Número equivocado
Todos los martes a las 3:00 p. m., mi madre marcaba el mismo número equivocado.
—Hola, soy Elena. ¿Está Thomas?
—No hay ningún Thomas aquí, señora.
—Ah… disculpe la molestia.
Y entonces hablaban. Doce minutos.
Sobre el clima, un libro que ella había leído, cómo estallaban las flores en primavera.
Así durante más de seis años. Cada semana. A la misma hora.
Yo pensaba que era olvido, confusión de memoria… hasta que un día le pregunté con la voz más suave que pude:
—Mamá, ese no es el número de Thomas. Llevas años marcándolo. ¿Por qué lo sigues haciendo?
Y ella lo dijo con completa naturalidad:
—Porque alguien contesta.
Se llamaba Beatrice. Tenía ochenta y cinco años y vivía sola. La primera vez que mamá marcó ese número fue por error de verdad, y Beatrice le susurró:
—Si quiere… puede volver a llamar. Nadie me llama nunca.
Y mi madre volvió a llamar. El martes siguiente.
Y al siguiente.
Y así durante años.
Jamás se vieron.
Jamás se intercambiaron fotos.
Solo voces.
Doce minutos exactos cada semana.
Nadie más sabía de ese ritual disfrazado de equivocación.
—¿Por qué finges que te equivocas? —le pregunté una vez.
—Porque pedir ayuda duele —dijo—. Pero aceptar un número equivocado… es fácil.
Hasta que un martes, mamá no pudo llamar.
Fue un derrame cerebral. Rápido. Silencioso.
Tenía ochenta y cinco años.
Y se fue.
El siguiente martes a las 3:00 p. m. hubo silencio.
Entonces tomé el teléfono y marqué:
—Hola. Soy Claire. La hija de Elena. Creo que esperaba su llamada hoy.
Largo silencio al otro lado. Luego, un susurro:
—Se ha ido, ¿verdad?
—Sí. Lo siento muchísimo.
Beatrice dejó escapar un llanto suave.
Y me confesó algo que nunca olvidaré:
—Tu madre me salvó. Cuatro veces. Cuatro martes distintos en los que ya no quería seguir. Y justo cuando estaba por rendirme… sonaba su voz.
Desde entonces, todos los martes a las 3:00 p. m. la llamo yo.
—Hola, soy Claire. ¿Está Thomas?
—No hay Thomas, querida. Pero estoy aquí.
A veces la llamada más importante no es para la persona que esperas…
es para quien necesitaba que alguien respondiera.


Nudo en la garganta...Ojalá fuera real. La gente ya no es así, quizas la gente mayor. Pero los millenials no. Por eso tantos se pegan un corchazo.Ya no hay empatía, ya no hay eso de abrirse a los demás.
ResponderEliminar8:45. Son vidente ,que sabes tanto de otros. Si no te gusta algo por lógica , cualquier persona responde .No es cuestión de edad. Victimizarse ?????
Eliminar9.04 Sos el ejemplo perfecto de lo enferma que está la sociedad. Estas tan sola que buscas atención e interacción, y como no sabes pedirlo buscas conflicto ( interacción negativa). Anda a joder a otro Mabel. Saludos
EliminarNo es la única q necesita atención acá y ni hablar de figurar!!¡¡!!!
EliminarHermoso el relato. Se perdieron tantas cosas Valores , ppcios. Respeto, empatia, compasión.....
Ahhh pero se hacen los buenitos con algunas notas!
1013👍👍👍
EliminarAdhiero a tu comentario!.
EliminarLa BONDAD también COTIZA.
ResponderEliminarEva
Que no solo sea un día, que sea por siempre
ResponderEliminarhttps://www.facebook.com/photo/?fbid=1294591212701574&set=a.457039579790079
30 DE ENERO
DIA DE LA PAZ Y NO VIOLENCIA
Cada 30 de enero se conmemora en los centros educativos una cultura de no violencia y paz, a la vez que se celebra el aniversario de la muerte de Mahatma Gandhi (India, 1869-1948), líder pacifista que defendió y promovió la no violencia y la resistencia pacífica frente a la injusticia, asesinado por defender estas ideas.
30 de enero día de la 🥐🥐!!!
ResponderEliminar¡Hermosa historia!.Transmite ternura,empatía…interés por el otro… Adriana de La Pampa.
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