sábado, 11 de diciembre de 2021

Ayer... La plaza que Máximo no reventó

 

Cristina arremete contra el Fondo y Fernández le pide que no tenga miedo. La interna en el Gobierno continúa.


De democracia, la plaza tuvo sólo el nombre. Si algo no fue, fue justamente democrática. La democracia es de todos, no tiene dueño, es una propiedad colectiva. Pero ayer no la ocupó más que el camporismo y algún aliado, convocados para arrinconar a Alberto Fernández.

Una contraplaza de la que había organizado la CGT el 17 de noviembre con la ilusión de colocar a Fernández como jefe del peronismo. Ese día La Cámpora hizo como que fue, llegando tarde. Esta vez la CGT no fue directamente. Todas señales más que claras.

Fue también otra plaza para festejar derrotas como victorias, el triunfo electoral que no fue. Y con la excusa de una fiesta de la democracia, hacer todo el barullo que se pudiera hacer de modo que el derrape de esta mitad de gobierno pasara, en lo posible, a un segundo plano.

La dictadura fue demasiado trágica como para usarla en la interna peronista. Treinta y ocho años después aún resulta escalofriante recordarla. Los militares extendieron el terrorismo y convirtieron al Estado en una máquina de torturar y de matar. La democracia que no es de todos ¿es democracia? Lo mismo, los derechos humanos. Cansa esta reincidencia tramposa. El drama de un senador que renuncia, Esteban Bullrich, vino a instalarse como contracara de la frivolidad que sigue mandando en buena parte de la política.

Una astucia mayor del kirchnerismo fue apropiarse de la bandera de los derechos humanos. De una historia compleja y contradictoria que no admite una lectura lineal, eligieron la parte que más rédito político les da. O que les supo dar. Borrar la memoria y argumentar que recuperan la memoria. Encontraron en la manipulación de los derechos humanos combustible político, y cooptaron a los organismos, como se volvió a ver.

Si hay algo impiadoso son los archivos: guardan lo que se dice y lo que no se dice, desnudan macaneos. No hay registro de la militancia de los Kirchner por los derechos humanos. Ni siquiera un habeas corpus. A pesar de eso, cuando llegaron al poder tomaron la causa como propia y la convirtieron en su patrimonio casi exclusivo.

Cosas parecidas montaron para colarse en el progresismo latinoamericano. Llevaron al acto al Pepe Mujica y a Lula, que llega a la Argentina con 76 años y llamándose a sí mismo una metamorfosis ambulante. Esa chapa bien podría prestársela a Fernández, que juega a ser progresista y soltó que hablaba y se ocupaba de Milagro Sala cuando según Milagro Sala ni habló con ella ni se ocupó nunca de ella.

Fernández habla de más. También Máximo, que no reventó la plaza como había prometido. Pero hizo lo mismo que el kirchnerismo con la derrota-triunfo en la elección. Dijo: “Hemos reventado la plaza”.

Festejaron de verdad los jefes de la CGT, que según la policía juntaron en noviembre más de 60.000 contra los 20.000 de ayer de La Cámpora. Cristina aprovechó para arremeter contra el Fondo, cosa que le sale gratis ¿Y quién va a pagar el costo? Fernández, que para eso tiene la lapicera y decide. Le dijo: “No tengas miedo, Cristina”. Le faltó decir, como Menem: no te voy a defraudar. (Clarín)

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