Los argentinos - la mayoría - tenemos esa costumbre de no separar algún logro deportivo con la vida personal. Endiosamos gente horrible por una "alegría" deportiva. Somos selectivos.
Recuerdo cuando murió Monzón, cómo lo aplaudían. Yo en ese momento vivía en otro país y me enteraba de cosas que pasaban en un newsgroup que se llamaba soc.culture.argentina, donde un montón de argentinos desparramados por el mundo escribíamos y leíamos. Fue la primera vez que escribí, estaba indignadísima con los aplausos para con un asesino, y me hacía la misma pregunta: No se acuerdan que estaba en prisión por haber matado a su mujer? No recuerdan que se tiró (sabiendo como caer para minimizar su propia lesión) para armar su coartada? Recuerdo ser chica y escuchar una conversación de mi papá con alguien muy, muy cercano a Monzón preguntándole cómo se estaba portando, preocupado que se estuviera "distrayendo" con SG y restando energía para la pelea por venir y que la otra persona le dijera que la usaba de punching-ball.
Cerraba lo que había escrito preguntándome por qué no endiosábamos a Leloir o Favaloro, en vez de un asesino.
Hoy, con todo lo que avanzamos como sociedad, pregunto lo mismo. 26 años después, aplaudimos y algunos buscan excusas: "bueno, la droga", "ahh, pero el Diego era así, no lo hacía a propósito", "tampoco tanto, que para Cuba era mayor de edad", "imposible lo que dice esta chica, el Diego, el gol a los ingleses y el barrilete cósmico". Y no creo que es porque sea del mismo partido político, influye, pero no es todo. Es justamente por las "alegrías"
Y vemos, nuevamente, la farsa del "Yo te creo, hermana". Porque los ídolos no se tocan.
Aunque hayan sido una mierda.
Kaya.-
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domingo, 21 de noviembre de 2021
Los lectores de La Ventana dicen...
Kaya.-20 de noviembre de 2021, 7:10
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