

La ANSES oficializó los nuevos valores de las jubilaciones a través de la resolución 38/2026 y el Decreto 109/2026. Son los haberes correspondientes a enero, pero se cobran ahora en febrero.
Con el ajuste por inflación del 2,9% que informó el INDEC a través del IPC, la jubilación mínima quedó en $369.600. Si se suma el bono de $70.000 —que está congelado desde marzo de 2024— el total llega a $439.600. El problema es que ni así alcanza.
La Canasta Básica Total (CBT) de enero fue de $440.226, con una suba mensual del 3,9%. Es decir: ni siquiera con el bono la jubilación mínima logra cubrir la línea de pobreza.
Hasta hace apenas un mes, el plus extraordinario era lo único que evitaba que el haber mínimo quedara por debajo de esa línea. Ahora, ni eso.
Hoy el sistema previsional argentino —el Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA)— tiene unos 10,9 millones de aportantes activos y paga alrededor de 6,2 millones de beneficios. Y una parte importante de esos jubilados está, en términos estadísticos, bajo la línea de pobreza.
Hay otro dato clave: la CBT del INDEC no refleja todos los gastos reales de un adulto mayor. Medicamentos, cuidados médicos, servicios específicos… muchos consumos típicos de la tercera edad no están plenamente contemplados.
De hecho, la dificultad para avanzar en una nueva fórmula de medición terminó con la renuncia de Marco Lavagna al frente del organismo.
Si en lugar de la CBT tradicional se toma la canasta que elabora la Defensoría de la Tercera Edad de la Ciudad de Buenos Aires, el panorama es todavía más crudo.
En octubre de 2025 esa canasta llegó a $1.514.074. Si se actualiza con la inflación de los meses siguientes (2,3% en octubre, 2,5% en noviembre, 2,8% en diciembre y 2,9% en enero), hoy estaría en torno a $1.679.404.
Traducido: hacen falta cuatro jubilaciones mínimas y media para cubrir una canasta básica de adulto mayor. La actual movilidad previsional fue establecida por el Decreto 274/2024 y ajusta los haberes únicamente según la inflación pasada.
En teoría, eso evita que la jubilación siga perdiendo frente al IPC. En la práctica, empata hacia abajo: acompaña la inflación, pero no recompone lo que ya se perdió.
Si las jubilaciones mínimas hubieran seguido la inflación acumulada desde 2016 hasta diciembre de 2025, hoy rondarían los $736.389, un 125% más altas. En nueve años, los jubilados de la mínima perdieron casi una jubilación entera en poder de compra frente al aumento general de precios.
Y aun así, incluso con esa hipotética recomposición, el ingreso seguiría por debajo de la canasta real de la tercera edad. Hace diez años, una jubilación mínima alcanzaba para cubrir casi dos Canastas Básicas Totales del INDEC. Hoy, apenas llega al valor de una sola.
En un país con inflación crónica, los jubilados siempre terminan perdiendo. Si los precios se disparan, los haberes quedan atrás. Pero ahora aparece otro fenómeno: también pierden cuando la inflación baja, porque el mecanismo de actualización siempre corre desde atrás en una economía que además está en recesión.
La devaluación del 118% de diciembre de 2023 pegó de lleno en los ingresos previsionales: en los primeros cuatro meses de 2024 se registró una caída cercana al 40% en términos reales.
Sin una discusión política profunda sobre cómo complementar la fórmula actual con una recomposición real de los ingresos, millones de jubilados seguirán moviéndose en el límite.
Hoy la mínima, con bono incluido, queda apenas por debajo de la línea de pobreza estadística. Pero si se mide contra el costo real de vida de un adulto mayor, la brecha es mucho mayor. Y esa es la cuenta que, mes a mes, no cierra.

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