"Presidente, ¡abróchese el cuello!, ¡no tiene que usar el cuello de la camisa desabrochado! (le recriminaba), porque se le ve el cuello flaco, muuuy viejo y arrugado ¡Queda muuuy feo!". Palabras más, palabras menos y dichas en tono de asco sentencioso y reiterativo (no recuerdo si además, no usó la palabra colgajos para describirlo), se despachaba al aire la nonagenaria -en aquel programa en que la pareja presidencial estuvo invitada a su mesa- muy suelta de cuerpo ante un Macri absolutamente manso y una Juliana sorprendida y controlada, que reflejaba en su mirada todo lo que hubiera querido responderle pero su educación no se lo permitía. Recuerdo que ambos hicieron silencio...
El rechazo que me produjo aquel reto tan descolocado fue tan brutal, que desde ese día no la miré NUNCA MÁS.
Luego me enteré de que no fue la única vez que lo hizo. Durante varios programas más siguió criticando con sus invitados el "cuello viejo del presidente". Estaba obsesionada...
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Pero aquí la tenemos a ella, "la impoluta", mostrando los suyos (colgajos), para los cuales no le alcanza abrocharse el cuello ni colgarse todo el perlerío de la China, Vietnam y la Polinesia.

