Diego Bustamante tiene 43 años y vive en Gualeguay, Entre Ríos, donde se instaló hace siete años para vivir con Willy, Pato, Mario, Maxi, Juana, Juancito y Ariel: siete hermanos que habían quedado desamparados en medio del monte en Santiago del Estero. En un capítulo más de Voces, la comodidad que lo incomodaba y la vida que eligió vivir: “Mis grandes maestros fueron la gente en situación de pobreza, ellos me salvaron”
Había descubierto con la fuerza de una epifanía que él vivía una vida que no se vivía en la otra Argentina. “En realidad lo que a mí me gustaba era el encuentro con la gente en situaciones límites de la vida. Yo me enamoré de la vida por encontrarme con la señora que duerme en la calle, por hablar con la prostituta que viene de Ecuador y está viviendo en Once en una pensión de mala muerte que es destratada y maltratada”, define. Era un adolescente buscándole un sentido a la vida en Pontevedra, en Moreno, en el norte argentino. Donde no sólo se encontró con un propósito, sino con sus propias sombras, con su propio pasado, con una madre que murió cuando solo tenía seis meses, con una infancia en soledad rodeado de hermanos.
Tenía 36 años su mamá cuando falleció. Tenía 36 años él cuando adoptó a siete hermanos que se llevó a vivir, no a la burbuja de Recoleta, sino a Gualeguay, Entre Ríos. Allí se conjugan el cómo, el por qué, su incomodidad ante el halago, su don y su voluntad para mirarle a los ojos a la realidad, y su obra: Pata Pila, una organización sin fines de lucro que trabaja en Salta, Chaco, Entre Ríos, Buenos Aires y Mendoza para mejorar la calidad de vida de las comunidades originarias.
Para contar el final, es menester indagar en los cimientos. Su hoy, a los 43 años, lo pone en Gualeguay, como el tutor legal de siete hermanos, con un asociación civil en la que trabajan noventa personas, que asiste a ochenta comunidades y que cuenta con 3.500 personas que colaboran. Su ayer lo cita en una familia pudiente de Recoleta: un espejismo.










Que lindo mensaje: intentar sanar un dolor personal ayudando a otros. Cuántas veces nos encerramos en nosotros mismos y no es por ahí.
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