jueves, 18 de junio de 2026

“Nunca había llorado tanto”: el viaje del hombre que nació en Recoleta, vivió en comunidades del norte y formó una familia inesperada

 

Diego Bustamante tiene 43 años y vive en Gualeguay, Entre Ríos, donde se instaló hace siete años para vivir con Willy, Pato, Mario, Maxi, Juana, Juancito y Ariel: siete hermanos que habían quedado desamparados en medio del monte en Santiago del Estero. En un capítulo más de Voces, la comodidad que lo incomodaba y la vida que eligió vivir: “Mis grandes maestros fueron la gente en situación de pobreza, ellos me salvaron”

Diego Bustamante nació en Recoleta, fue al colegio Champagnat, tiene seis hermanos. Cursó carreras de agronomía primero, después comunicación social. Quiso ser cura. Hasta que en algún momento se empezó a dedicar al teatro: estudió con Julio Chávez primero, después con Cristina Banegas. Salió en televisión. Emigró a México, trabajó en la Televisión Azteca, hizo comerciales. Pero no era su camino. Era una válvula de escape para oxigenarse, un proceso de autoconocimiento. No encontraba ahí lo que hallaba en otro lugar, en otro yo, fuera del foco, fuera de la burbuja de su entorno, un espacio que le devolvía una felicidad que no podía ignorar. Y empezó a darle validez, tiempo y cuerpo a ese llamado interno.

Había descubierto con la fuerza de una epifanía que él vivía una vida que no se vivía en la otra Argentina. “En realidad lo que a mí me gustaba era el encuentro con la gente en situaciones límites de la vida. Yo me enamoré de la vida por encontrarme con la señora que duerme en la calle, por hablar con la prostituta que viene de Ecuador y está viviendo en Once en una pensión de mala muerte que es destratada y maltratada”, define. Era un adolescente buscándole un sentido a la vida en Pontevedra, en Moreno, en el norte argentino. Donde no sólo se encontró con un propósito, sino con sus propias sombras, con su propio pasado, con una madre que murió cuando solo tenía seis meses, con una infancia en soledad rodeado de hermanos.

Tenía 36 años su mamá cuando falleció. Tenía 36 años él cuando adoptó a siete hermanos que se llevó a vivir, no a la burbuja de Recoleta, sino a Gualeguay, Entre Ríos. Allí se conjugan el cómo, el por qué, su incomodidad ante el halago, su don y su voluntad para mirarle a los ojos a la realidad, y su obra: Pata Pila, una organización sin fines de lucro que trabaja en Salta, Chaco, Entre Ríos, Buenos Aires y Mendoza para mejorar la calidad de vida de las comunidades originarias.

Para contar el final, es menester indagar en los cimientos. Su hoy, a los 43 años, lo pone en Gualeguay, como el tutor legal de siete hermanos, con un asociación civil en la que trabajan noventa personas, que asiste a ochenta comunidades y que cuenta con 3.500 personas que colaboran. Su ayer lo cita en una familia pudiente de Recoleta: un espejismo.


Diego Bustamante tenía 6 meses cuando su mamá murió.


"Yo vivía roto", recuerda Diego Bustamante sobre su adolescencia y la búsqueda de un sentido.


Diego Bustamante empezó a realizar trabajo social en el norte argentino, se instaló durante años con comunidades y empezó a pensar un proyecto con mayor alcance.


Diego Bustamante: "Mis grandes maestros fueron la gente en situación de pobreza. Ellos me salvaron la vida"


Diego Bustamante: "Quería construir un proyecto que arrime a la gente de las comunidades a las soluciones: acercar"


"Tenés que llorar. Si vos no procesás el llanto y la angustia te quedás bloqueado o con impotencia", recuerda Diego sobre los momentos más duros en los que le tocó acompañar la muerte de niños.


En 2019 adoptó a siete hermanos que hoy viven con él y siguen sus estudios.


"Me llenaba la vida de preguntas y de deseos", recuerda Diego sobre el momento en el que decidió adoptar a los siete hermanos.


Diego Bustamante: "Que me duelan tanto los niños tiene que ver con que me sentí un niño solo en la vida"


Diego Bustamante, fundador de Pata Pila, con Tatiana Schapiro en Infobae.

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1 comentario:

  1. Que lindo mensaje: intentar sanar un dolor personal ayudando a otros. Cuántas veces nos encerramos en nosotros mismos y no es por ahí.

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