, quizás, varias generaciones más. No se vayan del país. Es una trampa: hay que quererlo y defenderlo desde adentro. Se los digo yo que me fui hace 27 años y no existe un solo día en que no se me quiebre el corazón ni se me parta el alma cuando miro a mi querido país desde lejos. No dejemos que los immorales, oportunistas, rateros de poca monta y mediocres con poco amor a la Patria vuelvan a ganar la partida. Juntemos fuerza porque hay que barajar y dar de nuevo. Por mis viejos, por los hijos y por todos los hombres del mundo que quieran habitar el hermoso suelo Argentino para constituir la unión nacional, afianzar la justicia, consolidar la paz interior, promover el bienestar general, y asegurar los beneficios de la libertad para nosotros, para nuestra posteridad…así como lo aprendí de memoria en 4to. grado antes de la jura de la bandera cuando la educación era un tesoro inigualable. Sí esa bandera que tuve el orgullo de llevar como mejor promedio en la primaria, la secundaria y en la universidad pública. Ni más ni menos.
Escribí todo de golpe sin corregir entre paciente y paciente. Disculpas pero se me rompe el alma de ver tanto desamor por la Patria.

P.D.: para quienes critiquen que «me fui del país», sepan que volví 4 veces. No conseguí trabajo. Estoy «sobre-calificada». Hablame de nivelar hacia abajo y de mediocridad. Hablame del puñal del destierro. Hablame de que nadie es profeta en su tierra. Hablame, hablame…cuánta tristeza y bronca.
Un abrazo de corazón.

Marcela B.
Paquita del Barrio.